Centro de Detención de Menores Migrantes en EUA

Centro de Detención de Menores Migrantes en EUA

Ahora comentaré mi experiencia vivida respecto de los menores migrantes aprehendidos por la Border Patrol y cómo los observé en un centro de detención para menores migrantes indocumentados.Como el lector advertirá: no he podido abstraerme de vertir a mis comentarios sin involucrar mis emociones en este duro viacrusis.

Mi experiencia con los agentes de inmigración de la Patrol Border en El Paso, me dio acceso a una experiencia muy fuerte: estuve frente a Jesús Ávalos Martínez, quien solo cuenta con 16 años, edad similar a la que entonces tenía mi hijo Omar Moctezuma de quien me interrogué sobre la posibilidad de que él lo fuera.

Después de ser aprehendido el joven Jesús Ávalos Martínez, fue llevado a ese lugar con los agentes de inmigración, para que hiciera su declaración como indocumentado. Un vez que se registraron sus huellas digitales, la base de datos electrónica indicó que ya tenía un récord de dos detenciones con una variación en su nombre. Pero, no cabía duda, aunque él no veía su imagen en la computadora, sus huellas lo delataban. Lo veo frente a un oficial de inmigración, quien apoyándose en los archivos del sistema de datos de la Patrulla Fronteriza, lo compara con los registros anteriores. Los datos revelan que nació el 8 de julio de 1990. Allí se explica que si reincide y llega a acumular un número determinado de detenciones, será procesado y privado de su libertad. Por ahora solo será deportado a México gracias a que es menor de edad, cosa que no sucedería si fuera centroamericano; en ese caso, sería trasladado a un centro de detención para jóvenes (más adelante trató este punto).

A la mañana siguiente visitamos un segundo albergue, el South West Key Shelter for Minors que funciona como el principal Centro de Detención para Menores no Acompañados. Igual que en el caso anterior, su población está constituida por jóvenes centroamericanos cuyas edades están entre los 14 y 17 años, lo cual indica que, con todo y sus consecuencias, se trata de un sector que debe ser separado de los adultos. Por supuesto, esto los hace más vulnerables a abusos de todo tipo.

El Shelter for Minors es parte de la Agencia de Refugiados de Estados Unidos, la cual se encarga de su financiamiento. Su personal reconoce que “todos los niños llegan asustados…” Lo primero que se hace es darles comida y asignarles un trabajador social, quien se encargará de explicarles que éste no es un Centro de Detención, sino un lugar muy distinto que funciona como un albergue, lo cual es el resultado de los reclamos que han llegado a los tribunales promovidos por ONG´s y difundidos en los medios de comunicación. Sin embargo, cuando pregunté por la difertencia entre un centro de detención y un albergue no se me dieron explicaciones convincentes. Lo real es que se encuentran privados de su libertad.

El trabajador o trabajadora social es también el encargado de localizar a los familiares de estos menores en Estados Unidos, o en su país de origen, utilizando los medios de comunicación de alguna radiodifusora local o los servicios de la iglesia de la comunidad. En algunos casos, quienes llegan hasta ese lugar son indígenas que no hablan Español como sucede con algunos guatemaltecos. Para este caso se busca a alguien  que pueda servir de traductor. La excepción es que haya niños que no posean algún familiar. En este caso se busca una familia que en Estados Unidos quiera asumir su custodia. Obviante, esto está fuera de toda racionalidad humana sobre derechos humanos.

El Centro cuenta con habitaciones amplias, algunas de ellas compartidas. Son muy cómodas y tienen un lugar de convivencia social con sofás y televisor. Obviamente, como dice una canción de Los Tigres del Norte “la cárcel, aunque sea de oro no deja de ser prisión”.

Quienes están a cargo de este albergue no son oficiales de inmigración, sino instructores académicos que enseñan a los internos en las disciplinas de su especialidad, además de ofrecerles talleres de mecánica, pintura, música, repostería y dibujo técnico. Se percibe que este centro se reconoce como un espacio donde priva la pluralidad: en las paredes están desplegadas las banderas de El Salvador, Guatemala, México, Estados Unidos, etc. Llama la atención un cuadro artístico con la imagen de un puño humano que se extiende a ambos lados perdiendo suavemente sus formas con la leyenda: “muchos países, muchas culturas”. Pedí una fotografía de este hermoso cuadro, pero se me negó, la verdad, a pesar de haber pintada por un menor, era tan profunda que me pareció adecuada para la portada de uno de mis libros.

Quienes aquí están recluidos tienen teóricamente derecho a solicitar ir a juicio con la intención de quedarse a residir en Estados Unidos. Hay un grupo de abogados de “Las Américas” que los asiste. Uno de los cuestionamientos de este centro es que si el familiar se encuentra residiendo como indocumentado, siempre tendrá muchos problemas para asumir la custodia, ya que tiene que mostrar solvencia económica, entrar en relación con el grupo de abogados y acudir personalmente al lugar lo que en términos reales lo hace un blanco probable de aprehensión.

Una reflexión de esta experiencia indica que, aunque los jóvenes muestran un alto proceso de adaptación, saben que son muy vulnerables y que sus sueños de superación y trabajo han sido truncados. Por ejemplo, un joven guatemalteco, hijo de un inmigrante indocumentado, que llevó su caso a los tribunales, y a pesar de que tenía muchas posibilidades de ganar su juicio, decidió volver a Guatemala porque sabía que su mamá estaba muy triste. Él dijo, tratando de retener el llanto: “venía a estudiar y a reunirse con mi padre, pero fracasé…” En el Shelter for Minors hizo muchos amigos y ahora también le conflictua despedirse de ellos. Antes de que parta, habrá una reunión general de despedida. Una de las cosas que este joven tiene que hacer es dejarles un mensaje escrito en un tablero. A su vez, dos trabajadores sociales, con un alto grado de sensibilidad reconocen que a estos niños les coge cariño y ello se debe a su vulnerabilidad e historia personal. Al ver la tristeza de este menor, pregunté si yo lo podía “adoptar”, la respuesta fue contundente: usted está de visita y no es ciudadano americano…

Efectivamente estos muchachos tratan de llegar Estados Unidos cargados de ilusiones. Llegan a reunirse con sus padres, a trabajar con ellos y en algunos casos traen la ilusión de estudiar. Son jóvenes que no han tenido una niñez estándar. La mayoría han trabajado sustituyendo la ausencia de su padre, otros, hijos de madres solteras, han asumido prematuramente su rol de varones. Un trabajador social recuerda una experiencia de un joven que al llegar a Shelter for Minors lo primero que él preguntó fue que cuánto tiempo iba a estar retenido; al enterarse que probablemente 45 días, le dijo que su mamá en Guatemala se iba a morir. Él se dedicaba a tejer y con ello mantenía a su madre. Antes de llegar a Estados Unidos estuvo reuniendo dinero para el pasaje y dejarle a ella un fondo provisional. Pensaba llegar a Estados Unidos y enviarle inmediatamente dinero, pero, le había tocado mala suerte, y ahora su principal tormento era no poder volver inmediatamente a Guatemala. Eso hizo que se apresurara su deportación.

A diferencia de los países centroamericanos, México tiene con Estados Unidos a partir de 2006 un acuerdo de repatriación ordenado de menores que viajan solos. Como parte de ello, se han pactado horarios entre las autoridades y se ha establecido un programa de albergues por el DIF nacional y local en Ciudad Juárez. Solo se recibe a estos menores a través del puente principal “Paso del Norte-Santa Fe” en una especie de Jardines de Niños, luego se transportan a los albergues de la frontera del lado mexicano. El drama mayor es la existencia de casos donde los infantes son tan pequeños que no están en condiciones de aportar su nombre y menos el de sus familiares ¿qué sucede con ellos? El Gobierno mexicano tiene mucho que decir al respecto.

Pero ¿cómo llegan estos niños a territorio estadunidense? Los padres los han entregado a polleros o a conocidos suyos para que los crucen, y al verse descubiertos los abandonan a su suerte. También es probable que al momento de ser sorprendido cruzando a un grupo de indocumentados, los menores sean separados de los adultos, lo que de darse el caso, hechos como estos podrían llevarse a los tribunales internacionales como violación de los derechos humanos. Sin embargo, esta hipótesis requiere de un seguimiento minucioso por parte de las autoridades mexicanas.

Nos dirigimos a la Garita de Santa Teresa en el poblado de Fabens, más al Oriente de El Paso en donde tenemos oportunidad de conocer una de las zonas de cruce de indocumentados más intensas, y en donde también se dice que cruzan droga.

En el camino voy reflexionando en la tesis de que frontera es un espacio de poder, construido por el Estado estadunidense, donde la imagen del muro es la expresión más atroz de una construcción social. Recuerdo que antes he discutido con un académico la idea de que las fronteras no son fijas, Columbus es un buen ejemplo de ello, a lo que replico: es cierto, la frontera se mueve, pero siempre se ha movido en contra de nosotros; por supuesto, esto incluye la alteración que hemos sufrido en las imágenes de mayor aversión de la llamada opinión pública estadunidense, la implementación selectiva de redadas contra indocumentados, la militarización de la frontera, los ataques a la enseñanza bilingüe, la reducción del acceso a la educación y salud, los despidos laborales posteriores a las marchas del primero de mayo pasado, la persecución por los grupos llamados Minus Man y ahora también el discurso xenófobo que desde la teoría arman los asesores de la clase política conservadora, como Samuel P. Huntington quienes juntos ponen el grito en el cielo de que un peligro recorre América: los inmigrantes.

La Garita de Fabens está en una zona rural. Allí ha sido establecida para frenar el ingreso de indocumentados, quienes ahora han desplazado sus cruces más hacia el Poniente y Occidente. La explicación que de estro se tiene es que las zonas de cruce se mueven como resultado del incremento de la vigilancia en un lugar. La Garita de Fabens no es un edificio grande, sino modesto. Tiene su puente, pero en esta parte, el Río Bravo ha perdido su cauce “ha dejado de ser río, y de ser bravo”. El puente tiene una altitud de 2.5 metros y cuenta con una longitud de 60 metros aproximadamente. El aire es intenso y frío; en el lugar se levantan grandes tormentas de polvo que dificultan la visibilidad. Se cuenta con una máquina que sirve para detectar y mirar el cruce de indocumentados a una distancia de dos millas. Cuenta con rayos infrarrojos y eso permite observar en la oscuridad. Esa máquina, según su expresión“son los ojos de los agentes”. Es simplemente como una grúa, que se levanta a una altura de alrededor de 4 metros, cuenta con cabina equipada y desde allí se puede mirar el panorama a través de las cámaras. El aire es tan intenso que provoca una cortina de polvo que es aprovechada para el cruce de los indocumentados; además, también obliga a los oficiales a bajar de altura el equipo técnico de vigilancia.

Cuentan los agentes de inmigración que esa garita se estableció recientemente en ese lugar debido a que creció el número de cruces. Del lado mexicano existen unas pocas casas dispersas. Los agentes de la patrulla fronteriza dicen que esas casas sirven para la llegada de indocumentados. Según ellos, se ha blindado esta parte de la frontera, pero, están claros que el cruce se ha recorrido en direcciones opuestas y eso seguirá y seguirá. La imagen que los agentes de inmigración tienen de este operativo de control es el de un globo que se presiona por el centro y que se extiende a los lados.

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