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jueves, 26 mayo, 2022
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Sobre la guerra en estos días

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Por: JÁNEA ESTRADA LAZARÍN •

Editorial gualdreño 515

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En el sentido estricto del término, la guerra es una pugna, una lucha entre bandos, una serie de ataques sin intermisión, una hostilidad declarada con graves repercusiones sociales y culturales. Nuestra historia está llena de episodios bélicos que en mayor o menor medida tenemos memorizados porque hasta en los libros de texto aparecen para recordarnos que nuestro presente es la consecuencia de una serie de confrontaciones, desavenencias y acuerdos posteriores a los conflictos suscitados. El tiempo le dará nombre a lo que vivimos ahora, mientras tanto, en nuestra tierra se generan cada vez más víctimas como parte de una serie de violencias que parece, de momento, incontrolable.

“Alarga la llama el odio / y el amor cierra las puertas. / Voces como lanzas vibran, / voces como bayonetas. / Bocas como puños vienen, / puños como cascos llegan. / Pechos como muros roncos, / piernas como patas recias. / El corazón se revuelve, / se atorbellina, revienta. / Arroja contra los ojos / súbitas espumas negras”, escribió el poeta español Miguel Hernández en su Cancionero y romancero de ausencia (1938-1941) a propósito de la guerra, y en estos días, volver a leerle, nos recuerda que las “espumas negras” de las que hablaba vuelven a arrojarse y el corazón vuelve a reventar de tristeza ante lo que estamos viviendo.

¿Será que la historia es cíclica? Me pregunto una y otra vez cuando vuelvo a ver las obras que hizo Francisco Goitia cuando a su regreso de Europa decidió acompañar a las tropas de Pancho Villa, durante la Revolución, para pintar lo que veía en el campo de batalla. Los cuerpos de víctimas colgando de los árboles que dejó plasmados en lienzos y papeles siguen estando ahí para que no olvidemos las atrocidades que los seres humanos hemos sido capaces de perpetrar desde siempre. 

Además de Goitia, otros artistas registraron también los desastres de la guerra, Francisco de Goya, entre muchos otros grabados, tiene uno que bien podría describir -a propósito del poema de Hernández- cuando “el corazón se revuelve, se atorbellina, revienta”, se trata de Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer, en donde aparece un hombre en medio de la oscuridad y de rodillas parece pedir misericordia; con los brazos extendidos, muestra las palmas de sus manos abiertas, mira hacia arriba con el gesto atroz de quien ha presenciado la muerte y sus turbulencias. Esta obra de Goya es de las primeras décadas del siglo XIX en España; alrededor de 100 años después, Goitia registraría lo acontecido en México también; lo que vemos ahora, en esta proliferación sin control de imágenes en las redes, es de un dolor indescriptible.

La muerte y el dolor parecen trivializarse constantemente en un espectáculo macabro. No solo se revictimiza a los que sufren, se les niega el derecho a procesar en la intimidad el dolor de su pérdida; el duelo no se respeta, el derecho a la dignidad humana, en la búsqueda encarnizada de likes, pasa a segundo plano -el que no vende y por lo tanto no importa-. Qué tristeza. Un poco de autorregulación -que no es lo mismo que censura- nos vendría bien a todos.

Por supuesto que hay que generar testimonios, indiscutible es que se debe hablar, escribir, estudiar y registrar lo que en esta época está aconteciendo, pero para todo hay formas. Leía en días pasados la opinión de una ex diputada que decía que ahora sí es momento de “hacer lo que nos corresponde”. ¿Ahora sí?, le pregunto. ¿Cuándo no? Vuelvo a preguntar. Nuestro tiempo en este mundo debería estar enfocado solo a eso; independientemente de los momentos políticos, lo primero siempre debería de ser asumir nuestra responsabilidad. ¿Cuál es nuestra responsabilidad? Ser congruentes. Empáticos. Solidarios. Productivos.

Porque, como decía también Miguel Hernández, “¿Qué quiere el viento de encono / que baja por el barranco / y violenta las ventanas / mientras te visto de abrazos? / Derribarnos, arrastrarnos. / Derribadas, arrastradas, / las dos sangres se alejaron. ¿Qué sigue queriendo el viento cada vez más enconado? / Separarnos”, y ese viento de encono está cada vez más cerca, no dejemos que nos gane. Paz para todos.

Jánea Estrada Lazarín

[email protected]

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-515

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