Pensar la transición a la Nueva Masculinidad: (re)aprender es adaptarse

Pensar la transición a la Nueva Masculinidad: (re)aprender es adaptarse

Todo lo que somos (lo que forma nuestra identidad) se constituye con formas de reconocimiento. Cuando nos preguntan, ¿quién eres o qué eres? Respondemos con alguna profesión o algún rol social: padre, hijo, sacerdote, profesor, propietario u obrero. Y si lo pensamos bien, todos esos términos son meras formas de relacionarnos y reconocernos. No hay roles sociales o profesiones que sean naturales o por sí mismas. “Propietario” es que el Estado te reconoce poseedor legítimo de un bien; o “padre” no es sólo alguien que engendra a otra persona, sino el que asume ante todos, una serie de obligaciones y funciones morales. En suma, esos términos que mencionamos son ‘formas de relaciones y de reconocimiento’. Y eso no lo aprendemos en la escuela, sino en la vida diaria: aprendemos a actuar un rol. Una persona cuando entra a su casa asume el papel de un ‘padre’, cuando sale de ella y entra a su oficina asume otro papel del teatro social, el de ‘jefe de oficina’, y cuando va al foro de la campaña, asume el papel de ‘ciudadano’. Si los demás lo reconocen como ‘jefe de oficina’, entonces actúan de forma específica según un libreto que está supuesto: se le obedece cuando pide algo.

Pues bien, los géneros también son funciones sociales. Y por ello, hay roles que actúan y libretos que se repiten. En el caso de la idea de ‘hombre’ en una casa, implica que el libreto tradicional dice que ‘da órdenes y los otros obedecen, come primero, sale y consigue dinero, protege a su comunidad y castiga si alguien sale de rol’. Si el libreto social cambia, los individuos que aprendieron un rol deben cambiar de comportamiento. Pero en realidad no es un esfuerzo mental, sino que su reaprendizaje es un adaptarse a la nueva situación o al nuevo libreto cultural. Si los otros no le reconocen supremacía absoluta, deja de ser ‘amo’ del lugar. Porque el señorío es una forma de reconocimiento, y si deja de ocurrir este último, deja de existir ese rol: es como un personaje que desaparece de la obra de teatro. Así, ‘aprender’ es un adaptarse a las nuevas relaciones sociales. Si una nación ya no reconoce a nadie como ‘rey’ entonces la institución de la monarquía desaparece. Si alguien insiste en nombrarse ‘rey’ aparecerá como un loco porque está fuera de libreto social.

El cambio de la cultura ocurre cuando los libretos has sido alterados: los papeles de los personajes se han modificado. Pues bien, la masculinidad tradicional pertenece a un mundo de jerarquías entre las personas por motivos de género, y cuando las relaciones jerárquicas se cambian por relaciones de trato horizontal, esa forma ‘masculina’ desaparece y es sustituida por otra. Lo que llamamos ‘nueva masculinidad’ es cuando la relación entre los géneros se democratiza y se establece un trato horizontal entre ellos. Mientras exista contradicción entre las nuevas relaciones de reconocimiento y la voluntad de ciertos sectores de mantener las anteriores, el conflicto será inevitable. Como la transición entre la monarquía y la república. Pero si los varones se adaptan a las relaciones democráticas de género, todo estará bien: los efectos nefastos disminuirán como la nieve ante el sol. Las violencias son formas de manifestar el poder, y si este último se disuelve, ya no habrá móvil para aquella. En suma, Aprender es Adaptarse a las nuevas formas. La sociedad es un teatro.

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