Mi cabello de niño

Mi cabello de niño
Mi cabello de niño.

La Gualdra 465 / Río de palabras

 

 

 

Eres el precio más caro que he pagado por vivir. El día en que te fuiste vi en tus ojos mi miedo, el mismo que aprendiste de mí sin darme cuenta. La peor herencia que puede hacerse a una hija.

No había espacio para el llanto, tus hermanas no requerían de una Magdalena, así que lo cotidiano hizo lo mejor que sabe hacer: simular que no pasaba nada.

Pero la noche no perdona, y el insomnio es un vacío infinito, las noches eran tan largas que elegí evadir la realidad con la excusa más respetada: el trabajo. De esa forma la mañana era más sencilla de esperar.

En esos días me incomodaba tener que pasar tiempo frente al espejo y arreglar mi cabello para salir a trabajar. No soportaba verme a los ojos, mi reflejo era intolerable, me recordaba que no había sido elegida por mi hija, me reprochaba la incongruencia de conquistar tantos corazones en el aula pero no el que nació de mí, ¿qué clase de madre, de maestra, de mujer soy?

Así que decidí cortar mi cabello, lo más corto y presentable posible, para no tener que ver mi cara, mis ojos, mi tristeza, me daba vergüenza ser yo.

Cuando preguntaban el por qué del cambio tan drástico, dejé que pensaran que fue vanidad, moda, “que cerraba ciclos”. Entre más sencillo el motivo, menos preguntas que responder.

Vaya lío contar que perdí en una lista de pros y contras por no saber manejar, y ahora mi hija no vive más conmigo; lo que me tiene tan deprimida que opté por cortarme el cabello porque no tengo siquiera el valor de ver mi cara.

Fue mejor así, recibir aceptación por mi apariencia poco común; haciendo olvidar incluso a los otros mi desgracia evidente, ya que tenían oportunidad de conversar de un tema diferente.

No he vuelto a dejar crecer mi cabello, ahora ya no es por los mismos motivos. Ahora, cada vez que me miro en el espejo, recuerdo lo fuerte y única que soy. Hoy considero importante ver mi reflejo, porque él no miente. Y si por cualquier razón no he visto mi cara, lo siento como un descuido, y me reto a no permitir que eso se repita.

Me exijo verme para no apropiarme de juicios ajenos, para corroborar lo bella y femenina que luzco con cabello corto. Para recordar en un segundo mi lucha por la vida que quiero vivir. Porque hoy mi hija está conmigo aun teniendo la opción de no hacerlo. He descubierto que se puede elegir no sufrir, y que la frase “así es la vida” es cruzarse de brazos frente a lo que no debe ser.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_465

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