Nueva normalidad en la política

Nueva normalidad en la política

Es la primera semana de abril del 2021y todo parece indicar que, salvo el rumbo que ha marcado la nueva normalidad nada ha cambiado. Hace cinco años que comenzó esta columna y entonces, nada se movía, puesto que eran período de elecciones para el relevo de la silla del gobierno del estado y sin entrar en detalles analíticos sobre la situación en el estado, la gente no se veía muy entusiasmada por elegir a quien tomara la estafeta. Ante la creciente y evidente estatura política del partido que luego llevó a la presidencia al actual presidente de la República Mexicana, se pensaba que el actual contendiente por el mismo partido arrasaría sin problema alguno, pero, al final de cuentas se quedó en la orilla y con ello, las esperanzas de mucha gente en el estado que anhelaba, y aún espera, un cambio en la encomienda política del estado. Pero… para comenzar, los aspirantes siguen siendo los mismos que han estado suspirando por el hueso, perdón, por el encargo político y administrativo, durante muchos años y las caras nuevas que entran al relevo, lo hacen bajo el padrinazgo de los mismos de siempre. Nada nuevo bajo el sol.

Entonces, si nada ha cambiado y se seguirá en el mismo marasmo político, económico y social en general que ha prevalecido en los últimos cinco años, al menos podría intentarse algo novedoso en la campaña; porque resulta muy desagradable observar como se gasta tanto dinero -del pueblo- en orquestar campañas de descalificación contra los oponentes, cualesquiera que sea su tamaño y su probable trascendencia. La primer razón para dejar de hacer esto es que no hay necesidad de esforzarse en hacer saber a la ciudadanía la clase de moral que se gastan los adversarios políticos, más que nada porque, al no renovarse los cuadros, todo mundo conoce los trapitos de los abnegados grillos que en esta ocasión contienden por no se sabe cuantos puestos de representación proporcional y los insufribles plurinominales que a la luz de los hechos históricos, han dejado mucho que desear y solo ocupan puestos diseñados para el ejercicio inútil de levantar el dedo.

En fin, habrá que reinventar el ejercicio electoral. Un objetivo a alcanzar sería el de complementar trabajos entre candidatos que arrojen algún beneficio a la sufrida población. Resulta molesto ver las cantidades inconmensurables de basura plástica que se generan en presentar las fachas sonrientes de los aspirantes, además de que ya todo mundo sabe que los autocebollazos son más falsos que los billetes de treinta y cinco pesos. Resulta increíble escuchar a los fulanitos y fulanitas cargarse trofeos y cualidades que en su vida han estado siquiera cerca.

Sería increíble que, en lugar de los tediosos mítines y peligrosas concentraciones de acarreados, se organizaran eventos artísticos y culturales alrededor de la figura de los candidatos. Que se organicen eventos literarios y lúdicos tanto para adultos como para jóvenes y niños. Al tiempo que aportarían un poquito para contrarrestar el atarantamiento global, le darían un buen uso al dinero de las campañas construyendo así un nuevo modelo de política (real, en este caso), divertirían a la gente y todo mundo tendría mejores opiniones sobre los sufridos aspirantes. Además, lo más importante, que invertirían parte del dinero en dar ocupación remunerada a artistas e intelectuales que pudieran participar, ayudando a superar las nefastas circunstancias que ha aportado para estos gremios la paralización laboral que ha caído como consecuencia del maléfico bicho. Además, una actitud de este tipo les lavaría la cara a los polacos, que nunca son asociados con valores que tengan que ver con la sabiduría popular, mucho menos con la educación y la visión científica del desarrollo de la sociedad. La educación y la cultura se transformarían en estandartes que aportaran una nueva visión al ejercicio político de las contiendas electorales y daría la ilusión de que se puede cambiar para bien, sin seguir ocupando los desgastados e inútiles discursos sobre desarrollo económico y seguridad pública.

En fin, en lugar de poner estiércol en el ventilador donde todo mundo sale enlodado, se debe dar lugar a la imaginación y a la contienda civilizada. Hoy día, ante el inminente peligro de contagios que representa la pandemia, sería gratificante observar formas de contienda que tengan que ver interacciones amigables y civilizadas. La nueva normalidad exige ejercicios de altura y superación pública. Resultaría lamentable que, en su lugar, el pueblo sea testigo de la aparición de una nueva mediocridad.

Feliz mes de abril. Me tomo el tiempo para echar una leve fanfarria a esta columna que con la presente entrega cumple cinco años de vida en La Jornada Zacatecas. ■

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