¿Quién enseña la comprensión lectora? [Segunda parte]

¿Quién enseña la comprensión lectora? [Segunda parte]
Imagen de Pixabay

La Gualdra 289 / Promoción de la lectura

Después de la incipiente tipología que compartí la semana anterior, podemos ir imaginando cuál es el nivel de comprensión lectora que cada uno de los docentes-mediadores enseñan a sus alumnos. En general, se implementa la siguiente metodología: extraer la idea principal de un párrafo, luego de un apartado, de un capítulo; realizar resúmenes, resolver cuestionarios donde proliferan las preguntas textuales, diseñar cuadros sinópticos, mapas conceptuales, complementar cuadros y tablas. En pocas ocasiones se apuesta por las inferencias, por el análisis, por una lectura crítica, por la voz del lector.

De ninguna manera es una satanización hacia las preguntas textuales, sin embargo, circunscribirse a ellas deja fuera todo un universo creador, de vinculación, ecos internos y colectivos. En ese momento la lectura es odiosa, aburrida, un peso más en la mochila. Es claro que a leer se aprende leyendo, como a caminar, caminando, sin embargo en el afán de formar lectores, se echa mano de una serie de estrategias que dejan más dudas que ejemplos a seguir. Antes de ahondar en esta parte, me gustaría invitar a que el lector (sea cual sea su rol frente a un grupo de personas), sea consciente de lo que sucede cuando lee.

La denominada metacognición esclarece muchísimo el panorama de la comprensión lectora. Y posibilita el desarrollo de una actitud empática ante quien se resiste a leer. ¿Cómo entiende (lee) el mundo este lector?, ¿aporta algo su conocimiento previo, su umbral ético, su escala de valores, sus creencias religiosas, políticas, sociales? ¡Claro que aportan y mucho!, ellas otorgan significado a las palabras, fortalecen el sentido de las mismas, engrosando los referentes como un círculo virtuoso. Las conversaciones antes, durante y después de la lectura permiten abrir puertas en esas mismas páginas. El universo se expande.

Con la anterior metodología se pone al centro de la mesa un menú de concepciones, perspectivas, anhelos, paradigmas. Las imágenes, pensamientos e ideas creadas a partir de la lectura se hacen visibles. Sin necesidad de dar una minuciosa explicación, estamos en presencia de un ejercicio intelectual, que estriba esfuerzo, pero también placer. Ahí es donde puede residir el multi-publicitado placer de la lectura. Esto lo deben entender quienes hacen animación a la lectura, eventos multitudinarios, narración oral, maratones de lectura: ¿cuándo se quedó en el lector de todo lo leído?, ¿cuánto lo hizo suyo?, ¿cuánto volverá a compartir?

El riesgo en la animación a la lectura, lo he mencionado antes, es que el juego cobre mayor relevancia que la propia lectura. Estas actividades, muy divertidas por cierto, siguen dejando el acento en el libro, el lector es sólo un complemento sin voz, ni voto. Entonces surge el fracaso de las actividades: muchos asistentes niños, jóvenes o adultos, pero pocos lectores autónomos, porque no hay quien los oriente, que les exija –hospitalariamente- realizar un esfuerzo mental. ¿Quiere conocer cómo lee, cuál es el nivel de comprensión lectora que domina en usted? Lea la siguiente microficción de Luisa Valenzuela:

 

Confesión esdrújula

Penélope nictálope, de noche tejo redes para atrapar un cíclope.

 

¿De qué cree que trate la historia?, le invito a que deje su respuesta en [email protected]

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