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jueves, 26 mayo, 2022
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Como en las mejores familias

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Por: ALBERTO HUERTA* •

La Gualdra 271 / Río de palabras

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Dicen que en todos los pueblos hay un poeta, un loco, un borracho y un músico. En casa, el poeta era mi tío Felipe, el tío Pipis, que a toda hora escribía versos de amor y desesperanza, por supuesto. Nunca en su corta vida, no pasó de los treinta, trabajó. Murió soltero de congestión alcohólica. En él estaban representados el poeta y el borracho. La loca era mi hermana Yola, a la que le patinaba el coco. Estaba toda desnivelada. Ella juraba y aseveraba, que una nave alienígena la secuestró. En aquel viaje intergaláctico se apareó y tuvo tres hijos varones. Que vivió allá, lejísimos, veinte años. Fue regresada a su hogar. Acá se desapareció quince minutos. Nunca volvió a ver a sus hijos, aunque dice que con relativa frecuencia los sueña. El músico es papá. El Bizco Panho. Que toca las maracas en un trío que toca boleros en bares, cantinas, fondas, plazas y congales. También llevan serenatas, mañanitas y gallos. ¿Yo? La Pingüica, soy metiche… que anda siempre metiendo la nariz donde no la llaman. Siempre atenta… No, no, no soy chismosa… ¡M-e-t-i-ch-e! Procurona. No, la chismosa es la abuela Josefa, chirinolera y revoltosa. Mi otra abuela, Teresa, un pan de Dios. Siempre rezandera de larguísimos rosarios y fumadora de cigarros Carmencitas… No, la otra loca, es mi prima Florecita, Flor, La Calientacatres. Se ha casado tres veces. Del primero, el telegrafista, enviudó. El segundo se le fue con la doméstica. El tercero le pidió el divorcio después de encontrarla en la cama, encuerada y bien trenzada con un fulano, un agente viajero. En la familia también hubo otro bien priva, el tío Polo, de oficio carpintero. Siempre anduvo en el agua. Se suicidó en la carpintería. Se colgó de la viga maestra con el cable de la luz eléctrica. En la familia, como en todas, también se cuecen habas. Hay prófugos de la justicia, como el primo Elías. Pervertidos como el tío Pepe que correteaba y toqueteaba niñas en los parques. El abuelo Serafín: un vago sin oficio ni beneficio. Mi hermano Luis en cuanto se tituló de ingeniero agrónomo… pies para que los quiero: desapareció. En la familia, como en todas las familias, hay de todo. Eso sí, no nos podemos quejar. Mi mamá organiza tandas, vende un montón de chunches por catálogo y a todo mundo le debe algo: una lana, huevos, azúcar, café, manteca; bueno, una vez le fueron a cobrar media docena de pantaletas. Mi hermana Tencha es adivinadora de cartas. Lee la mano, cura el mal de ojo y es experta en amarres y limpias. Es la que más gana. Mi hermano Bonifacio, El Boni, es profesor en una escuela primaria. Sus alumnos le dicen El Pachuli. Todas las tardes le quema las patas a Cuauhtémoc y se chupa más de tres caguamas hasta que al filo de la media declama El nocturno a Rosario o La suave patria. Ya bien arreglado. Pachecote. Bien trovo. Como en todas las familias, me cae que sí… Cómo no. ¡A huevoooo!

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-271

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