Coalición, en “veremos”

Coalición, en “veremos”

No todas las fuerzas políticas coinciden con la relación institucional de Alejandro Tello Cristerna y Andrés Manuel López Obrador, como una de colaboración. Un eufemismo aquello de la “contribución” entre autoridades para no llamarle por su nombre: sometimiento desde el ejecutivo a un estado que depende en 95% de los ingresos federales.

Para la cúpula del Sol Azteca, por ejemplo, acostumbrada a respaldar la rebelión de los gobernadores opositores al presidente, la sumisión por la que optó finalmente el mandatario zacatecano es una señal de “entreguismo”. Por ello, “Los Chuchos” no dudan que Tello Cristerna haya cedido la llave del poder a Morena.

Un gobernador que no piensa apoyar a su partido en la elección (como lo hizo en 2018), que dejó en manos de la federación la titularidad de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, que acuerda con Ricardo Monreal Ávila temas locales, que piensa que Zacatecas necesita un gobernador “amigo” del presidente, es, en pocas palabras, un priísta que tempranamente claudicó a la batalla.

Esas señales comienzan a construir un dique de contención para la alianza PAN-PRD con los tricolores, desde el punto de vista de José de Jesús Zambrano Grijalva y Jesús Ortega Martínez. Para qué participar con las siglas del PRI que tanto rechazo despiertan en la ciudadanía si, además, el líder de su partido empuja más bien un enlace PRI-Mor.

Por el lado del panismo, la situación no es muy distinta. En una reunión virtual reciente con los representantes albiazules en el estado, Marko Antonio Cortés Mendoza calificó la decisión de aliarse con el PRI como una de absoluta complejidad. Únicamente la militancia, dijo, será la que tendrá la voz final para dar el sí, o para negar la oportunidad a una coalición multipartidista en Zacatecas.

Si esa no es la información que Noemí Berenice Luna Ayala entregó a sus aliados en el gobierno estatal, entonces las pláticas de la alianza no son más que compromisos de buena voluntad sin sustento firme. Y el entusiasmo de los aspirantes del PRI para caminar de la mano con el PAN-PRD, podría terminar en engaño.

Por ahora, la senadora Claudia Edith Anaya Mota ha ganado tiempo (algunos días más) en la negocia con Alejandro Moreno Cárdenas al ausentarse de la reunión del pasado miércoles con Carlos Aurelio Peña Badillo, Adolfo Bonilla Gómez y Roberto Luévano Ruiz. Los rumores de su supuesta “declinación” sólo encarecieron la posición que tiene dentro del acuerdo nacional.

Sin embargo, el perredismo no debería de confiar plenamente en su diagnóstico. Aún no hay una definición partidista con respecto a una precandidatura, y prevalece la división entre los clanes de José Juan Mendoza Maldonado, Eleuterio Ramos Leal, Miguel Torres Rosales y Arturo Ortiz Méndez, con la intervención de Néstor Morales como delegado del Comité Ejecutivo Nacional.

De ellos cuatro, sólo Miguel Torres ha provocado una estrategia de afianzamiento con los 19 presidentes municipales de la alianza PAN-PRD (en donde no se incluye a Eleuterio Ramos) y de acercamiento con los cuadros priístas y monrealistas que no ven condiciones en sus partidos. Así, aunque en los hechos se hable de coalición, la elección comienza a dividirse en tercios.

Hasta hace algunas semanas Miguel Torres calificaba como un hecho plausible la coalición con los tricolores. No obstante, la postura de Jesús Zambrano lo obliga ahora a ensanchar los canales de su aspiración al concentrar apoyos desde distintos sectores. Todo ello hace pensar una sola cosa: en las cúpulas las definiciones aún caminan en “veremos”.

Ni qué decir del papel que juega en este entramado Alejandro Tello Cristerna al cargarle todo el peso de las dudas en el grupo de “Los Chuchos”, las cuales -afirman ellos- impiden transitar con tranquilidad al bloque opositor. Casualmente, la voz de la dirigencia del Sol Azteca coincide con la de Osvaldo Ávila Tiscareño, Roberto Luévano Ruiz y otros inconformes.

Ellos apuestan parte de su resto (si no es que todo) a que el PRI participe en lo individual, con tal de empujarlo a un lejano cuarto lugar. Su ganancia: sacudirse las siglas del partido viejo y aprovechar los activos del panismo que en 2018 sostuvo la segunda posición electoral, gracias a la campaña de Ricardo Anaya Cortés. Algo anacrónica esa previsión.

Se advirtió aquí en una entrega anterior: pareciera que no hay consciencia de unidad con respecto a la coalición de partidos. Lo mismo que sucederá en Morena al elegir a un candidato por imposición de cualquiera de sus tribus, le sucederá a Claudia Anaya o a “Fito” Bonilla. Poco a poco la contienda se desgranará en resentidos y marginados.

Como consecuencia, el mercado electoral mostrará su lado más pragmático (por si pensábamos que ya lo habíamos visto todo). De mantenerse la tendencia, iremos a una elección en la que tendrán más que perder las y los candidatos al gobierno, que los aspirantes en municipios y distritos locales y federales. Ganará la reducida mentalidad de “cotos de poder”. ■

Twitter: @GabrielConV

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