Donbass una película de la guerra ucraniana en Cannes

Donbass una película de la guerra ucraniana en Cannes
Sergei Loznitsa, director de la película Donbass cortesía del festival de cannes

Es una historia sin linealidad sino formada de episodios con personajes que se van cruzando

 

Jorge Ibargüengoitia inventó la existencia de un lugar llamado Cuévano para contar sus historias del Plan de Abajo y lanzar sátiras contra la política mexicana y latinoamericana. Humor negro y crítica política caracterizaron su obra. Menciono esto porque la película que arrancó la Competición de Una Cierta Mirada en Cannes, Donbass, dirigida por el ucraniano Sergei Loznitsa, me llevó a hacer el vínculo entre ambas ficciones.
Donbasses, de acuerdo con la sinopsis literal de la película: “Una región al Este de Ucrania, con una guerra híbrida que mezcla el conflicto armado abierto, crímenes y saqueos perpetrados por grupos separatistas. En Donbass, la guerra se llama paz, la propaganda se levanta en una verdad y el odio pretende ser el amor. Un periplo a través de Donbass, es un encadenamiento de aventuras locas, en las cuales lo grotesco y lo trágico se mezclan como la vida y la muerte. No es el cuento de una región, un país o un sistema político sino de un mundo perdido en la pos-verdad y las falsas identidades”.
Sergei Loznitsa, ganador en 2012 del Premio de la Crítica y nominado a la Palma de Oro en Cannes por In the Fog, hizo como Ibargüengoitia hace medio siglo, usó su imaginación para hacer sátira de su terrible contexto político. En la sinopsis, el director decidió resumir su historia haciendo referencia a un lugar que sí existe en el mapa mundial; involucrando el humor negro, creó un nuevo país en juego: la Nueva Rusia.
Loznitsa creó una historia sin linealidad sino formada de episodios con personajes que se van cruzando: periodistas alemanes tomados por fascistas, soldados en resistencia de no sé sabe bien qué, soldados defensores de la nacionalidad de la Nueva Rusia, fervientes y frívolos religiosos de la élite conservadora del pueblo, presidentes municipales corruptos, soldados chantajistas, actores, saqueadores, policías.
Cada episodio es un largo plano-secuencia que inicia con el montaje del propio escenario y presentación de los personajes hasta su desenlace y desmontamiento del cuadro. Dos episodios son especialmente impresionantes:
A la mitad de la película, cuando la propaganda de la Nueva Rusia se hace por medio de un soldado ucraniano capturado. El soldado está atado a un poste y lleva pegado a su pecho –con kilos y kilos de cinta adhesiva- un letrero indicando su procedencia y que está ahí para que otros “castigadores” –sublevados- aprendan. El soldado está ahí para escarmiento público. No hay cortes. La gente lo insulta hasta que llega un grupo de jóvenes patriotas de la Nueva Rusia para echarle el humo del cigarro y fotografiarse con él, en seguida unas chicas invitadas por los chicos hacen lo mismo, una anciana se acerca para insultarlo, una madre le recrimina las muertes. La muchedumbre lo cachetea, le aplasta tomates, lo golpea, lo quiere ahogar; los soldados de la Nueva Rusia lo desatan y tratan de llevárselo con la muchedumbre enfurecida y ajusticiadora. La escena es sin cortes, con el principio –pegando la publicidad viviente- y un cierre –despegando la publicidad agonizante-.
Y el cierre de la historia: el último episodio es la evidencia de cómo Loznitsa creó su dispositivo. En dos planos-secuencia; el primero es corto y monta la historia, el asesinato de los actores. Y el segundo mucho más largo, es el montaje de la escena del crimen, del saqueo, de los scoops noticiosos, de la policía y del olvido. Todo filmado desde una grúa en plano general sin movimiento. La historia del episodio no cierra, ese mismo plano sirve de fondo para los créditos que la gente por lo general ya no ve y se sale de la sala.
La región y el conflicto existen desde 2014 y son aún una tragedia, pero Loznitsa los ha retratado con la ironía que pega primero por el lado del humor para enseguida volverse en el espectador una incomodidad. El director consiguió este efecto porque se puso a revisar los materiales de los noticiarios que iban haciendo la crónica el conflicto y la manera en que iba apareciendo diferentes grupos separatistas y otras tantas autoproclamadas nuevas naciones. A escasos dos meses de iniciar la Copa Mundial de Futbol, Rusia –país anfitrión- es por esta edición un país presente en la Competición oficial por su talento, pero repudiado por su política.

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