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El ethos en el origen del corrido: memoria popular en un país injusto

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Por: MARCO ANTONIO TORRES INGUANZO •

La memoria popular permanece cantada y en palabras acopladas en ritmos fijos a través del corrido. La memoria expresa también el ethos del momento. Llama mi atención un rasgo dentro del debate en torno al origen del corrido: todos afirman que tiene sus más lejanos antecedentes en el romance español; pero del inicio efectivo como tal, hay diversas versiones, si atendemos a la obra del maestro Cuauhtémoc Esparza, creeremos que el corrido inicia en el contexto de la independencia, y por ello rescata las Mañanas de Hidalgo; pero si vamos a la obra de Vicente T. Mendoza, el inicio propiamente dicho se traslada un poco más tarde, a las narraciones cantadas de bandoleros sociales de finales del siglo XIX, aunque puede rescatar algunos gavilleros del segundo imperio. Esta versión me parece muy sugerente: desde su origen el corrido canta a personajes que son enemigos de la autoridad, fuera de la ley, pero que son ensalzados porque se comportan como Robín Hood, que le quitan la riqueza al rico para darla a los pobres.

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En estas narraciones se destaca Heraclio Bernal, salteador de diligencias en los caminos del norte, fundamentalmente en su tierra natal, Sinaloa. Personaje (que al igual que el héroe medieval de Nottingham), venía de una familia acomodada. Estudió en el seminario y trabajó en puesto de confianza en una empresa minera. Sin embargo, el destino es sorprendente, a raíz de sufrir una serie de injusticias cae en la cárcel donde conoce a un socialista que lo hace leer y caer en la cuenta en lo que será el motivo de su leyenda: todas las riquezas son producto del robo. Por tanto, es un acto de justicia robar al ladrón, para regresar lo robado. Esto es, los asaltos de Heraclio son actos ilegales de justicia. Es lo que fascina al pueblo que lo declara su héroe. Sus motivos justicieros provocaron que se revelara contra el gobierno de Porfirio mucho antes del movimiento maderista contra la reelección, en compañía del general García de la Cadena. Y como toda historia saturada de halo romántico, su muerte es causada indirectamente por una mujer, la amante de su compadre, y en manos de la acordada. No es gratuito que este personaje se convirtiera en la inspiración de Pancho Villa, que también inicia su carrera revolucionaria como bandido social.

Otro ejemplo del tipo es Chucho el Roto (el elegante), de historia también trágica. Y Macario Romero, que no era propiamente salteador, pero permite que se identifique a los guerrilleros como bandoleros, por el parecido de la táctica guerrillera de golpear-huir-esconderse-y volver a golpear, que es idéntica entre los bandidos sociales y guerrilleros. Macario actúa en la intervención francesa, y acaba también muerto por el amor de “una chata” que era hija de un rico hacendado. Este cuadro es paradigmático: el bandido justiciero, de origen acomodado, aventurero, enamorado de una aristócrata y muerto en un trance trágico.

Con este origen se desarrolla luego el conocido corrido de la revolución y el cristero. Porque una vez terminado el movimiento armado, el corrido que parecía desaparecer, cambia a rasgos más novelescos (tipo Rosita Alvirez) o de tragedias naturales. Sin embargo, quedó grabado en el psiquismo colectivo el ideal de justicia por vía de una heroica distribución de la riqueza. El villano de los corridos son los gobiernos cómplices del injusto reparto de la patrimonio. Sin embargo, el imaginario que desvela el origen del corrido le da un lugar esencial al personaje que va a sustituir al bandolero justiciero en las arenas políticas: el caudillo; en él se depositan las esperanzas del reparto justo. Esta ética de la igualdad social está sentada en una creencia histórica: la teología de la promesa, que funda la espera esperanzada de un reino de justicia. La pregunta es, ¿qué tanto existe o es efectivo ahora mismo ese ethos manifestado en el origen del corrido en la sociedad mexicana (de hoy)? Una sociedad que reclama desde su más profundo inconsciente la venida de la justicia distributiva.

Lo cierto es que a través del corrido ya no es posible saberlo. Ahora el corrido ya no tiene las dimensiones de su origen, ahora se ha instrumentado por políticos y narcos, que mandan a hacer sus corridos para ensalzar sus dones, los cuales ya no son parte de una dinámica espontanea del pueblo, sino un pedido específico. Eso lo tendremos que saber de otra manera, porque la realidad social actual del país es muy otra de aquella de finales del siglo XIX, aunque la situación de injusticia por excesiva desigualdad es de la misma magnitud. ¿Creemos que la riqueza y la excesiva desigualdad es producto de un robo, o creemos que es efecto de los grandes dones de los ricos o de los mecanismos autónomos de la economía? ■

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