Karl Ove Knåusgard: Mi lucha

Karl Ove Knåusgard: Mi lucha

Lo primero es la empresa editorial que desde el inicio se propuso el narrador noruego Karl Ove Knåusgard: escribir una obra literaria que consistiera en seis tomos titulada, provocativamente, “Mi lucha”. Se trata de una desordenada obra autobiográfica con más de 3000 páginas que inicia a partir de la muerte de su padre y culmina con un ensayo de más de quinientas páginas en torno a Hitler, de ahí el título de toda la obra.

Pronto Karl Ove Knåusgard se convirtió en una leyenda literaria por el alto número de ventas de sus primeras novelas y por el buen recibimiento que en una primera instancia tuvo de la crítica especializada. En Europa se le llegó a considerar, cayendo en exageraciones, claro, “el nuevo Proust de la literatura europea”.

Sin embargo, había un detalle: para las ambiciones narrativas de la literatura europea, acostumbrada a trabajos narrativos descomunales (los rusos, los alemanes, los franceses), Karl Ove Knåusgard decepcionó y más de un crítico literario se encargó de hacer trizas el trabajo de Ove adjudicándole que se trataba de una obra sin pies ni cabeza y demasiado presuntuoso para un autor que renegaba de la literatura a la vez que parecía novelar su diario y la peor etapa de su divorcio; para las ambiciones de la literatura europea contemporánea, sin embargo, se trataba de una “obra literaria brutal”, como la calificó, por ejemplo, “The New York Times” en un reciente artículo; una obra que, se quiera o no, será recordada como una de las mejores expresiones de la literatura noruega del siglo XX.

De hecho, tan pronto como salió la primera de las novelas, “La muerte del padre” (Anagrama 2012) las ventas comenzaron a ser tan elevadas que hubo pueblos noruegos donde se vendían más novelas de Karl Ove Knåusgard que Biblias.

Hay que hacer una pausa aquí y hacer mención a un detalle que al menos a mí me pareció relevante desde que se produjo el fenómeno “Ove”: tras del bestial aparato de mercadotecnia literaria que incluía promociones, entrevistas y apariciones en algunos programas de televisión noruegos (y que se pueden consultar en YouTube), estuvo a cargo, entre otros, el gran chacal Andrew Wylie, quien ha tenido entre sus clientes más importantes a Roberto Bolaño, Philip Roth, David Bowie, Albert Camus, Raymond Carver, Jorge Luis Borges… así que no es tan difícil pensar cómo se orquestó el fenómeno mediático en torno a la obra de Karl Ove Knåusgard.

Por otra parte, en cuanto apareció el primer tomo de su obra, “La muerte del padre”, un ríspido encuentro con su hermano y un viaje hacia el lugar donde ha muerto su padre mientras intentan ajustar cuentas pendientes con el pasado y con los buenos y malos recuerdos de un padre que muere ahogado en alcohol consentido por una abuela de la que descubren también es alcohólica, a Karl Ove le comenzaron a llover las demandas familiares, pues en sus escritos no había modificado ni los nombres ni las características de sus familiares, punto extra para llamar la atención y para escribir de ello.

Aquí comenzarían buena parte de los problemas legales para Karl Ove, quien en algún momento de su travesía narrativa se vio en la encrucijada de continuar o no con su proyecto narrativo, el cual, sobra decirlo, se esparce entre las fronteras de la realidad y de la literatura, como él mismo se ha encargado de aclararlo, tras asegurar en las últimas palabras de su proyecto que: “iremos a casa, a nuestra casa, y durante todo el trayecto disfrutaré, realmente disfrutaré pensando que ya no soy escritor”.

Pero no solo está lo ambicioso del proyecto narrativo sino que, además, hay que sumarle el tiempo de escritura: Karl Ove se propuso en un primer momento escribir los seis libros en un año, sin embargo, al final fueron tres, y es en la última de las novelas, “Fin”, donde narra parte de este proceso, pues como padre de familia debe de ocuparse de las labores del hogar, por lo que durante tres meses se despierta entre dos y tres de la mañana para escribir hasta las seis y luego atender a los niños, llevarlos a la escuela, volver a casa, revisar correos electrónicos, mientras su esposa se toma unas merecidas vacaciones: “Solo con gran fuerza de voluntad conseguía escribir las cinco páginas que me había puesto como meta al día. Pero lo lograba. Odiaba cada sílaba, cada palabra, cada frase, y aunque no me gustaba hacer lo que estaba haciendo, no significaba que no fuera a hacerlo”, dice en “Un hombre enamorado” (Anagrama 2013).

Aquí hay una clave para entender la estructura y la propuesta narrativa de cada una de las seis novelas de Karl Ove Knåusgard: están divididas en hechos cotidianos, a manera casi de diario, de lo que le ocurre día a día durante reminiscencias de la infancia, de la presencia alcohólica de su padre, de su faceta como autor poco conocido en Noruega, de su época de maestro, sus primeras amistades, su primer editor, algunas de sus primeras lecturas; sin embargo, por otra parte, Karl Ove ahonda en problemas históricos contemporáneos y literarios, señala los autores que lee y los motivos por los que los lee, sus primeras lecturas, el supremo acto de la escritura, emprende una literatura multidisciplinaria que va del ensayo en sus distintas vertientes a la reseña o perfil de personajes trascendentales para el curso de la historia de la humanidad, como el es el caso de Hitler en la última de las novelas, “Fin”, pero lo hace lejos de cualquier prejuicio, recurre a material bibliográfico, nos proporciona las fuentes, a momentos parece que estamos frente a una narrativa novelesca, a momentos parece que estamos frente a una narrativa ensayística o biográfica, y este, a mi juicio, es uno de los puntos más destacados de los seis tomos de “Mi lucha”, proyecto del que el se ha señalado que “tal vez sea recordada como una gran novela fallida o como una obra de arte brutal”, y de la que gracias a la editorial Anagrama ya podemos conseguir los seis tomos en español. ■

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