Alba de Papel (La Bufa). Acostumbrados a la inconciencia

Alba de Papel (La Bufa). Acostumbrados a la inconciencia

Que el fuego haya devorado 18 hectáreas del icónico Cerro de la Bufa, dejó de importar un día después de su publicación en medios de comunicación, al fin y al cabo para la población, fue sofocado, y sabe que su flora y su fauna son menores en un permanente proceso de deforestación.

No importa mucho, porque entre tantos problemas que la afectan, un incendio que no causó muertes, puede ser visto con levedad, sin sospechar males mayores que coarten las caminatas y los paseos en coche para llegar a su explanada, subir al crestón o al teleférico; entrar a su capilla, al museo temático, recorrer sus locales de manualidades y comida, o bien apostarse en el mirador para contemplar la singular belleza de la Ciudad.

La inercia corroe la sensibilidad y la falta de compromiso de la sociedad y de las autoridades ante un siniestro ecológico, para pensar y actuar desde la colectividad en realizar un trabajo conjunto que preserve el hábitat natural de los escasos “pulmones” que tiene la Capital, la Zona Metropolitana y el municipio de Guadalupe.

La relación de la cultura con el medio ambiente, se remite a un vínculo de identidad que da pie a una diversidad que amerita ser reconocida y protegida, debido al incalculable valor que tiene el patrimonio natural para la humanidad, y para las expresiones artísticas y cosmogónicas de distintos grupos y actores culturales que ubican lugares dentro de la Naturaleza, como sagrados.

Y en esta nueva realidad, debido al tema chocante de la pandemia que ha causado estrago y dolor, el tema del medio ambiente y su conservación se levanta como un asunto de vital importancia, debido al peligro latente del cambio climático que de no parar y hacer un alto en el camino con responsabilidad social, desembocará en destrucción y muerte.

Las autoridades dijeron que el incendio, fue provocado, sentimiento obligado de horror al pensar que el fuego arrasó con matorrales y lastimó algunos helechos y nopales, sin que sepamos cuál es el daño del suelo con un alto porcentaje de erosión en una zona que ha perdido vegetación y fauna en forma paulatina e inerte a los ojos de la ciudadanía y de la práctica formal.

Este incendio deberá alertar a la sociedad y las instituciones en fomentar el respeto por el medio ambiente a través de programas educativos que estimulen el amor por la naturaleza y el cuidado de los espacios al aire libre porque son patrimonio común y dan prueba no sólo de nuestra capacidad de conciliación, sino también de nuestro nivel de desarrollo.

Homero Aridjis, escritor mexicano y reconocido ambientalista, dijo alguna vez que “Las generaciones del futuro no entenderían la capacidad de destrucción del hombre contemporáneo” y su consigna cae con rigor sobre la arbitrariedad humana, por ello, más educación, más acciones de sensibilización y concientización en la familia, la escuela; desde preescolar hasta el nivel universitario, que acoja a todas las comunidades para cuidar en el caso de Zacatecas, su emblemático Cerro de la Bufa ( precarios también los otros “pulmones”: Parque Sierra de Álica, la Alameda y el Parque Arroyo de la Plata”).

En septiembre de 2018 se divulgó en el Periódico Oficial del Gobierno del Estado, la declaratoria y plan de manejo de Área Natural Protegida Municipal “La Bufa”, llevada a cabo por el Ayuntamiento en turno, cuyo decreto va encaminado a su protección como referente obligado de la identidad zacatecana, como centro ceremonial de los wirráricas y como espacio vital natural del medio ambiente, propicio y necesario para su conservación.

Más de 170 hectáreas conforman esta área protegida (son más de 300, pero el resto son propiedad privada), de un sitio histórico de gran envergadura para la cultura nacional; el documento que lo avala, expresa centralmente que la propuesta permitirá generar para el pueblo y para el turismo, un espacio alternativo de sano esparcimiento, en comunión con el medio ambiente que nos rodea, procurando en propios y visitantes, formar una conciencia crítica sobre la utilización de los recursos naturales, sin ocasionar impactos negativos en el ciclo natural del terreno, ni en su proceso biológico ni en su fauna.

La Declaratoria fue en 2018, al año siguiente llegó la crisis sanitaria que no ha concluido, las preguntas están en el aire para saber a pesar de las dificultades prevalecientes, qué hay de su plan de manejo y cuál es la política ambiental que ha operado, o se ejercerá, y que con urgencia deberá fortalecerse en el tiempo venidero.

Asimismo, cómo se instrumentará el aprovechamiento de los escasos recursos naturales, la protección del medio ambiente, la preservación y qué tipo de intervención se establecerá para la restauración ecológica, hoy urgente para las áreas verdes de Zacatecas ?…

Pareciera que hoy todo es incertidumbre, duda y conflicto, pero la naturaleza humana es sabia y reflexiva para corregir los problemas de la colectividad, confiemos porque así sea, en ello va nuestro anhelo de un espacio verde para respirar gozosamente, sin mascarilla.

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