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domingo, 27 noviembre, 2022
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Mujeres destacadas de la Revolución

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     Cientos de mujeres llenan los espacios con sus biografías, las páginas del Diccionario Histórico y Biográfico de la Revolución Mexicana, donde se recopilan los movimientos y luchas de la gran gesta revolucionaria, iniciada en 1910, y de quienes en ella fueron protagonistas. 

     La vida y actuación de esas mujeres, ya de por sí importante, se desarrolló en los ámbitos más variados, en una totalidad comprendida entre los últimos años del siglo XIX; las dos primeras décadas del siglo XX, y aún después en el caso de las sobrevivientes, que continuaron luchando por la causa, en los terrenos ideológico, educativo, político y cultural.

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      Desde 1887, actuaron como revolucionarias y patriotas en forma tal, que, sin saberlo, sus vidas quedaron inscritas en las páginas de la historia.

     La escritora Laureana Wright de Kleinhans, mexicana nacida en Taxco, Guerrero, fue una visionaria de lo que ocurriría años después en el país. Las diferencias sociales existentes le motivaron a hacer pública su protesta, al escribir acerca de la demanda del sufragio para la mujer y la igualdad de oportunidades para ambos sexos en “Violetas de Anáhuac”, primera revista femenina en México, fundada hacia 1884.

     Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, a través de la revista “Vespa”, defendía a los mineros y lanzó una proclama a la dictadura de Porfirio Díaz; por su parte, Guadalupe Rojo Muda asumía la dirección de “Juan Panadero”, periódico fundado por su esposo en la ciudad de Guadalajara, Jalisco en 1889, y que más tarde se publicaría en la Ciudad de México. Emilia Enríquez de Rivera, en “El Hogar” y Julia Sánchez en “El Látigo Justiciero”, lanzaban violentas críticas a la oligarquía.

     Al morir Madero, como consecuencia de la traición de Victoriano Huerta, se organizaron los ejércitos reivindicadores. En 1914, Manuela de la Garza de Jackson, no sólo se limitó a escribir algunas líneas de protesta, sino también en favor de Madero, Venustiano Carranza y Francisco Villa.

     Pero no solo las periodistas e intelectuales tomaron la causa de la Revolución. Las obreras de diferentes ramas de la producción, también comenzaron a organizarse para la defensa de sus condiciones de trabajo. En 1907, cuando los trabajadores de la Fábrica de Río Blanco, en Orizaba, Veracruz, se disponían a reanudar sus labores, después de una huelga infructuosa, un grupo de mujeres decidió impedirlo, entre ellas, Isabel Díaz de Pensamiento, Anselma Sierra, Carmen Cruz, Margarita y Guadalupe Martínez y Lucrecia O. Toriz, quien se enfrentó, enarbolando una bandera revolucionaria, a los empleados de la empresa que les dispararon, sobreviniendo la violencia. Ella fue la primera luchadora social sacrificada, por quienes no comprendieron la necesidad de los cambios en las condiciones de franca injusticia social prevaleciente.

     La situación de desequilibrio social, fomentada por el porfiriato, había sido ya analizada y combatida por los anarcosindicalistas Ricardo Flores Magón, Librado Rivera y Juan Sarabia, en su carácter de precursores del movimiento revolucionario.

     Posteriormente, Madero ideólogo por excelencia, se convertiría, en 1908, en defensor a ultranza de la democracia y de la justicia social. 

     El número de mujeres combatientes en los frentes de batalla, no sólo fue importante por el hecho de haber sido ellas quienes empuñaron las armas, sino porque estuvieron al frente de los batallones de soldados y guerrilleros, en cuyas acciones bélicas hicieron denotar hasta el exterminio al Ejército Federal primero, de Porfirio Díaz, y después, de Victoriano Huerta. 

     Papel muy importante fue el de las agentes confidenciales, que exponiendo sus vidas, entregaban mensajes secretos de los altos jefes militares, así como el de las enfermeras militares y las voluntarias que perdieron la vida en combate o en los hospitales derruidos por las tropas federales. 

     En esta población de mujeres de la Revolución no podían faltar las soldaderas, mujeres que al lado de los caudillos o de sus hombres, realizaban en los campos de batalla, actividades indispensables para la sobrevivencia de los ejércitos y sus seguidores ni tampoco las mujeres precursoras del feminismo en México, las Socialistas de Yucatán y las sufragistas que lucharon por los derechos políticos: de votar y ser votadas en las justas electorales. 

     También es de reconocer a todas aquellas mujeres que, en 1919, integraron el Consejo Feminista Mexicano, en su carácter de antecesoras indiscutibles de quienes ahora se ocupan del quehacer legislativo en los niveles estatal y federal del país.

     El proceso de cohesión que nuestro país ha experimentado, a partir de la Revolución Mexicana, ha dejado ver que uno de los incentivos fundamentales de ese movimiento social, estuvo encausado en lograr la emancipación de la mujer. 

     Hay que reconocer que gran parte del debate nacional se ha fincado en torno de la calidad que nuestra legislación fundamental ha otorgado a la mujer, en un esfuerzo por equilibrar derechos y obligaciones. El fruto de este debate ha sido que el Estado reconozca y plasme en la Constitución, la responsabilidad de respetar y hacer respetar la igualdad jurídica entre el hombre y la mujer. 

     La integración de la mujer en el desarrollo no solo debe constreñirse a fortalecer los instrumentos jurídicos y a crear acciones sociales en su beneficio, debe avanzar…

      

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