Desigualdad II

Desigualdad II

Según F. A. Chiguil Rojas (“El origen estructural de la desigualdad en México” Blog de Nexos, 30/01/2020): “la economía informal concentra el 57 % del empleo en la economía, pero apenas el 21 % del valor agregado. Por otra parte, el restante 43 % del empleo perteneciente al sector formal concentra casi el 80% del valor agregado”. Indica que el sector formal se configura con grandes empresas, mientras que el informal con microempresas poco productivas. Esta situación afecta la distribución del ingreso y crea desigualdad. Sugiere que, aparte de las capacidades del Estado para cobrar impuestos y hacer transferencias, se requieren políticas para incrementar los empleos bien remunerados. Lo que implica que las microempresas deben tornarse productivas, de modo que puedan pagar mejores salarios. Tal propuesta recuerda aquella conclusión de Kuznets: “la más amplia desigualdad en la estructura secular de ingresos de los países subdesarrollados está asociada con un más bajo nivel de ingresos promedio per capita” (S. Kuznets “Economic Growth and Income Inequality” The American Economic Review, v45, #1, (1955)). Aquí con “secular” se alude a los niveles de ingreso desestacionalizados. Recordemos que en la referencia citada Kuznets analizó la relación entre la desigualdad y el crecimiento económico para tres países: Inglaterra, Estados Unidos y Alemania, concluyó que la disminución de la desigualdad de ingresos se correlacionaba con el incremento de los salarios, que a su vez resultaba de la industrialización del país. Con elementos semejantes Kuznets lanzó una hipótesis: la desigualdad de ingresos tiende a crecer durante una fase del proceso de industrialización para caer en la segunda fase, es decir, se tiene una curva en forma de U invertida si se gráfica el crecimiento económico contra la desigualdad. La duración de las fases es larga, según Kuznets la fase de crecimiento de la desigualdad en Inglaterra duró de 1780 a 1850 y en Estados Unidos de 1840 hasta 1890. Respecto de los países subdesarrollados comentó los peligros de dos extremos. Por un lado, creer que liberalizar las economías, imponer impuestos progresivos y promover la inversión extranjera permitirá reiterar la trayectoria de los países desarrollados, por el otro, imaginar que la situación de las regiones económicamente rezagadas es tan novedosa que amerita la “violencia romántica”. Es decir: la hipótesis de la U invertida, fundada en 5 % de información empírica y 95 % especulación, se aplica sólo a los países citados: Inglaterra, Estados Unidos y Alemania. La pregunta natural que surge es: ¿resulta estable la posición alcanzada al final de la curva de Kuznets? Es decir, cuando se alcanza el punto de máximo ingreso y mínima desigualdad ¿ya no cambia ese resultado con el tiempo? De hecho sí, de acuerdo a Branko Milanovic en su “Desigualdad mundial” (FCE, 2017, México) existe un incremento de la desigualdad en países desarrollados. Para explicarla postula un “ciclo de Kuznets”. Por ende la desigualdad o la igualdad se vuelven tan transitorias como el pleno empleo, lo que resulta natural porque si existe un ciclo de reducción del empleo se sigue una reducción de los ingresos en la población desempleada y el consiguiente crecimiento de la economía informal. Visto así, la cuestión de la desigualdad deja de ser un asunto de políticas públicas porque responde a un proceso ínsito al desarrollo de sociedades capitalistas. Sin embargo, persiste en algunos espíritus el sentimiento de que algo debe hacerse ante la desigualdad. Al parecer, muchas almas se molestan al notar que el primer decil en la construcción de Lorenz concentra apenas un 1 % de la riqueza mientras el último decil goza del 80 %. Algo malo debe haber en ello. ¿Qué? En la cuestión de la desigualdad subsisten problemas de diversa índole. Por un lado la cuestión técnica de definir una estructura conceptual para describirla, construir indicadores agregados y recopilar información, por otro, el problema de decidir si debe hacerse algo para modificarla, cómo hacerlo y por qué hacerlo. La primera cuestión se resuelve con una teoría estadística y el desarrollo de sistemas confiables de recopilación de datos, la segunda exige dos momentos distintos. Primero, una reflexión acerca de por qué debería modificarse la desigualdad, si acaso ella conlleva injusticia y de qué tipo o si es más injusto quitarle a unos para darle a otros, la segunda, si la primera se responde por la afirmativa, consiste en el desarrollo de medios y técnicas para intervenir en los procesos sociales y obtener un resultado. Este deberá evaluarse para que funcione como dato en un ciclo de realimentación definido para mejorar los procesos. Podemos notar que toda propuesta de modificación de la desigualdad lleva a una discusión sobre la naturaleza y alcances del Estado. Desde la perspectiva de Robert Nozick (en “Anarquía Estado y Utopía” FCE, 1988, México) un mundo si desigualdad es “una amplia y diversa clase de comunidades en las cuales las personas pueden entrar si son admitidas, partir si lo desean, moldearla de conformidad con sus deseos; una sociedad en la que se puede ensayar, se pueden vivir estilos de vida diferentes y diversas concepciones del bien se pueden seguir individual o conjuntamente”. Llegar a esto requiere aniquilar la pobreza, material y espiritual, para que estalle la desigualdad inherente a la persona humana. ■

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