‘The Blackcoat’s Daughter’: el nuevo cine de horror independiente

‘The Blackcoat’s Daughter’: el nuevo cine de horror independiente

La Gualdra 286 / Cine

En los tiempos actuales el género de horror se ha banalizado a consecuencia de producciones poco originales, con el constante uso del suspenso genérico y susto fácil, de las secuencias cámara en mano o found footage, así como de tramas simples y repetitivas, en las cuales los miedos de sus protagonistas (en la mayoría de los casos, de un origen paranormal) siempre son los mismos.

Por fortuna en años recientes ha sido producido y distribuido cine de horror de corte independiente, con claras influencias de grandes clásicos del género, y que en su temática buscan ir más allá del temor a lo desconocido, recordándonos que hay miedos tan largos como la humanidad, y que bien se pueden considerar como un reflejo oscuro de la misma.

Katherine (Kiernan Shipka) y Rose (Lucy Boynton) están en el último día de clases, esperando que sus respectivos padres pasen a recogerlas del colegio católico exclusivo para mujeres al que asisten. El resto de sus compañeras se han ido a pasar el invierno con sus familias, ellas sólo siguen esperando. Los salones se encuentran vacíos, la nieve continúa cayendo en el exterior del edifico.

Es cuando la noche llega que una de estas dos chicas comienza a sentir que algo la vigila cuando se encuentra sola, algo que no pertenece a este mundo, pero a lo que paradójicamente todo mundo teme. Hay un misterio palpable en ese lugar, y que poco a poco ambas chicas comienzan a desvelar.

De manera simultánea se nos cuenta otra historia, en donde vemos a una misteriosa chica de nombre Joan (Emma Roberts) viajar por carreteras, deteniéndose en moteles de paso, y constantemente recordando breves imágenes de un psiquiátrico, en lo que parece ser el pasado del que intenta escapar, y por el que continúa avanzado hacia un destino incierto.

Es en el tercer acto de la cinta que ambas historias se relacionan, de una manera que si bien algunos pueden sentir un tanto predecible, es precisamente la secuencia final la que construye y cierra de gran manera y con mucha potencia ambas narrativas, y hace mayor énfasis en el ocultismo que la película propone.

Con su ópera prima el director Oz Perkins (que como dato curioso es hijo de Anthony Perkins, Norman Bates en el clásico de suspenso de Alfred Hitchcock, Psycho) no escatima en demostrar las fuertes influencias que su cinta posee de los clásicos de terror de los 70’s, con guiños evidentes a The Exorcist (1973), Rosemary’s Baby (1968), The Omen (1976), así como del cine del realizador Dario Argento.

En relación con la obra de este último, la película de Perkins (que originalmente fue llamada en festivales como February) es de igual manera de un terror de ritmo lento y poco convencional, más atmosférico y envolvente, y que se aleja por completo de las propuestas que en dicho género se ofertan de manera comercial y continua.

Visualmente la película luce desoladora en espacios abiertos, y asfixiante en los cerrados. La nieve cayendo, los pasillos vacíos, todo funciona como una metáfora hacia la soledad en el mundo frío que habitamos y que como resultado, en The Blackcoat’s Daughter es un reflejo del miedo innato que siempre ha estado ahí, en cada uno de nosotros desde que nacemos, acechando en la oscuridad.

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