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sábado, 28 mayo, 2022
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Ciudadanía de tiempo completo

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Por: JORGE ADÁN HERNÁNDEZ LÓPEZ •

Desde que cursábamos la educación primaria se nos ha enseñado que las y los mexicanos a partir de los 18 años de edad tenemos el derecho de votar y ser votados y que el ejercicio del voto es un derecho como ciudadanos; aunque la mayoría de las cátedras al respecto, se limitan a hablar sobre el ejercicio del voto, no se analiza con profundidad sobre los derechos y obligaciones que conlleva ser una ciudadana o un ciudadano. Probablemente desde ahí, se ha colocado en el pensamiento colectivo que con salir a votar ya estamos cumpliendo al 100% con nuestros derechos y obligaciones como ciudadanos. Las consecuencias de eso sin duda, son los malos gobiernos.

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Los seres humanos vivimos en sociedad y de una forma u otra aceptamos la forma de vida que eso conlleva, tomamos el papel o el rol que decidimos tomar o que la misma sociedad de alguna manera nos impone; como personas, tratamos de desarrollarnos en el ámbito académico, laboral, familiar, cultural, social, etc. Para que ese desarrollo sea pleno, las personas tenemos la oportunidad de ejercer distintos derechos y obligaciones, eso hace que de alguna forma nos sintamos seguros, pues creemos que estamos en pleno goce de todos nuestros derechos y que estos están garantizados por las leyes; pero, probablemente, esos derechos, no los ejercemos plenamente, porque quizá ni sepamos como ejercerlos, tal como lo son los derechos ciudadanos.

Los derechos ciudadanos en México, se obtienen con la mayoría de edad, es decir, al cumplir 18 años; a partir de ese momento, las personas ya son responsables legales de sus actos, ya se puede adquirir propiedades a nombre propio, ya se puede casarse sin la autorización de los padres, ya se puede ir a la cárcel si se comete algún delito y lo más trascendental de cumplir con la mayoría de edad, ya se puede ir a tramitar la credencial de elector para poder identificarse y salir a votar. En fin, todo lo anterior, se puede pensar que son las responsabilidades o consecuencias de adquirir la ciudadanía, pero no es ni una pequeña parte de toda la gran responsabilidad que en realidad significa.

Por estar tratando un tema de las ciencias sociales, definir el concepto de “ciudadanía”, podría no ser tan exacto, ya que varía según el autor, la región o el ámbito de estudio; pero en este caso podemos decir que la ciudadanía es la “condición que reconoce a una persona una serie de derechos políticos y sociales que le permiten intervenir en la política de un país determinado”. De lo anterior tenemos entonces que resaltar que un ciudadano o una ciudadana se involucran en las decisiones y el rumbo político de su municipio, Estado y país.

Involucrarse en la política, puede tener muchas formas, no solo es votar por el partido o por la candidatura que más nos convenga o más nos convenza. Existen múltiples formas de ejercer la ciudadanía, como el derecho a pertenecer o formar un partido político, el derecho de petición a los servidores públicos, el derecho de ser nombrados como servidores públicos, el derecho a participar en las consultas populares, el derecho de presentar iniciativas de ley, derecho a participar en foros sobre temas trascendentales, en fin, la ciudadanía nos permite formar parte de todo tipo de actividad de participación ciudadana que la propia ciudadanía o las instituciones públicas promuevan, todo ello con resultados vinculatorios a las autoridades, partidos políticos y representantes populares.

En nuestro país, de manera errónea, la mayoría de las y los mexicanos solo ejercemos la ciudadanía el día que hay elecciones, el día que hay que elegir al presidente municipal, al diputado, al gobernador o al Presidente; el resto del tiempo somos personas que vemos desde lejos las decisiones que van definiendo el rumbo de nuestro municipio, Estado o país, aunque éste sea bueno o malo. La población está alejada de la participación ciudadana, lo que propicia gobiernos sordos y ciegos ante los reclamos de la sociedad.

Una de las frases más icónicas del Presidente López Obrador, es la de “solo el pueblo puede salvar al pueblo”, sin duda, lo que esa frase significa es que ni partidos políticos, ni líderes, ni organizaciones podrán transformar por si solos al país, sino que tiene que ser mediante la participación ciudadana, es decir con la participación directa de cada mexicano y mexicana.

En meses pasados fuimos testigos de un mecanismo de participación ciudadana, la consulta popular de juicio a expresidentes; ahora el próximo derecho a ejercer será la consulta de revocación de mandato. Para muchos, son mecanismos innecesarios, que solo buscan posicionar a gobiernos o partidos, quizá no se ha comprendido que en este sexenio se están sentando las bases de una transformación que necesita de la mayor participación ciudadana posible.

Para transformar nuestro entorno, desde nuestra colonia o comunidad, hasta nuestro país, más partidos y políticos, necesitamos ser ciudadanos y ciudadanas de tiempo completo, que impulsen los cambios que se necesitan, que se involucren en política más allá de simples elecciones.

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