Un bote

Un bote
Paul Gauguin. ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? 1897, Museo de Bellas Artes (Boston), Boston, MA, USA

La Gualdra 416 / Río de palabras

 

 

 

Un bote salvavidas como tu boca, como los sonidos que reptan hacia el piso de arriba en busca de participar en los fragmentos de la novela que se construye cada noche en la tibia cama de este semidesierto que es tu casa, de estas escaleras tan obstáculo, de estas paredes blancas y tus lágrimas. Un bote salvavidas como tus muslos, como tus caderas que explotan entre mis manos y su vaivén que anuncia una lluvia de palabras tronantes, relámpagos que atizan en la tierra seca y tu cara, y tus labios ceñidos a mi espalda, a mis piernas, a mi pecho, a mi cuello. Y labios de narración donde hay un bosque conquistado por versos de poetas ciegos, poetas que cansinos arrastran en un idioma casi extinto terribles soledades e inoperantes estrofas. Un bote arrebolado que en el sol se vuelve histeria e inunda con su enrojecimiento mi piel que una vez te tocó y te supo, mapa y geografía de un discurso de un libro que ordena la vida y sus muertes. Un bote largo, canción de trovadores del sur de tu patria, un bote tan largo océano salvaje que traes con tus corrientes monstruos pintados por Paul Gauguin que en Panamá se cruzó con Hunter S. Thompson para emborracharse sobre el canal y tratar de detener en un instante toda la belleza (o sus fantasmas al menos). Un bote salvavidas como tu vientre en el cual me contengo y me salvo, y me salvo y me silencio y te descifro antes de que Caronte me eche por la borda. Un bote salvavidas como tu aroma y tu ofrecerme tu boca y luego continuar la charla toda la puta vida hasta que parezcamos huesos. Hasta que perezcamos y nos olviden y nos descubran fósiles de un mundo antiguo que nadie cree ni imagina. Entonces todo eso. Toda tú un continente y un universo. Las palabras que nos dijimos cuando en silencio y en la oscuridad nuestras orografías se sabían y pensábamos que éramos tan eternos que nunca se nos acabaría la vida. Eso somos: eternos. Eres eterna desde que abriste los ojos y miraste la luz y la nada. Yo soy eterno desde que me amaste y articulaste mi nombre. Mi nombre que suena a dinamita en tu lengua. Tu nombre que suena a explosión atómica en la mía. Un bote salvavidas como tu boca.

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_416

 

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