■ Nueva República Aquí, el valor se aprende

■ Nueva República Aquí, el valor se aprende

Mi visión de la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu. Porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado.
La educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor.
Paulo Freire

Qué hemos aprendido en el curso del año que se acaba de ir? Probablemente este ha sido uno los tragos más difíciles que nos han tocado, como individuos y como sociedad, pero la palabra clave contra las más grandes catástrofes sigue siendo la misma: aprender. Aprendimos en el pasado a no tirar la toalla ante cada derrota que el capital mundial nos ha propinando, aprendimos a armar, desde abajo y sin facilidades, estructuras de resistencia contra los gobiernos corruptos, no sólo de Latinoamérica, aprendimos que seguir clamando por justicia es seguir aprendiendo.

Fueron los maestros, casi siempre los de territorios más humildes, los que no bajaron el estandarte de la izquierda, ni en las condiciones más duras ni en las aparentes victorias. La construcción del pensamiento crítico pasa necesariamente por el bastión que la educación mexicana ha formado desde hace varias décadas. El legado de Lázaro Cárdenas y su entendimiento de la formación de individuos hace profuso eco en nuestros tiempos, a pesar de que casi inmediatamente terminado su sexenio el poder fáctico intentó cerrar el boquete que se le había hecho al discurso oficial del capitalismo.

Desde ese momento hasta hoy han fluido las ideas de un mundo diferente al que formaron las Thatcher y los Reagan. La labor del buen maestro, durante mucho tiempo, consistió en recordar a los alumnos que la transformación de este mundo sucede en ondas largas. No es un motivador incansable del materialismo histórico, o de la praxis marxista, o del debilitamiento de la hegemonía que tocaba Gramsci, el maestro, en su núcleo más profundo, es el que nos ha recordado, aun cuando hemos conseguido victorias para la justicia social, que la actividad política ha de ser permanente, y que el desánimo ante el desenvolvimiento de ciertos hechos es una actividad, no reprochable, pero sí ociosa.

La manera de afrontar este gran infortunio del mundo de la acumulación no es otra que el análisis, esa vocación que algunos llaman científica del Marxismo consiste en hacer el balance crítico de los hechos, sin una rabieta, sin lágrimas ahogadas, pero sí con el ánimo inquebrantable y la curiosidad humana de comprender los hechos, el miedo de algunos no es otra cosa que un desconocimiento de los mecanismos profundos. Es una creencia de que no podemos destruir lo que hay porque no estamos capacitados para crear una cosa nueva. Contra toda idea tecnócrata, en México aprendimos a crear esas cosas nuevas, y los maestros, tiempo después, nos enseñaron (nos obligaron) a pensar que ya iba siendo hora de cuestionar a la partidocracia tecnócrata heredera.

No es ningún secreto que es más feliz el que ha entendido el concepto de ilusión de clase que el que busca satisfacerlo, viviendo vendido, con el alma atrapada en su rosa tarjeta de Liverpool, Coppel, Palacio de Hierro o tienda Don Chanito. El sistema tiene cárceles del entendimiento para cualquier estrato. Sólo el que aprende y conoce puede ser libre, pues al hombre libre no le dan miedo las ruinas, a decir de Durruti: Pero a nosotros no nos dan miedo las ruinas porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Y ese mundo está creciendo en este instante
En cierto sentido, ahora caigo, la educación, como lo mencionan algunos fineses en el documental de Michael Moore Where to invade next, también versa sobre la felicidad, dicha felicidad, después de las necesidades humanas básicas cubiertas, se construye en gran parte de ética, la ética de poder ir al fondo de nuestra praxis al reflexionar de forma crítica y poder tragar la miel o la hiel que de esa expedición se traiga. Él descubrió que las minas del rey Salmón se hallaban en el cielo, y no el África ardiente. Dice el buen Silvio.

Tanto he aprendido de mis antiguos maestros que no imagino el escenario de haber vivido un ciclo escolar con año de pandemia, no me habría parecido una movida justa del destino, perderme momentos decisivos que marcarían la forma en la que entiendo al mundo, ciertamente, lo que en lo inmediato habría sido un buen chiste, a la distancia me habría parecido una gran tragedia.

Entonces, sepan perdonar, poderosos amigos, que este gobierno digno reconozca la labor esencial de los maestros de México, que después de haber vacunado a nuestros también valerosos médicos se plantee comenzar a vacunar a nuestros maestros. No hemos sido nosotros quienes han definido a la educación y al aprendizaje en general como la esperanza de hacer este mundo un lugar más justo, ha sido nada más la historia humana la que mostró el hecho. ■

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