La Changüis

La Changüis
Doménikos Theotokópoulos, El Greco. La Fábula. Óleo sobre lienzo. 49 x 64 cm. 1600. Museo del Prado, Madrid.

La Gualdra 241 / Río de palabras

La Changüis estaba cotorreando con la Tutis: Yo le dije que no, que ni madres, que no aflojaba. ¡Aaaaah!, abrió la boca la Tutis. ¿Por qué no vas y le dices a tu sacrosanta mamacita… que afloje? Dijo la Changüis. ¡Mocos! Atinó a decir la Tutis. Nomás tantito. Entro, me voy y me salgo, me dijo el baboso. ¿Tú crees? Eso me dijo. ¿Y no le diste un guantón en el hocico? Dijo la Tutis y siguió mascando chicle… tronándolo. No, nomás le tiré un agarrón a los meritos morenos y apreté como si estuviera exprimiendo naranjas… De esas… cascaronas… Aprieta el puño la Changüis. Le salieron gruesas lágrimas. Y cuando me ve en la calle se echa a correr. ¡Tómala! Y la Tutis abre mucho los ojos. Así, bien grandes. Ya no volvió. Y cuando me ve en la calle se echa a correr. Las dos se quedan mirándose unos instantes. Tres de moronga y dos de rajas con queso… Ah, y uno de frijoles. Pidió el Chácharas. La Changüis lo miró con ojos de qué pedo. Parpadeó. ¿De qué van a ser, caballero? Tres de moronga, dos de rajas con queso y uno de frijoles, por favor. La Tutis sin dejar de mascar y tronar chicle se le quedó mirando fijo. ¿De qué le voy a servir sus tacos, joven? Volvió a preguntar la Changüis. Tres de moronga, dos de rajas con queso y uno de frijoles, por favorcito, volvió a pedir el Chácharas, la Changüis se le quedó mirando con una sonrisa congelada. Estoy a sus órdenes, caballero. El Chácharas cerró los ojos, parpadeó. Tomó aire. Tres de moronga, dos de rajas con queso y uno de frijoles… dijo de corridito. Si quiere se los apunto, sugirió muy atento. La cara de la Changüis se transformó. Sus ojos adquirieron un fulgor de ira contenida. Se hicieron más pequeñitos. Apretó los dientes. Su boca se torció. A la carrera y de mal modo sirvió tres de frijoles, dos de chicharrón y uno de picadillo con papas. El Chácharas miró el plato, los tacos, movió la cabeza de un lado para el otro, pero no dijo nada, se los fue comiendo despacito. Les sirvió un poco de salsa verde con aguacate… una briznita de sal… La Changüis y la Tutis no dejaron de mirarlo con ojos de pistola mientras el Chácharas comía. Al caballero no le cobres, le dijo la Changüis a la Tutis. Pero le dices que no queremos volver a verlo por el establecimiento. El Chácharas ni se inmutó, siguió comiendo sus tacos. Ni siquiera volteó a verlas. Cuando terminó se limpió los labios con una servilleta de papel, sacó un billete y lo puso sobre el puesto, se dio la media vuelta y se fue muy orondo. La Changüis hundió los puños en la bolsa delantera del mandil. Estaba que echaba chispas. Los cachetes estaban enrojecidos. A la Tutis le ganó la risa. ¿De qué te ríes… babosa?

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