Ya nos haces falta, querido Emilio

Ya nos haces falta, querido Emilio
Jovita Aguilar y Emilio Carrasco durante una entrevista. Foto del FB de Jovita Aguilar. 2018.

La Gualdra 454 / Emilio Carrasco. In memoriam

 

 

Lo conocí en el Taller Julio Ruelas cuando Fer y yo éramos novios. Una de esas tardes le pidió a Fer que le ayudara a imprimir unos grabados y al término de una divertida sesión nos regaló un pequeño grabado; fue la primera obra de arte que tuve en mi colección y desde entonces sus regalos fueron permanentes: conservo con mucho amor grabados, pinturas, dibujos y cerámicas.

Desde entonces llamó mi atención su viveza, su sentido del humor y su sapiencia, en las reuniones con amigos me quedaba atenta escuchándolo, riendo de todas sus ocurrencias, pero sobre todo, aprendiendo. Poco a poco nos fuimos haciendo amigos, no sé cuándo ni cómo, pero la amistad se hizo muy fuerte y se convirtió en nuestro mejor amigo, mío y de Fer, luego de nuestros hijos, a quienes quería y se alegraba mucho de verlos. Cuando mis hijos eran pequeños llegábamos a su casa y con toda la paciencia les enseñaba lo que llamaba su atención, les explicaba la historia de cada pieza u objeto; ellos fascinados lo veían con asombro y admiración. Hoy también están tristes por su partida.

Siempre me gustó escucharlo, con él aprendí a apreciar el arte contemporáneo en sus interminables charlas; la primera clase a la que asistí con él fue en la maestría. Sus clases eran muy sui géneris; no era un maestro convencional, nos obligaba a pensar, a reflexionar, a acercarnos al arte con mente y ojos abiertos. Más que un maestro en estricto sentido de la palabra, fue un maestro de vida: siempre generoso, siempre divertido, siempre amoroso y dispuesto a colaborar.

Muchos sábados hacíamos carne asada, llegábamos temprano a su casa o ellos a la nuestra y mientras Lina y yo preparábamos todo, Emilio nos hablaba de sus nuevas adquisiciones, una planta nueva, un libro o las pinturas que estaba realizando.

La creación de su “Bosque de la utopía” nos llevó largas y entusiastas conversaciones; apasionado imaginó que podía tener un predio para hacer un bosque real a la par de las convocatorias de exlibris. El terreno nunca se lo dieron, pero sí reunió miles y miles de pequeñas obras de artistas de todo el mundo. Recuerdo que nos llamaba y nos decía: “Ya tengo listos los álbumes de los exlibris”, era una invitación para ir a verlos, en la primera convocatoria, mi hijo de 5 años en aquel entonces fue el participante más joven.

Honro tu memoria y legado, mi querido amigo, gracias por todas las risas, las bromas, las largas charlas, las carnes asadas, las tardes de café, las horas y horas viendo tus libros, tus grabados, los ex-libris. Gracias por mis pinturas, por el dibujo azul, por mis grabados, por mi jarrón marrón; ya no escucharé tu voz diciéndome en broma “Con usted no quiero hablar, maestra, ¿está el latoso de su marido?”.

Gracias por tu apoyo con nuestros proyectos, siempre agradeceré tu frase recurrente: “Con usted lo que quiera, maestra”. Gracias por querernos y por querer a mis hijos. Quiero a tu familia porque es parte de la mía. Mi cariño para Lina, Emilio, Marialina y Andrés; agradezco a Dios y al universo por haberte tenido en nuestras vidas. Nos dejas un gran vacío, ya nos haces falta, querido Emilio.

 

 

 

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