En días pasados la Casa Blanca de Donald Trump dio a conocer las directrices de lo que será la política internacional que emprenderán los Estados Unidos, cuando menos, durante lo que resta de su mandato, promoviendo que sea ésta la política de Estado, de nuestro vecino norte, para las próximas décadas. Hay expertos que advierte que los puntos más importantes de dicha política no necesariamente se extinguirían en caso del arribo de un mandatario de corte demócrata en 2029. Por azares generosos del destino, hace poco menos de un mes, en una ganga de una feria de libros de uso, me atrapó la lectura de “El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial” del politólogo Samuel P. Huntington, en cuya teoría desarrollada en tal texto, parece estar sustentadas la que se ha llamado “Doctrina Donroe”, en una no muy amable referencia a la históricamente conocida Doctrina Monroe, que en el convulso siglo XIX, fue una constante en los conflictos que vivieron las repúblicas latinoamericanas, y particularmente México.
Es relevante que, en su Estrategia Nacional de Seguridad, la administración Trump, reconoce como un factor superior al comercio, la identidad cultural, para generar coaliciones entre Estados-nación. Una teoría que Huntington desarrolla de principio a fin, destacando como el comercio sería siempre una herramienta insuficiente e incluso incompleta, dadas ciertas diferencias idiosincráticas entre las distintas naciones.
En su Estrategia Nacional de Seguridad, la Casa Blanca parece apostar por un mundo multipolar, en la que se reconocerán regiones de influencia para potencias con la capacidad de dominarlas. Se entiende que se refiere particularmente a China y Rusia. En el primer caso, reconociéndole implícitamente predominancia en el sureste asiático, y en el segundo en lo que constituyó en su momento la URSS, y potencialmente, una parte considerable de Europa. El mismo hilo argumentativo puede leerse en “El choque de civilizaciones”. También hay otra interesante postura en la que coinciden ambas posturas: la defensa de lo que se llama la Civilización Occidental, que el autor del libro en cuestión identifica con las siguientes instituciones, prácticas y creencias: el legado clásico de las culturas griega y romana, el latín y el cristianismo; el catolicismo y protestantismo; las lenguas europeas; la separación Estado-Iglesia; el imperio de la ley, o lo que conocemos más comúnmente como Estado de Derecho; pluralismo social, entendida como la diversidad dentro de las sociedades occidentales; los cuerpos representativos, partiendo del ejemplo de los parlamentos; y el individualismo, partiendo de “una tradición de derechos y libertades individuales únicos”. Todos estos elementos no los ve el autor, sino en los países del Atlántico Norte, y por tanto ausentes en Asia, Oriente en general (y árabes particularmente), África y particularmente América Latina. Es esto lo que hoy, en teoría, la Casa Blanca ve en riesgo en Europa, a partir de un fenómeno que el propio Huntington ya avizoraba: la migración desde el norte de África y Medio Oriente a Europa Occidental, y con ello, un proceso de acoplamiento cultural de las instituciones y sociedades occidentales a partir de sendos grupos poblacionales con una perspectiva cultural diferente.
Hay una cuestión interesante: México. Para el autor de El choque de civilizaciones, nuestro país se encuentra en la categoría de “país desgarrado”, es decir, uno que se debate entre unirse de plano a la civilización occidental o permanecer en su ubicación histórico-cultural ajena a ésta. Habrá que decir que el texto que leo data de 1996 y se trata de la primera edición. Por lo tanto el también autor de “La tercera ola” se refiere principalmente a las reformas que tuvieron lugar en nuestro país en la década de los 80s y 90s, entre los gobiernos de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari. El autor cuestionaba entonces la falta de democratización en la transición de un país latinoamericano a uno norteamericano.
Nos encontramos pues ante una interesante coyuntura histórica mundial (otra) que parece que siguiendo el hilo conductor de Huntington, definirá en mucho las relaciones internacionales de la ésta y la próxima generación y que, dada la irreversible globalización y sus efectos en lo doméstico, impactará también en los procesos políticos nacionales e inclusive locales. Muy atentos pues habrá que estar para entender las claves de este no tan novedoso paradigma, y considerando las fechas, aprovechar el tiempo para explorar la lectura del texto multicitado.
@CarlosETorres_



