Alianza del PRI, PAN y PRD: un club para una oposición de ocasión

Alianza del PRI, PAN y PRD: un club para una oposición de ocasión

El PAN tiene su origen en el sinarquismo, una ideología nacionalista, católica y ultraconservadora que militaba en el anticomunismo y se emparentaba con las falanges de Primo de Rivera del franquismo español. Se equilibró con el pensamiento económico-liberal que venía a darle un toque de ‘derecha moderna’ al blanquiazul (respecto al sinarquismo puro). El PRD también puede trasladar su historia a los años 30’s y descender del Partido Comunista Mexicano que impulsó en el gobierno de Lázaro Cárdenas la conformación de las grandes centrales obreras, el desmontaje de las grandes haciendas a través del reparto agrario y la educación socialista. Los primeros decidieron representar los intereses de los grandes empresarios y los procesos de industrialización en el norte de México. Los segundos querían velar por los intereses de los trabajadores, sus derechos sociales e impulsar la revolución de la clase universal: el proletariado. El PRI viene del PRM con enfoque nacionalista y un robusto programa de revolución social que le dio origen.

Ahora, sus descendientes políticos plantean una alianza. Si le hubiésemos preguntado a un par de militantes políticos en los 30’s de una alianza entre esas expresiones políticas, se hubieran escandalizado y sacarían el revolver para afirmar que eso nunca iba a ocurrir. Con el tiempo, las descendencias políticas se ‘modernizaron’ y llegaron a coincidir. Esa ‘modernización’, ¿implicó que los intereses de los obreros coincidieran con el Capital? No: el poder de compra del salario fue salvajemente disminuido para mantener la tasa de ganancia del capital. Pero los partidos políticos se fueron al centro para ganar más votos olvidándose de sus ideologías y de sus orígenes (y sus representados). Los políticos se olvidaron de los interese de clase social que representaban porque ellos mismos se convirtieron en una clase: la clase política que veía por su propia reproducción. A los únicos a los que representan es a ellos mismos. Nada más y nada menos.

Son los ‘partidos-agencia’: organizaciones partidarias que han roto con sus orígenes y sus ideologías y sólo sirven para conseguir puestos para sus miembros. Todo su lenguaje es Ad hominem: el quién va. Juan, Pedro, Miguel o María en las diversas candidaturas o puestos de elección popular. Nada que ver con programas o ideologías. Y algunos partidos han pasado de ‘agencia’ a ‘club’ de aspirantes a gobernar lo que sea y donde sea y como sea: la cosa es estar dentro. Su discurso es la repetición automática de los lugares comunes de moda, aunque esos discursos vengan de motivos sociales respetables, ellos los usan como publicidad de modas. Así, desfilan temas como ‘los derechos de las mujeres’ o ‘las energías alternativas’ o un ‘lo que esté de moda’. El objetivo es claro: que los miembros del club se logren colocar, y ya. Ya colocados, siempre habrá ‘un Chucho’ para negociar lo que sea redituable en el momento: una reforma laboral que destruya los salarios, o una reforma energética que ofrezca futuro al club, o ahora ‘una oposición chic al perverso populismo’. La ideología se convirtió en criterios publicitarios para la colocación del club. Por el contrario, necesitamos una oposición de calidad que represente a los trabajadores o a los empresarios y movilice a los mexicanos para proyectos políticos en serio, y no clubes que se representan a sí mismos. Son una oposición de ocasión que hasta el momento carece de corazón ideológico o programa.

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