Árbol

Árbol

La Gualdra 416 /  Río de palabras

 

 

 

 

A todos cuando éramos niños alguna vez nos asustaron con la historia de la semilla de frijol, ese cuento que nuestros padres utilizaban como medida preventiva para que no introdujéramos ni por la nariz ni por los oídos semillas o cualquier otro objeto como producto de nuestro aburrimiento, travesura o ganas de llevarle la contraria al mundo. Yo siempre tuve miedo de todo, me creía esa y tantas otras historias que me contaban. Me volví tan cuidadosa que no comía frijoles aunque estuvieran cocidos. Más vale prevenir que lamentar, era mi consigna de siempre. Cuando me enteré de que tendría un hijo fui muy feliz, tal vez no era una semilla de frijol, pero otra semilla de repente empezó a crecerme dentro. Al contrario de lo que desean otras mujeres, yo no quería que mi embarazo concluyera, me gustaba mucho saber que tenía dentro algo que solo era mío, que me pertenecía. Fue hasta que nació y fue creciendo que me di cuenta que ese niño no era completamente mío. Luego recordé la historia y fue de ahí que me vino la idea: le pedí a mi hijo que se comiera una semilla de frijol. Desde entonces le crece un árbol dentro. En invierno le podo sus ramas y florece en cada primavera, es una situación alegre, al ser un árbol nunca lo dejarán abandonarme sus fuertes y profundas raíces. Aunque últimamente me tiene un poco preocupada, porque a pesar de que no se mueve, han venido a anidar un montón de pájaros rebeldes a su cabeza.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_416

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