Sobre la liberación de la patente de la vacuna

Sobre la liberación de la patente de la vacuna

La conjetura de Smith dice que en un ambiente de libertad de intercambio, si cada quien sigue sus intereses individuales y egoístas habrá un mecanismo en el mercado que hará que, por razones extrañas, se producirá el bienestar general. La división de trabajo y un intercambio intenso hace que todos puedan acceder a más opciones de consumo, la actividad especializada hace que la productividad crezca y, con ello, los precios de ese enorme cúmulo de productos de consumo tiendan a bajar, y con eso, venga el bienestar del mayor numero de personas. Así, sobre esta conjetura, se pasó a afirmar algo que, con el tiempo, se convirtió en una verdad ‘autoevidente’ en los libros de texto de economía y se le trató como dogma: el mercado se autorregula hasta alcanzar equilibrios que son la ruta de la mayor utilidad posible o mayor bienestar general.

Pues bien, el asunto es que hay tres cosas que ponen por tierra esta creencia: (1) los promotores de la conjetura de Smith jamás-nunca han podido ofrecer una demostración de la misma; (2) los críticos, por otro lado, han mostrado que la manera de operar de esos razonamientos son excesivamente falaces; por ejemplo, para saber que el mercado autorregulado lleva al bienestar hay que describir cómo se comportan los mercados, y para esto último usan la llamada ‘ley de la oferta y demanda’ que traducen a gráficas, ascendente la demanda y descendente de la oferta y en su cruce se encuentra el punto de equilibrio. Sin embargo, eso se ha demostrado para la demanda de una persona, pero cuando se observa para el mercado general (de muchas personas) las gráficas son oscilantes y las curvas de demanda y oferta de cruzan en muchos puntos; por tanto, la idea de que el mercado tiende al comportamiento de equilibrio no responde a la realidad, sino que produce lo contrario: asimetría, desigualdad y crisis recurrentes. (3) La experiencia descarnada de brutales crisis mundiales pone por tierra los supuestos del benéfico mercado autorregulado.

Si la ciencia económica que ve la realidad y se desmarca de estos torpes dogmas, ¿por qué siguen sosteniéndose esas ideas en los organismos internacionales? No por razones cognitivas, sino de crudos intereses creados. Son ideas que han sido funcionales a los grandes poderes de la globalización. Así, toda la llamada ‘economía de las ideas’ que soporta la exigencia de la protección de las patentes, navega en una serie de sofismas que le son funcionales a esos poderes. Por ejemplo, la idea de que si se liberan las patentes se elimina la innovación o se comete un pecado contra el mercado. Y en el caso del área de la salud, dichas ideas son especialmente perniciosas: compañías que borbotean ganancias por la venta de las vacunas, mientras todo el mundo del sur está marginado del beneficio de la inmunización. Si venden millones de vacunas a un precio de 40 dólares la aplicación y, además no tienen capacidad de producir para el mundo entero, es evidente que la marginación del sur será el destino. Por eso, en asuntos de salud, y más en emergencias mundiales, es un despropósito mantener las patentes con argumentos del dogma neoliberal, que ha mostrado no sólo ser intelectualmente pro-tontos, sino brutalmente perjudicial para la humanidad. Si no se libera la patente, el sur terminará produciendo una mutación de la cepa, que reinfectará al norte. Si se libera, se asegura que todos los países produzcan su inmunización salvando al planeta entero de esta pesadilla. Pero el capitalismo sigue con sus lógicas aun en el apocalipsis: prefiere la destrucción del planeta que la disminución de sus ganancias. Debemos exigir a la ONU que ordene la liberación de la patente de la vacuna contra el Covid. Ya.

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