Crisis de sentido/ crisis global: tanteos y exploraciones (I)

Crisis de sentido/ crisis global: tanteos y exploraciones (I)

No es sólo un reducido número, forman ya “legión” los observadores de la situación mundial contemporánea que advierten que… si el mundo sigue tal como va, avanzaría de desastre en desastre, (-una “cadena de catástrofes”-) para desembocar más temprano que tarde en el colapso eco-civlizatorio. Frente a esa hoja de ruta, no cabe la ingenuidad.

Hay autores que consideran posible el “improbable beneficio” que generaría –sin que sepamos aún… cuando, ni cómo- un cambio -urgente- a escala planetaria. Entre ellos, se encuentra Edgar Morin conocido por su teorización sobre el “pensamiento complejo”, que ha firmado recientemente el Manifiesto de los Sociables, donde entre otras ideas, relanzan la noción de “convivialidad” propuesta en México por Ivan Illich, aunque -según Morin-, hay que repensar “la convivialidad” en la medida en que estamos en un tiempo, en que todo, se convierte en fuente de problemas, la crisis -y su gestión, para el propio beneficio –excluyente- por parte del capitalismo financiero, el cambio climático, la producción de alimentos, el agua, la generación de energía, la violencia, el crimen organizado, etc., incluyendo a las “instituciones mundiales totalmente insuficientes, impotentes y arbitrarias como la ONU o desviadas como el FMI.”

Desde luego, no es un panorama desconocido (se trata de un “cuadro” en que se comparten ciertos trazos que nos indican la destructiva vía que estamos siguiendo a escala planetaria).

Por el contrario, estaríamos ante representaciones sociales que se encuentran -más o menos difundidas, si bien de modos difusos-, en múltiples versiones que mezclan de manera abigarrada, textos y argumentos de origen muy diverso, que, en una enumeración mínima podemos recordar: desde James Lovelock, autor de el Planeta-Gaia, quien sostiene, que la tierra (el planeta viviente), no soportaría, en el ocaso del siglo 21, una población mayor a una decima parte de la población esperada”. Este tipo de posiciones, son peligrosas, porque dejan abiertas formas de maltusianismo social, que pueden terminar justificando las prácticas genocidas, algo por lo demás palpable en la pobre y equivocada argumentación de los neonazis, sintetizada en uno de sus lemas actuales: “sed violentos y crueles”.

También las observamos en algunas explicaciones (pseudo) “religiosas”, como en las versiones apocalípticas más recalcitrantes, reeditadas en estos tiempos de crisis, y compartidas por amplios sectores sociales, en la modalidad de “narrativas”, que abarcan una gama que iría, desde las incoherentes y confusas, a las más o menos organizadas, sin faltar aquellas con una coherencia cuasi-paranoica, más o menos compartidas socialmente. Incluyendo, mezclas, con ideas parcialmente científicas, o bien pseudo-científicas-, cuando no lisa y llanamente falsas, pero siempre presentadas como “científicas”, o, cuasi-delirantes, -para recordar solo un ejemplo- las de “los reptilianos”. O, bien, todas las referidas a “Los Iluminati”, que es un refrito del famoso e infame… “Protocolo de los Sabios de Sión”, que justificó las masacres y genocidios contra los judíos. Podríamos seguir, enumerando un interminable etcétera de estas storyboard, verdaderos “mitologemas”, que en sus diversas versiones, convergen, en su lado mortífero, necrofílico, en un culto a “las soluciones finales”, terminando por aprobar (por activa o por pasiva), crímenes de lesa humanidad, etc. en nombre de una idea fija… “el planeta es pequeño y no cabemos todos”.

En general, volviendo al tema, son muchos los movimientos y/o “sectas”, que apuntan a trazar un panorama deliberadamente apocalíptico, para inducir en la población-objetivo, adhesiones, por la vía de la perdida de interés en un mundo común -la composición de lo común-, en la participación directa en los asuntos públicos (despolitización), o en la vida comunitaria, junto a un retraimiento en la esfera privada. Incluyendo esas auténticas caídas en formas de sometimiento, que suelen ser asumidas como “servidumbre voluntaria”, tan alienadas -o enajenantes-, hasta el punto en que se ha desarrollado todo un conjunto de teorías y técnicas para ayudar a las “víctimas” a romper con las cadenas mentales, afectivas, etc., que las mantienen esclavizadas al universo simbólico y afectivo de quienes detentan el poder dentro de esas realidades “totales y totalitarias” en expansión.

Como sabemos por los estudios sobre las sectas, y también sobre los cárteles, ese tipo de sociabilidades emergentes, y sus “identidades negativas”, llegan a tener elaboraciones culturales más amplias, como el ejemplo de los ideólogos de “la Familia”, o cultos como el de la Santa Muerte, etc. Que estarían demostrando que la creación social, no es propiedad de los “políticamente correctos”, ni de los comprometidos con las causas más nobles.

Son respuestas antinómicas frente a la crisis del sentido, elemento principal de la crisis global, que vivimos en estos tiempos de “metamorfosis”. La idea de la “paz con justicia y dignidad”, debe ser realista, y repensar lo frase de Edgar Morin: “La violencia es a veces inevitable pero es erróneo pensar que es justificada y necesaria porque entonces genera otras violencias.”

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