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■ Historia y Poder

Guillermo Fonseca Álvarez, de memorias tristes y raterías innombrables

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR •

A los 92 años dejó de existir el potosino Guillermo Fonseca Álvarez y las opiniones se dividieron en dos bandos: los que lo exaltaron como presidente municipal o gobernador de su estado, alto dirigente nacional del PRI en sus organizaciones populares y los que lo tildaron de canalla y represor, abusivo a gran escala en su forma de gobernar y en donde se sucedieron represiones a movimientos estudiantiles, ferrocarrileros, campesinos y el acoso constante a lideres de izquierda, así como la compra desmesurada de intelectuales y la formación de cuadros que le dieran viada al proyecto nacional de un partido en  decadencia.

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Largas son las historias de los agravios que de 1973 a 1979 el Gobernador Fonseca Álvarez hizo contra los potosinos, no solo la fabricación de los famosos “bombazos” de 1975 en pleno centro de la capital potosina lo que desató numerosas muertes y la cacería de lideres estudiantiles y de izquierda, como Julio Hernández López y Carlos López Torres, uno como guía de los jóvenes preparatorianos en contra de la alza de tarifas  y el profe como ejemplo del Partido Comunista Mexicano en agitar las conciencias de la resistencia ante el abuso policiaco, el desorden en las juntas de conciliación y arbitraje, la connivencia entre diputados y funcionarios para el saqueo descomunal del erario presupuestal.

Cualquier deceso opaca a la humanidad, cuando fallece un mexicano el cielo se ensombrece y algunos dirán qué buena sobras hizo y otros, los muchos, cuantos desmanes provocó con el acoso de policías judiciales, la desaparición directa de lideres estudiantiles, el asesinato a mansalva de lideres campesinos como lo acontecido en 1976 con Eusebio García en el ejido los Otates y su campamento Tierra y libertad, así como calumniar a la oposición de querer “asaltar al palacio de gobierno” y así desatar peor aun el acoso, la intimidación, la falsedad y el infortunio.

La alta pobreza campeaba en el campo potosino y en las numerosas ciudades potosinas, los latifundistas y terratenientes eran protegidos por un gobernador omiso ante el despojo, las guardias blancas asesinas como brazo ejecutor de dueños de inmensas tierras y ríos de cultivo, en las colonias populares cero atención en pavimentaciones o donaciones directas de cobijas ante el frio y en cambio, la tortura policiaca como bastón de mando, el contrabando de mercancía estadounidense, el apoyo directo al cultivo de la mota en Rioverde, la famosa “verdelimón” de fama mundial, el rompimiento de huelgas, la apariencia de gobernabilidad y eso si: la compra directa de opositores con prebendas y viajes y puestos públicos.

Mucho destierro durante su mandato. El deber de un gobernante no es solo realizar obras publicas sino preservar la ley y las constituciones, promover la austeridad y el equilibrio entre poderes, nada de eso sucedió y le dio pie a que entrase el cacique mayor Carlos Jonguitud Barrios, dirigente nacional de los maestros y que provocó aun mas el saqueo, la inmundicia, la apariencia y la hipocresía de miles de funcionarios que aparentaban aportar a su gobierno la paz y la equidad y la eficiencia.

Todo lo contrario.

Luego de haber terminado su gestión como gobernador huyó a la ciudad de México en donde una larga ristra de puestos lo siguieron enriqueciendo mientras millones de mexicanos le entendía al asunto: ser funcionario es enriquecerse, despreciar a las mayorías, no fijarse en las demandas populares, ni intentarlo, pues muchos solo siguieron el lema de que “este desmadre ya estaba así cuando llegué”.

Por lo que a mi me toca, siendo miembro del Grupo Zopilote, a los 16 años, muchas crisis vivimos por el constante acoso policial , solo  éramos un grupo musical y teatral y de poetas apoyando a los pueblos mas pobres en sus legitimas demandas; pues bien, el gobernador Fonseca nos acusó que queríamos, con demás organizaciones de izquierda y populares, de “querer asaltar a palacio de gobierno” y recuerdo el drama en nuestras familias, que aunque ya no vivíamos con ellas, teníamos permanente contacto, pues nuestra rama era dar muchas funciones en todo el país, vivir en comunidad, fabricar obras teatrales, espectáculos de altísima calidad, periódicos rancheros, mítines y encuentros nacionales fantásticos del teatro y la música de protesta.

Luego las cosas se calmaron contra nosotros y hasta hubo tratos afables. 

Pero nunca nos vendimos ni callamos.

Mi madre lo conoció en sus mocedades y hasta quien sabe qué cortejos pudieron ser. No me Interesa.

Sólo recordar.

Y al recordar, sublevarnos siempre.

Pd. Mi madre, de cepa gitana, era famosa en el barrio de San Miguelito y muchas y muchos le decían “la Yesenia”, leía las cartas a medio San Luis, entre la gente acomodada, asistía la esposa del gober y le comentaba de sus desvaríos y despotismo ilustrado y bárbaro.

Nosotros Venceremos.

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