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Una derecha sin brújula… y un pueblo que sigue avanzando

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Por: MARIANO CASAS •

Este fin de semana, una nueva marcha de la “oposición” ocupó algunas calles del país. Fue convocada, según sus promotores, por la llamada “Generación Z”, como una expresión juvenil y ciudadana. Pero terminó encabezada por los mismos de siempre: los partidos del pasado, sus líderes reciclados, opinadores de élite y empresarios con cuentas pendientes con el fisco.

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Lo que debía ser una muestra de participación democrática terminó exhibiendo el verdadero rostro de una oposición sin ideas, sin liderazgos jóvenes y sin proyecto de país. ¿El resultado? Pancartas ofensivas, discursos de odio y consignas como: “revocación a la chichis de limón”, “pta jdía”, “no más indígenas en el poder”, “la prole no sabe votar”… mensajes profundamente misóginos, clasistas y abiertamente antisemitas.

No se manifestaron por mejorar la salud, la educación o la seguridad. No propusieron soluciones ni expusieron rutas. Solo marcharon para burlarse del cuerpo de la presidenta, negar los avances del país y defender los privilegios que antes les pertenecían.

Lo que sí dejaron en evidencia fue cómo los sectores más conservadores de nuestra sociedad siguen utilizando el cuerpo de las mujeres como arma política. No les incomoda una política pública: les incomoda que una mujer gobierne.

  • No hay crítica, hay misoginia.
  • No hay oposición responsable, hay clasismo.
  • No hay debate, hay odio.

Esta no es una anécdota aislada, es parte de una narrativa profundamente reaccionaria en la que se niega cualquier avance si proviene de la izquierda, y se descalifica cualquier política si no responde a sus intereses personales. Así, se convierten en blanco de ataques incluso a quienes jamás militaron con ellos. Basta recordar cómo, tras el lamentable asesinato del presidente municipal de Uruapan —llegado por la vía independiente y antes diputado por Morena—, las derechas intentaron adjudicar su figura como símbolo de su propia causa. No les interesó su trayectoria, ni su historia, ni su autonomía: les interesó instrumentalizar su muerte.

Hoy solo se suman a lo que arda: si Trump amenaza con aranceles, aplauden; si hay una tragedia natural, la usan; si ocurre un crimen, lo convierten en estandarte. No construyen líderes, no generan identidad con las bases, no inspiran confianza. Solo reaccionan, se cuelgan del conflicto y lo alimentan.

Esa es la lógica perversa de una oposición sin brújula.
Se cuelga de las tragedias para obtener likes.
Encabeza marchas sin objetivos.
Repite discursos huecos desde las trincheras de sus privilegios.

Mientras tanto, se niegan a mirar al México profundo, al México de los olvidados, al que hoy por primera vez es prioridad de gobierno. Porque mientras algunos se organizan desde la comodidad de sus burbujas de privilegio, la Cuarta Transformación construye obras estratégicas como el Tren Maya, el AIFA, el Interoceánico o nuevas universidades. Levanta clínicas en comunidades rurales, abastece medicamentos con un nuevo modelo de distribución, y fortalece la salud pública con programas como “La Clínica es Nuestra” y “Salud Casa por Casa”.

Y no es discurso: son hechos.

  • 13.4 millones de personas han salido de la pobreza.
  • Hay récord histórico en inversión extranjera directa.
  • Millones de adultos mayores, personas con discapacidad y jóvenes reciben apoyos sociales.
  • El salario mínimo se duplicó.
  • Por primera vez, una mujer encabeza el Ejecutivo con más del 79 % de aprobación ciudadana.

¿Y la oposición? ¿Dónde están sus propuestas? ¿Dónde están sus liderazgos técnicos, su proyecto de nación? No existen. Por eso necesitan convertir el cuerpo de una mujer en objeto de burla. Por eso repiten sin cesar que “todo está mal”, aunque millones de mexicanos tengan hoy lo que antes se les negó. Por eso disfrazan de “humor político” lo que en realidad es violencia simbólica.

Una consigna como “revocación a la chichis de limón” no solo es vulgar: es profundamente reveladora. Dice más de quienes la gritan que de quien la recibe. Muestra su falta de argumentos, de altura, de ética. Y también su miedo: miedo a perder los privilegios de siempre, miedo a un país que camina hacia la igualdad, miedo a una democracia con rostro de mujer.

Y mientras la derecha juega con el fuego de la desinformación, el clasismo y la misoginia, el pueblo sigue avanzando.
No por ellos, sino a pesar de ellos.

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