El vendedor de silencio

El vendedor de silencio

Se trata de un silencio. De ahí parte mucho del significado de la propuesta de Enrique Serna. De su valor. Cuánto es lo que puedes pagar por un silencio, pero también qué es lo que has hecho que te ves obligado a pagar por un silencio. Si se trata de un vendedor la cosa se pone peor: solo se puede llamar vendedor a aquel que sabe hacer negocios con lo que ofrece. Debe existir una ganancia. Supongo que se trata de una lección básica de economía de mercado. Por eso es tan importante el título de la novela. Y la sonrisa de Carlos Denigri en la portada. Se está burlando de nosotros cuando tomamos el libro. Tómense unos cuantos segundos para observar su rostro. Nos está dando los detalles precisos de lo que considera nuestras miserables vidas. Encumbrado en el poder él sabe de lo que habla. Enrique Sera hace de medium: consigue conectarse con sus pensamientos y nos entrega un personaje perfectamente construido. Veamos un poco más.

El silencio podría ser un personaje secundario en “El vendedor de silencio” (Alfaguara 2019) de Enrique Serna: una muy buena novela para quien quiera enterarse de las andanzas y corruptelas de quien fuese considerado uno de los periodistas más influyentes en una de las épocas más oscuras de México. Enrique retoma ese silencio de Shakespeare porque sabe que más allá de un silencio abismal solo puede existir el rencor, la venganza, el ultraje, y son estos muchos de los medios de los que se vale un escritor que acaso es uno de los últimos bucaneros de una época de esplendor para la literatura mexicana del siglo XX. Por eso sorprende el lenguaje. Por eso sorprende que aún existan narradores que confían en las formas de narrar tradicionales. Frente a moditas europeas y autores experimentales, estamos perdiendo esa capacidad y es lamentable.

Desde distintas perspectivas narrativas (cambio de voces, uso recurrente de diálogos, monólogos), Enrique Serna nos muestra la vida de un hombre que en esencia se estructura bajo el esquema arquetípico del héroe, quien en un momento determinado de su vida, y de sus circunstancias, decide seguir el imperativo llamado del camino (una vez resuelta la vocación) hacia el éxito en una de las profesiones (el periodismo) más cuestionadas tanto moral como éticamente.

Carlos Denigri se aventura, así, a través de su propia odisea periodística. Y si bien el romanticismo y la cursilería se apodera de su espíritu en un inicio, pronto descubre que puede utilizar al periodismo para escalar social y económicamente. Y es cuando comienza a boxear con su propia sombra a semejanza de un enloquecido Jake la Motta (Robert De Niro) durante el icónico inicio de “Raging Bull” (1980) de Martin Scorsese. Carlos Denigri sube pronto los peldaños hasta situarse en el escenario del gran teatro de la inconciencia de una clase política institucionalizada, corrupta y miserable.

Como buen alumno de esa clase, Carlos Denigri explora el terreno, se hace de contactos, sabe dónde agacharse y dónde alzar la frente y pronto deja atrás ese sueño absurdo y ridículo de ser un poeta de sólido espíritu humanista para convertirse en un respetable periodista.

Todo lo que rodea a Carlos Denigri está representado a través de símbolos. El poder. La presencia femenina. Su irrestricta misoginia. El dinero. Sus caballos. Sus borracheras (un alcoholismo que lo muele a palos tanto física como moralmente). Son elementos con los que se constituye como periodista a falta de otros valores, como no sean los de una hipócrita veneración a las instituciones católicas, donde espera, como condenado a la horca, expiar sus pecados.

Enrique Serna nos ofrece la historia del periodista, sí, pero también la del hombre que lucha de manera encarnizada contra sus propios demonios y pierde, que intenta reformarse y reincide, que se perdona, pero a la vez se flagela. Y como lector no puedes juzgar a un hombre como él que acaso se atrevió a cumplir la máxima sentencia de “yo soy yo y mis circunstancias”.

Por eso es que “El vendedor de silencio” también es una novela valiosa desde la perspectiva histórica. Enrique Serna narra una de las épocas más esplendorosas de México y por las páginas de la novela desfilan desde figuras literarias de la talla de Alfonso Reyes, hasta figuras artísticas de la talla de Agustín Lara, sin dejar de lado, por supuesto, el trasfondo de la Segunda Guerra Mundial y los cambios tecnológicos que sacuden y emocionan a la sociedad mexicana, como lo es el surgimiento de la televisión.

Juzgar a Carlos Denigri desde nuestros valores éticos es un ejercicio maniqueo, hipócrita e inútil (y de hecho ya alguien se encarga de hacerlo en una de las partes más importantes de la novela), ya que las intenciones de Enrique Serna como novelista es mostrar la historia de un periodista del poder, de su ambición, buena o mala, de las relaciones que sostuvo con otros periodistas, pero, y es algo que se debe tener presente durante la lectura de “El vendedor de silencio”, dentro de un sistema político y periodístico donde la honestidad se medía en billetes y los cargos se daban a través de dedazos y quien osaba ir en contra de ese sistema perfectamente orquestado difícilmente sobrevivía o quedaba al margen del oficio periodístico. Lectura recomendable antes de que finalice el año.

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