En blandito

En blandito

La Gualdra 442 / Río de palabras

 

En blandito sí, así mero caí pero ya era tiempo, ya me lo merecía; después de
tanto trancazo en el suelo duro, llano y terregoso. Me levantaba siempre adolorida
con los huesos rotos, la piel raspada, el cabello revuelto y el corazón
resquebrajado. Entonces el proceso de regreso a casa era lento, pausado,
pensando en las excusas para evitar los regaños: Mira nada más cómo vienes, ya
te volviste a caer, ahora en dónde y con quién fue el accidente, pero mira es que
tú nomás no entiendes. Y entrar a mi cuarto, darme un baño con agua calientita,
curarme las heridas y llorar sobre la cama como una Magdalena triste, sí, pero no
arrepentida. Porque una cosa es caerse por error y otra darse en la torre por
gusto, por el puritito placer de no quedarse encerrada, de no ver pasar la vida, de
no sentir que es uno nada. Pero contigo caí en blandito, como en almohadón de
plumas, como en alberca con agua calientita, como en sábanas perfumadas y
recién lavadas; por eso ni me muevo, no me levantaré de aquí, no volveré a casa.

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