Es uso y costumbre de los gobiernos de EEUU imponer sus decisiones por la vía de las armas, aunque la ley y la razón no les asistan. Pero, despliegan una campaña plagada de distorsiones y mentiras que evidencian las contradicciones entre funcionarios, o según avanzan los acontecimientos. Parece ser que quienes menos perciben las falsedades es la misma población norteamericana. Ya en el siglo antepasado dos barbones alemanes señalaron que “…la ideología dominante es la ideología de la clase dominante…”, por cuanto la propietaria de los medios de producción también dirige al gobierno y son propietarios de los medios de adormecimiento mental (enajenación).
Afirmaciones de que Donald Trump se preocupa por el tipo de régimen y la democracia en Irán es falso. Igual de falso resultó su lucha contra el chavismo de Venezuela y su afán de exportarles su “democracia” gringa; esa que, en USA, ladea los votos a favor del que maneja más dinero de las grandes empresas automotrices, armamentistas, farmaceúticas, petroleras, mineras, los bancos y las vinculadas con muchas actividades ilícitas.
La semana pasada dije: “Cansados del abuso imperial, en una de esas, el gobierno de otra nación puede atreverse a bombardear territorio gringo. Si eso llegara a suceder, el gobierno imperial entenderá que no es lo mismo agredir que defenderse”. Dicho de otra manera, a los gobiernos imperiales les gusta provocar las guerras en suelo ajeno y lejos. Pero, algún día (y no es deseo) alguien puede declararle la guerra a los gringos o, como Trump lo hizo contra Irán, simplemente agarrarlos distraídos y cobardemente atacar, asesinando a generales, al presidente Iraní, al máximo líder religioso, a más de 150 niñas de una escuela y a muchos civiles.
Hay que remontarnos al discurso que, después del artero ataque a Irán, pronunció el presidente fascista de Estados Unidos y ver que los obvios “objetivos” reales no han sido confesados; entre otros: destruir el régimen político iraní, convocan a la población “opositora” a tomar el poder y nombrar a gobernantes autorizados por la Casa Blanca; apropiarse de los bienes ajenos (el petróleo), controlar una región geopolíticamente estratégica para detener el crecimiento y desarrollo de la economía de China, igual que estratégica ha sido Ucrania ante Rusia; Ante el debilitamiento de la economía de USA, fortalecer su moneda evitando que el petróleo se siga comercializando con monedas alternativas al dólar (petrodólares); dar una señal al mundo de que EEUU sigue siendo un imperio poderoso y que ni siquiera ocupa de sus tradicionales “amigos” y aliados europeos, a los que invitó a la fiesta hasta que descubrió a un Irán más poderoso de lo previsto.
Habiendo puesto por delante a Israel, su satélite militar regional, EEUU optó por la guerra. De la misma forma, cuando ésta es ya un infierno y recibe su tunda, decide la retirada de su ejército. El presidente Donald Trump aduce muchas mentiras: que la guerra ha concluido, aunque los bombardeos se ha intensificado; que los objetivos se han concretado: mataron al presidente y al Ayatola; que se desmanteló la industria de armas iraníes, masacraron al ejército, marines y a sus barcos.
Ante el sentido común, difícil de creer. Si ya destruyeron todo, ¿De dónde están saliendo más misiles y drones que tienen en jaque a las fuerzas de Israel y a lo que queda de las bases militares de EEUU? ¿De qué sirvió matar al presidente y al Ayatola iraní si ya hay nuevo mandatario y nuevo líder religioso? ¿Dónde están los opositores a los que llamaba Donald Trump si lo que estamos viendo es la unificación del pueblo ante la invasión gringa? ¿Cómo entender que Donald Trump ha ganado la guerra si no se ha apropiado del petróleo, tampoco logra que se comercialice en dólares? Ante la realidad de la guerra y la negación de Trump, un retrasado mental tendría que imaginar que un extraño espíritu continúa la guerra.
Contrario a eso tenemos: Un régimen político que ha renovado a sus líderes asesinados por la bota gringa, los eleva al nivel de héroes, igual que las más de 150 niñas masacradas; un estrangulamiento del comercio petrolero internacional con el cierre del estrecho de Ormuz; la caída de las bolsa globales, el choque energético y la amenaza de una hiperinflación acentuada en Europa y América, en menor medida en Asia; la pérdida del control, por parte de USA, vía Israel, del Medio Oriente; el retiro del ejército de muchas bases miliares que había en esa región; la acentuación de diferencias y conflictos con naciones integradas en la OTAN; el elevadísimo costo de una guerra y la reposición de armas y municiones que ocupan inversiones de una economía en picada. O sea, la guerra gana el repudio mundial y acelera la caída del imperio.



