Religión y Política en la Sociedad Plural Nuestra

Religión y Política en la Sociedad Plural Nuestra

Se destapó un grupo religioso de ideología extremo-conservadora con pretensiones de incidir en los procesos electorales que están en puerta. Y el debate sobre la relación entre religión y política se puso en el tapete. En la elección de 2018 un partido de esta misma ideología, sólo que de corte evangélico, acompañó al presidente en su elección. Ahora va por la recuperación de su registro. Así que vale la pena preguntarse entre la relación que deben o es lícito que tengan los grupos religiosos en política en general y en los procesos electorales en particular.

Occidente es una civilización que nació con la cristiandad: desde el siglo cuarto el cristianismo se hizo oficial para el imperio, y la llamada edad media entró con la consolidación de reinos oficialmente cristianos. El imperio carolingio extendió una forma de poder político donde los reyes justificaban su legitimidad por motivos religiosos. Por eso los papas llegaron a ser tan poderosos: ellos coronaban a los reyes. Con la reforma luterana, la iglesia se dividió y había estados de confesión católica y otros de confesión protestante, pero todos eran confesionales. Con la modernidad esa forma de legitimidad política entró en crisis y terminó en la separación de la iglesia y el Estado. Lo cual llamó al final de la cristiandad: el final de la religión como un dispositivo del poder político; pero el cristianismo siguió adelante con formas distintas. La misma modernidad produjo sociedades plurales y secularizadas. Un Estado confesional es impensable en una sociedad plural. Por ello, el Estado es secular y laico, para hacer posible la sociedad plural.

Ahora bien, en este contexto, ¿cuál es la relación de la religión y la política? ¿La religión se margina a la pura vida privada de las personas, como lo predica cierta doctrina liberal? Esto último es el otro extremo: en el Estado confesional era el pensamiento único, en la privatización de la religión pasa a ser una nada pública. Y no: el pensamiento religioso tiene una vena necesariamente política, de hecho, los conceptos políticos centrales son secularizaciones del pensamiento teológico. Si el cristianismo tiene en su ideario la justicia social, es necesariamente político. Por ello, la pregunta es, ¿cuál es el tipo de teología política de los grupos religiosos para hacerlos compatibles con la pluralidad social?

La teología de los grupos integristas (dogmático-tradicionales, tipo ‘Cristo Rey’) es contra-pluralista, como el caso de los cristeros contemporáneos que combaten la misma idea de una sociedad diversa. Incluso su actitud frente a otras religiones es excluyente: sólo su variante religiosa es verdadera. Frente a esta opción, hay una creciente expresión de grupos religiosos que asumen lo que se ha llamado ‘teología pública’: acción política desde convicciones religiosas que contribuyen al bien común de una sociedad plural. Abiertas incluso al diálogo con otras religiones. Es la llamada teología del pluralismo religioso, que para los integristas es ‘un peligro relativista’. Por ello, superar tanto la tentación de un Estado confesional como la privatización de la vida religiosa, a través de una teología pública, es la solución contemporánea al reto de hacer de la experiencia religiosa una forma fértil de búsqueda de una sociedad tolerante, abierta, plural y justa. En este contexto, el integrismo religioso se pone al nivel de los racismos, clasismos y etnicismos que ahora brotan como ídolos de la tribu. Son un peligro a la convivencia armónica de los diversos.

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