Reflexiones para una lectura crítica de las encuestas electorales

Reflexiones para una lectura crítica de las encuestas electorales

Durante los últimos días, los equipos de los distintos candidatos a gobernador del estado han venido compartiendo informaciones derivadas de dos reportes publicados por sendas empresas nacionales que realizan encuestas electorales. El primero de ellos se publicó el martes 12 de abril, e inicia informando lo siguiente: “En marzo del presente, De las Heras Demotecnia levantó una encuesta en el estado de Zacatecas con el objetivo de conocer las preferencias electorales… Los resultados de la encuesta concluyeron que si hoy fueran las elecciones, el escenario electoral más probable sería el siguiente: Alejandro Tello posee el 40% de las preferencias; seguido de un 24% para el abanderado de la alianza PAN-PRD, Rafael Flores; y 24% para el candidato de Morena, David Monreal.” El resumen publicado en la página oficial de la empresa dice que la información se levantó del 11 al 15 de marzo, mediante mil 200 entrevistas en vivienda, lo que determina 95 % de confianza y un error +/- 2.9 %. El mismo día 12, la empresa Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE) publicó el reporte de otro estudio que contiene resultados muy distintos: Alejandro Tello aparece con 25.8 %, seguido por David Monreal con 22.1 %, mientras que Rafael Flores aparece con un lejano 14.4 %. En su nota metodológica GCE informa que aplicó mil 600 cuestionarios, 800 en vivienda y 800 telefónicas, lo que determina un nivel de confianza de 95 % y un error de +/- 2.46 %.

Si recordamos que el propósito de las encuestas es estimar de la manera más precisa posible la intención del voto de los electores el día de la aplicación del cuestionario, lo primero que salta a la vista es que los valores estimados son muy diferentes, por lo que alguno de ellos, cuando no los dos, debe estar muy lejos del valor real que se desea conocer. Las razones pueden ser varias: la primera se deriva de que los escenarios políticos existentes en las fechas de levantamiento de la información eran muy distintos, por la sencilla razón de que el levantamiento de Demotecnia se realizó antes de que el Consejo General del INE determinara sancionar a David Monreal con la pérdida de su registro como candidato, mientras que el de GCE se realizó después, aunque parecería increíble que en solo 3 días el fenómeno de victimización haya reducido la ventaja de 16 % a un virtual empate técnico; otra causa de las diferencias podría ser la integración de la muestra, pues GCE levantó la mitad de su información vía telefónica y existe un criterio muy generalizado de que la encuesta telefónica en nuestro país no funciona para propósitos electorales, en tanto que no representa al electorado que no tiene teléfono en sus hogares (el de bajos recursos o el que habita en áreas rurales). Hoy por hoy para representar con precisión la totalidad de la población la mejor aproximación es la encuesta en vivienda, cara a cara.

Para contextualizar el debate sobre el trabajo de las empresas encuestadoras, recordemos que durante el proceso electoral presidencial de 2012 la mayoría de las encuestas publicadas por casas encuestadoras bien establecidas en nuestro país, presentaron un panorama en donde el candidato del PRI/PVEM ocupó el primer lugar a lo largo de muchos meses; la ventaja establecida por la mayoría de las encuestas publicadas era de alrededor de 20 puntos, con una disminución a 15 puntos en las últimas mediciones, con claras excepciones. Muy lejos del resultado oficial de sólo 6.5 %, lo que provocó la percepción, tanto del círculo rojo como del ciudadano de la calle, que la fuerte diferencia ampliamente publicada y difundida a lo largo de toda la campaña electoral, especialmente por medios masivos con gran alcance (televisoras y periódicos importantes), se inventó para influir en el ánimo de los equipos contendientes y, en última instancia, en la intención de voto de los electores.

Después de muchas discusiones y revisiones metodológicas provocadas por esa circunstancia, varios estudiosos de la materia sostienen que:

1) La mayoría de las encuestas electorales de 2012 tuvieron fallas metodológicas, principalmente en diseños de muestreo y levantamientos de campo. Los esquemas de muestreo convencionales utilizados desde hace varios lustros para encuestas electorales resultan insuficientes para la complejidad que vivimos en este país.

2) Se han documentado sesgos de respuesta favorables al partido político que gobierna en algunos estados donde el sesgo a favor del PRI ha llegado hasta 8 puntos.

3) La mayoría de las casas encuestadoras afirman que reportan los resultados tal cual son proyectados por métodos estadísticos, sin procesos de filtrado o de uso de modelos que en otras áreas y en otras latitudes han demostrado ser muy efectivos.

4) Los márgenes de error reportados, el típico de 3.1% a 95% de confianza para una muestra cercana a 1,000, no corresponden a los diseños de muestreo utilizados. Los márgenes de error reportados debieran ser mayores.

Algunas personas se preguntan ¿a qué encuesta creerle?, hay que responder primero que leer encuestas no es un acto de fe, se trata de analizar con argumentos metodológicos cada una de ellas. El objeto de este artículo es simplemente contribuir a formar un mayor número de lectores críticos de encuestas que busquen y comparen toda la información metodológica: quién la hizo, en dónde, cuándo, con qué población objetivo, cuáles fueron los filtros, la tasa de rechazo y el margen de error. En la medida que tengamos lectores educados de las encuestas crecerá la calidad de las mismas.

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