Editorial Gualdreño 460

Editorial Gualdreño 460
Juan Carlos Villegas, carbón y acrílico sobre tela.

Estamos a punto de cerrar el año y después de tantos meses de confinamiento, de cambios de planes, de pérdidas lamentables, de incertidumbre, sería injusto afirmar que todo el 2020 ha sido un año para olvidar. Yo no quiero olvidarlo, por el contrario, deseo que su recuerdo me acompañe el resto de mi andar por este mundo, porque entre todas las vicisitudes que hemos tenido también ha sido un periodo para reflexionar sobre muchas cosas, sobre el tiempo, por ejemplo.

El tiempo que pasamos antes de la pandemia, todos esos años en los que vivimos en una especie de confort que ahora añoramos, el de la usencia del miedo; antes del 2020 la vida transcurría hasta cierto punto regida por una rutina casi inadvertida y de eso nos percatamos ahora… teníamos posibilidades de vivir que no aprovechamos del todo, convivíamos sin cubrebocas, sin caretas plásticas, sin máscaras -o no de estas que usamos ahora-. Las máscaras de antaño nos permitían en todo caso, mostrar-nos a nuestro mundo inmediato de una forma diferente; cada quien usaba la que más oportuno consideraba en el momento.

El fastidio y la intolerancia, el aburrimiento, las tristezas, el desdén incluso, se ocultaban en la foto que poníamos en nuestras redes sociales, y, por el contrario, solíamos evidenciar un estatus de confort mucho más adecuado para una situación de ilusoria comodidad que creíamos interminable. Estoy generalizando, cuando hablo de confort me refiero no a la ausencia de problemas, me refiero en todo caso a que estos eran incomparables a lo que vivimos ahora. Porque la vulnerabilidad es para todos, pero mucho más para quienes no han tenido la posibilidad de pasar estos meses trabajando desde casa, para quienes perdieron su trabajo debido a la contingencia, o para aquellos que estando contagiados no han podido aislarse ni tener un tratamiento médico de calidad, porque antes de la pandemia su situación de precariedad económica era ya preocupante. Me pregunto ahora hasta qué punto hemos empatizado con ellos y la respuesta es casi siempre que poco, que tenemos en medio de la crisis la oportunidad de ser más útiles y solidarios con nuestro entorno.

No quiero olvidar este año porque cuando inició tenía planes, incluso, que implicaban la colaboración de personas que hoy ya no están con nosotros y eso me ha permitido ser más consciente de que “el aquí y ahora” es mucho más importante que cualquier otra cosa. El pasado 12 de diciembre hubiera cumplido 92 años el maestro Manuel Felguérez, por ejemplo, y eso me hizo recordar que una de las actividades proyectadas para abril de este año tenía que ver con él, con su presencia física en Zacatecas, para participar de una especie de fiesta relacionada con la cultura y las artes, con la difusión de nuestros acervos artísticos, que está detenida y que no ha podido llevarse a cabo como lo teníamos considerado. Esa actividad y las que teníamos planeadas para conmemorar los 150 años del natalicio de Julio Ruelas quedaron en pausa, pero de ninguna manera están canceladas.

Ya vendrán tiempos mejores, es la frase recurrente cuando hablamos de lo que pudimos hacer y no se ha concretado. Si eso llega a ser cierto, entonces tendremos un acercamiento a la utopía, porque estos que corren también han tenido su lado positivo para quienes hemos sobrevivido con salud hasta hoy: algunos hemos convivido más con las personas que queremos, hemos cocinado con más meticulosidad, ordenamos nuestros archivos y armarios, sacudimos el polvo acumulado; hemos aprendido a cortar el pelo, a escuchar más a quienes viven con nosotros, a verlos a los ojos y adivinar en ellos los cambios de ánimo y hasta de salud mental. Hemos vuelto a mirarnos, a escucharnos, a reconocernos, y algunos -unos más, otros menos-, hemos tratado de ver más allá de nuestro entorno inmediato y a ser conscientes de lo mucho que nos queda por aprender.

Vivir es emocionante, y como dice Eduardo Casar, el 2021 tenemos también la oportunidad de aprender a inventar la presencialidad. Estamos cerrando el año, no podremos ver a nuestros familiares en las fiestas decembrinas, pero tenemos también la posibilidad de ver cómo afianzamos esos lazos estando presentes de otra manera, mientras estemos aquí. No quiero olvidar este año, quiero que el 2020 me acompañe siempre para recordarme que lo mejor está por venir, sea lo que sea.

Que disfrute su lectura.

 

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