La austeridad fiscal ha provocado daño estructural en la economía

La austeridad fiscal ha provocado daño estructural en la economía

A pesar de que el Secretario de Hacienda declaró en su comparecencia en la Cámara de Diputados, que “la pandemia no provocó daño estructural a la economía”, ello no es así, debido a que la falta de apoyo de la política fiscal a las empresas en el 2020, llevó al cierre de alrededor de un millón de empresas, por la cerrazón del gobierno de no apoyar a las empresas para no caer en déficit fiscal y en mayor deuda. A ello se suma la fuerte caída de la inversión fija bruta de 18.3% en el 2020, donde la inversión pública cayó 7.8% y la inversión privada se contrajo en 19.9%. Ello ha disminuido la capacidad productiva y por ende el crecimiento potencial de la economía y su capacidad de generar riqueza y empleos formales bien remunerados, como de aumentar salarios. Ello se manifiesta entre otras cosas en que en los primeros siete meses del 2021, la producción nacional de granos y oleaginosas, solo cubre el 52.6 % de la demanda interna, lo que ha incrementado las importaciones. (datos del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas).

La posición neoliberal del gobierno de mantener a toda costa la llamada disciplina fiscal para contribuir a la estabilidad del tipo de cambio y ser bien vistos por las calificadoras internacionales, ha sido a costa no solo de la fuerte caída de la actividad económica de 8.3% del PIB en el 2020, y el alto desempleo y la mayor miseria, a pesar de los programas sociales, sino que ha pasado a comprometer el crecimiento futuro, por la menor capacidad productiva.

La economía nacional no enfrenta motor de crecimiento alguno, ni hacia el mercado externo, ni hacia el mercado interno. Quien gana con las exportaciones son las empresas transnacionales y su dinámica no irradia hacia el resto de la economía, dado el alto coeficiente de importaciones con el que trabajan. Además, ante la posición del Presidente Biden de que se consuma lo que se produce en su país, aunado a la posición de muchas economías y empresas transnacionales de que preferirán el abasto interno, para protegerse de eventuales pandemias, las exportaciones no volverán a crecer como antes.

A pesar de que el mercado interno es el más importante, la política de austeridad fiscal, aunado a las altas tasas de desempleo, el aumento de la miseria, la caída del consumo e inversión privada, contraen la demanda y las oportunidades para que crezca la inversión, la producción y el empleo.

El supuesto fortalecimiento a la infraestructura, no ha tenido impacto sobre la dinámica económica. Se ha concentrado en proyectos que no tienen efectos multiplicadores sobre el resto de la economía. El tren Maya, empezará a dar frutos cuando se elimine la pandemia y el desempleo mundial, y además, se favorecerán los hoteles internacionales de dicha zona, que traen todos sus utensilios de su país de origen. El tren del Istmo, encaminado a promover entrada de empresas transnacionales para exportar, tampoco impulsará la dinámica económica, pues por un lado, dichas empresas no consumen insumos nacionales y por otro lado, se sigue apostando a una estrategia de crecimiento de exportaciones, que hasta la propia China, que creció por varias décadas en torno a ello, la ha dejado de lado y su motor de crecimiento ha pasado a ser el mercado interno desde el 2010. 

Lo anterior cuestiona el ‘realismo’ de la perspectiva de crecimiento para el próximo año, de 4.1 por ciento del PIB por parte de Hacienda.

El secretario de Hacienda señaló que no esperan “una prolongación de un periodo flojo de crecimiento”, debido a que la caída del 2020, “no fue producto de burbujas ni de grandes desequilibrios a escala mundial que pudieran explicar la continuidad de la crisis”. Pero lo que hay que mencionar es que la salida a la crisis está siendo diferenciada, entre las economías que están incrementando el gasto público en forma significativa y están trabajando con tasas de interés cercana a cero o negativa y en cambio en México predomina la austeridad fiscal y altas tasas de interés, que más que permitan salir de la crisis, la prolongan, debido a que atentan sobre el crecimiento de la inversión, del empleo, del consumo, de la producción. 

La preocupación de Hacienda de que “las principales variables económicas estén alineadas y sean bien recibidas por los mercados”, evidencia que se gobierna para ellos y no para responder a los propósitos nacionales, de generación de empleo formal bien remunerado, de desarrollo agrícola y manufacturero, que nos lleve a un crecimiento sostenido y menos dependiente de la entrada de capitales y de los mercados financieros internacionales.

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