Stefan Zweig: Encuentros con libros

Stefan Zweig: Encuentros con libros

La anécdota de la que parte Stefan Zweig para “Encuentros con libros” (Acantilado 2020) en sí es casi el argumento para una breve novela suya: una amistad con un marinero de esas que irradian luz propia, que se hacen en torno al intercambio de historias de la más diversa índole y bajo las más tenues atmósferas marítimas; luego, repentinamente ocurre un silencio de unos cuantos días por parte del marinero, regresa con una carta, un favor y una sorpresa no tan agradable: Zweig se entera que su amigo no sabe leer.

En otras circunstancias esto pasaría como un simple malestar hacia la educación del país, una observación a las estadísticas de analfabetos. Pero se trata de un gigante de la escritura y de la lectura como Stefan Zweig, lo que significa que, al enterarse que ese amigo, a quien le lee en dos o tres ocasiones la carta (una carta ordinaria, señala Zweig) no sabe leer, le abre la puerta a lo mejor que sabe hacer Stefan Zweig antes que escribir: reflexionar, y con ello traer un poco más de luz al mundo, al menos al de las ideas.

La diferencia entre quien tiene acceso a la lectura y quien, por el contrario, está censurado al laberinto de las palabras escritas. Piénsenlo por un momento, por favor. Es lo que nos invita a hacer Zweig. ¿Cuál es el concepto que tienen del mundo los que no saben leer? ¿Cómo es que conciben la belleza que se encuentra dentro de un libro?

Y Zweig acepta que, por ejemplo, para él habría sido imposible crecer en un mundo donde no existiese la literatura, las historias, lo que se esconde tras de cada libro, tras de cada edición.

Y entonces salta a otro punto y nos habla de los autores de los que le interesa hablar. De las lecturas que lo han dejado marcado y de aquellos libros, como el de la poesía completa de Goethe, que por muy voluminosos que sean, siempre procura tener al alcance de la mano como libros de cabecera. Y quizás “Encuentros con libros” sea el libro más alemán de Stefan Zweig por los autores de los que nos habla (parecería, por momentos, una clase de literatura alemana aunque también toque a otros autores, otras latitudes), sin embargo, la fórmula para leerlo nos la da, indirectamente, el mismo Zweig en el texto donde habla de la obra de Jeremias Gotthelf y Jean Paul cuando confiesa que ha podido leer varios textos de Gotthelf, pero que, por el contrario, no ha podido con Jean Paul, y entonces recomienda que si no se puede con un autor lo mejor es dejarlo, saltárselo, leer de él acaso lo más emblemático, unas cuantas líneas.

Y a mi juicio es la manera más sabrosa de disfrutar este libro: de manera desordenada. Así que pueden ir de un texto tan urgente en estos días como ‘El libro como acceso al mundo’ y luego corretear al niño de sus primeras lecturas en ‘Regresar a los cuentos’, o nuevamente ir a un texto tan indispensable como ‘El libro como imagen del mundo’ o un texto tan acertado como ‘El legado de Flaubert’.

Pero en todos los textos está el sello (no debería decir “sello”, lo sé) de la prosa magistral de Stefan Zweig. Lo mismo se dejan leer algunos textos como reseñas periodísticas, que a su vez tienen lo suyo de una narrativa especial, porque Stefan Zweig es un destacado narrador; lo mismo se dejan leer como aproximaciones a las recientes ediciones de autores alemanes que quizás a nosotros culturalmente nos resulten lejanos (y cuyas traducciones no encontremos ni en inglés), pero que leemos por disfrutar de la prosa de Zweig, por estar ahí, entre sus palabras, su fuerza, su contundencia.

Y avanzamos paso a paso, yo así lo hice, a gatas, entre coma y coma, punto, porque Stefan Zweig además es un maestro de redacción de esos tremendos que te jalan las orejas cada que te pierdes del sujeto, y si sigues en el párrafo, y sigues leyendo lo que dice Zweig, navegas hasta que llega un momento en que das con un islote donde quedas deslumbrado por alguna idea, una conclusión, una reflexión a la que llega Stefan Zweig luego de haber soltado toda la caballería, y es aquí donde te quieres quedar, pasar ese breve instante a tu libreta de apuntes, porque está claro que si ya nadaste tanto, si ya pasaste algunas páginas, es la hora de descansar, y qué mejor lugar que estas aguas tranquilas donde el pensamiento te traspasa, y lees otra vez, por eso es que al menos en mi experiencia como lector los libros se Stefan Zweig son los que más subrayados tengo, porque ahí se mueven las reflexiones, el pensamiento, las ideas, “Encuentros con libros” es un libro imprescindible en cualquier biblioteca. ■

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