Un apunte sobre la inspiración: problema

Un apunte sobre la inspiración: problema

Unos años atrás escribí un cuento, que obtuvo una mención honorífica en una edición del concurso universitario de cuento Elena Poniatowska, no estoy seguro si aún la universidad convocante realiza este certamen, que en su momento fue maravilloso. El cuento plantea una historia simple: un joven fotógrafo inventó un sistema, que se conecta con su nervio óptico y luego llega a un receptor que captura las imágenes tal como el joven las recibe. Pudo ser un texto de ciencia ficción, pero en esos años estaba interesado en otros aspectos, claro sin olvidar que no soy un lector asiduo de ese género literario. Más bien lo pensé como una sátira contra los impostores en el gremio artístico e intelectual. Hasta la fecha, continúo preguntándome si el ejercicio cumplió los objetivos y no resultó una mera pretensión. Así, sin duda, es la escritura: un laboratorio en el que se experimenta y hay fracasos y triunfosos.

En “Zen in the Art of Writing. Essay on Creativity” (Joshua Odell Editions, 1996), Ray Bradbury señala que un autor escribirá malos y buenos cuentos y enfatiza que la escritura es todo un proceso de ensayo y error, en el que cada autor mejora a partir de sus propias experiencias de escritura y lectura. Esta idea es, en efecto, su interpretación del proceso de la escritura, que por alguna razón desconocida termino conectándolo con “Epístola a los pisones”, de Horacio. En este texto, el romano reflexiona sobre la poesía desde su posición como creador y así se diferencia de Aristóteles.

En ambos libros, la escritura es la base de sus reflexiones, Bradbury señala estrategias que le funcionaron y Horacio aconseja cómo mejorar la poesía, a partir de modelos griegos y el trabajo constante para mejorar el texto. En otras palabras, Horacio advierte la relevancia de la crítica y la corrección del texto, que él los ve como etapas de la misma escritura. Entonces, en ambos casos, se advierte que la escritura es un trabajo constante y requiere del compromiso de sus autores.

Lo interesante es el espacio temporal entre estas piezas, claro que en él hay otros textos que la literatura las ha llamado como Poéticas: “manuales” que recomiendan elementos para mejorar la escritura o señalan qué es y qué no es literatura. Para quienes se dedican al estudio de la literatura, éstas son interesantes para saber las opiniones diferentes sobre este arte, así como los modos de hacer literatura. Para quienes no, las Poéticas serían molestas e incluso innecesarias, aunque podrían ser buenas guías.

Por otro lado, Bradbury y Horacio presentan reflexiones sobre cómo piensan la literatura, así como los valores que se debe rescatar o respetar. En este sentido, para los escritores nóveles podrían ser acercamientos a las distintas maneras de escribir, razón principal para enfatizar que su lectura es necesaria.

Si bien en mi cuento me burlo de los impostores, es decir, las personas que pretenden ser conocedores del arte y sus opiniones suelen ser superficiales, por no decir imprecisas, abordo el tema de la inspiración. En lo personal, éste me ha causado conflicto, pues parece ser que es usado como pretexto para que autores escriban cuando las condiciones sean las adecuadas y no ejercitan la escritura con frecuencia y compromiso. En consecuencia, en el peor de los casos, produce que los autores se atengan a condiciones casi mágicas y olviden que también la escritura requiere de la investigación. Por ejemplo, desconozco de la fotografía, ni siquiera sé las partes de una cámara fotográfica y tampoco de sus funciones, pero el cuento me obligó a investigar sobre los mecanismos de las cámaras, los principales fotógrafos y el impacto de la fotografía en la sociedad. Por supuesto, los resultados de la investigación no se reflejan en el texto, más bien me permitieron entender a la fotografía y no escribir tonterías que ruborizarían a cualquier fotógrafo.

También, la inspiración limita la escritura, al colocarla en un grupo que pocos pueden acceder. Quiero decir: los hablantes de una lengua pueden escribir y comunicarse mediante textos escritos, incluso son competentes para escribir libros. No obstante, qué los vuelve libros de literatura y no simple piezas que luego se olvidarán en algún estante. Deleuze señaló que el escritor tiene la obligación de crear lenguas y espacios que faltan y los ya creados no dan respuestas a cuestionamientos humanos. Bastante abstracto e incluso impreciso para quienes empiezan a escribir. El caso es que la escritura por sí misma es una paradoja: todos pueden escribir, pero no todos pueden escribir literatura. Entonces, se muestra una pregunta antiquísima qué es y qué no es literatura. En estos momentos, no me sentiría capaz de responder a una pregunta así, debido a sus implicaciones. No obstante, me atrevo a decir que, de algún modo, la inspiración se convierte en una imagen para separar a quienes escriben mal literatura de los que sí. Otra vez, ¿cómo saber qué libros son o no de calidad?

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