¿A dónde va Ricardo Monreal? (y 3)

¿A dónde va Ricardo Monreal? (y 3)

Me he preguntado en muchas ocasiones si es efectivo, o cuando menos adecuado, el método escogido por Andrés Manuel López Obrador para construir su partido Morena.

No soslayo que en esta apreciación pueden sobrevivir  muchas rémoras y vicios de mi formación política. De todos modos, advierto que el Morena, así como está concebido y construido, sólo para ganar elecciones, es un aglutinamiento de posiciones variopintas, de notoria debilidad ideológica, sin disciplina; es una organización política débil e inestable que puede disolverse en varias de sus partes, o totalmente, en una crisis de gran severidad. Una tensión social puede llevarla al naufragio.

No sería vigorosa a la hora de enfrentar a los enemigos poderosos internos o del exterior, quedaría desarmada ante los embates violentos de la derecha. De ser así, los dirigentes partidarios aprendieron muy poco de la historia de la izquierda latinoamericana, en concreto, de la experiencia chilena.

Educados en la excepcionalidad, como si las contradicciones de la vida política en México, cargadas de traición y ruindad, no fueran capaces de penetrarla hondamente, hasta convertir a su partido en una estructura autoritaria y burocrática de tintes priistas, y semejante al PRD, muchos miembros morenistas responden con un discurso triunfalista y miran con aversión la diferencia. Consideran ciegamente que el paso de Andrés Manuel es y será arrasador, que su proyecto político es imbatible, y todo eso los incita a considerar enemigos a quienes tienen puntos de vista fijos en otros horizontes.

Sin habérselo propuesto,  el partido morena se orienta hacia la ruta del sectarismo, donde bajo condiciones especiales se puede criticar todo, menos al líder. El germen del autoritarismo y la burocracia se incuba, inexorable, en su interior.

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Ricardo Monreal no es un militante ortodoxo, de esos que son capaces de morir por su bandera. Él está inspirado en una mística religiosa ecléctica, y en manuales doctrinarios diferentes que llevan por delante el escalamiento, la infiltración y el pragmatismo como herramientas tácticas para lograr sus espacios de poder.

El método de Monreal sólo se puede tejer de manera solitaria; no se compromete para construir una organización política estable, pero es capaz de colaborar con cualquier partido que le ofrezca condiciones para resistir las borrascas coyunturales, y le garantice desertar cuando observe ominosos los saldos de su propio desgaste.

La compensación energética y la carga espiritual de Ricardo le ayudan a neutralizar los ataques de quienes lo consideran un ente político poco confiable. Él tiene trazado su proyecto con una arcilla diferente, donde poco influyen las ideas de los demás, porque las suyas fueron cimentadas en momentos de adversidad, pobreza, desamparo y fe, en la rudeza de ver al desnudo la condición humana.

En el partido Morena es un militante inescrutable, difícil de comprender por una colectividad triunfalista que ha marchado acríticamente en torno de la convocatoria de Andrés Manuel. Es un personaje esquivo que ha hecho su carrera en varios partidos con la técnica de hablarse de tú con los líderes y mostrar su capacidad sobresaliente de operación; circunspecto y prudente, sólo revela lo inmediato de su proyecto, pero deja en el aire lo ideológico y estratégico, porque eso sólo lo discute con las fuerzas espirituales que lo empujan y con el Santo Niño de Plateros.

Muchos tratan de descifrar, sin éxito, cuáles son las vertientes políticas y económicas que lo llevaron a un nivel político estelar. Es un salinista de mierda, comentan algunos con enojo y desconcierto. Los narcos mecen su cuna desde que nació, dicen otros con chapucera ironía. Lo cierto es que, hasta la fecha, no existe un análisis serio que desglose con claridad las influencias y estructura política personal de un personaje huidizo que prosigue en la liza con seguridad en sí mismo y harta necedad, acaso en una aventura salvaje por imponer su individualidad y su visión.

Puede ser: el enojo contra Monreal en el Morena proviene de su incapacidad para encasillarlo y reconocer qué jabón le patrocina. Pero Monreal, en primera instancia, no produce simpatía en los sectores ortodoxos, porque ellos afirman que sólo busca el poder a toda costa, y es cínico para blandir las armas que, como aconseja Maquiavelo, se fraguan en la espesura del engaño.

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Según Adrián Rueda, periodista de Excélsior (3-4-17), la versión de que Andrés Manuel López Obrador ya definió su interés por que contienda Claudia Sheinbaum para la jefatura de Gobierno de la CdMx, provino de “Yeidckol Polevnsky Gurwitz, segunda de a bordo en la dirigencia nacional de Morena”. Esta mujer, debe recordarse, es una especie de Mata Hari que no ha traído buenas noticias para el desarrollo de la izquierda y el Morena; amiga de poderosos empresarios y de miembros de la “mafia del poder”, es célebre por sus posturas colaboracionistas y por su oportunismo que compite con el Chucho más desaforado. “Y fue ella quien circuló la primera versión de que el líder de Morena ya se había decantado por Claudia Shienbaum para buscar el gobierno de la Ciudad de México en 2018. Aunque la versión provino de Polevnsky, en el entorno de la jefa delegacional en Tlalpan afirman que ya se la confirmó personalmente El Peje”.

¿Cómo escogió el Peje a los dirigentes más notables y les delegó posiciones de poder? ¿Cuál es el criterio de izquierda que lo estimula a reclutar a empresarios, académicos e intelectuales enemigos de los trabajadores? Andrés Manuel actúa en la secrecía y con descaro; favorece, como cualquier otro político tradicional mexicano, sólo a los que demuestran acatamiento incondicional. ¿Es este un testimonio de que se impondrá a la burocracia partidaria como factótum del partido Morena, que generará camarillas y guerras tribales internas? ¿Con gente de esta calidad estará constituido el gabinete del gobierno federal y de la CdMx, con cortesanos que son veteranos de una larga vida de vegetación intelectual y de intrigas?

Y, sin embargo, pocos de los tribeños del Morena acarrean el palmarés político de Ricardo Monreal. Las críticas desdeñosas de su obcecamiento no inhiben la idea que insinuó Monreal, en la reunión donde ofreció un rosario de lisonjas para Miguel Ángel Mancera, el día de la inauguración de la sinagoga de la comunidad askenazi en la colonia Roma: él persiste en declarar que su meta inmediata es ser jefe político de la CdMx. Al menos hasta que el Peje disponga públicamente lo contrario.

A propósito, Salvador García Soto escribió en El Universal (6-4-17): “Recientes guiños y acercamientos públicos entre Miguel Ángel Mancera y Ricardo Monreal Ávila no fueron del todo inofensivos. Detrás de los elogios y reconocimientos mutuos entre el jefe de Gobierno y el jefe delegacional en Cuauhtémoc, hay una coincidencia política que los ha ido acercando y los ha puesto en la ruta de algo que de realizarse, cambiaría el escenario de la próxima sucesión capitalina: una alianza entre el PRD-PAN, MC y otros partidos que podrían sumarse, como el Verde y el PRI, para postular en 2018 a Ricardo Monreal como candidato a jefe de Gobierno y disputarle a Morena y al lopezobradorismo el Gobierno de la Ciudad de México en los comicios de 2018”.

¿Qué pasaría si en el momento de los resultados electorales, los índices de Monreal, candidato del cliente que se ponga a modo, fueran superiores a los de Andrés Manuel? Eso sería grave; desde el inicio, existiría un poder dual, donde el liderazgo sería objeto de una competencia descarnada.

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Afectado profundamente por la compulsión del poder, Ricardo Monreal se entrega a la lucha, su lucha, su propia lucha, difundiendo el mito de que almacena con celo, mediante una misteriosa energía interna y un coloquio amoroso con sus iconos religiosos preferidos, el argumento y el propósito que lo hacen triunfador. Confundido a menudo por sus enemigos como un clown, él se quita la pelusa del tacuche y camina imperturbable, saludando a sus nuevos camaradas proletarios, por las colonias Juárez y Tabacalera, hasta llegar a la Delegación Cuauhtémoc.

En Monreal se identifica a un político audaz, a un talento que se desmarcó de sus limitaciones objetivas y se echó a caminar alegremente, como un personaje inspirador de los coleccionistas de libros de Superación Personal. ■

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