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Por la libre.

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Por: LEONEL CONTRERAS BETANCOURT •

Carlos Manzo: ¿héroe, mártir, romántico o ambicioso aventurero? Cualquiera de estos calificativos podría encajar en la trayectoria política del que fuera presidente municipal de Uruapan y que en plena noche del día de muertos fuera asesinado en su propia tierra que gobernaba.

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Después de una semana de ocurrido el trágico crimen sigue siendo tendencia en los medios. Aunque ya se identificó al adolescente asesino, sigue sin esclarecerse si detrás de la muerte del edil esta la injerencia de la delincuencia organizada o el de Carlos Manzo fue un asesinato político. Esto se sabrá, si llega a saberse andando el tiempo. Lo último que se conoce sobre el magnicidio es que la escolta del munícipe logró atrapar y someter al matón y en lugar de retenerlo lo mataron dando lugar a que el asesino material no pudiera ser interrogado sobre su acción letal. 

La de Carlos Manzo es la historia de un político singular que hasta su muerte se estaba saliendo con la suya. Desde luego que no es el caso único de un ciudadano que se postula como candidato independiente y gana la elección. Ha habido otros, pero no abundan los que ganaron por esta vía, se hicieron notorios y luego fueron aniquilados cegando sus vidas.

Al momento de su muerte, era relativamente joven. Contaba apenas con 40 años, cuando se dice que la vida empieza justo en esta edad. Hijo de un activista social, debió pertenecer a una clasemediera familia acomodada. Pues al haber sido alumno del ITESO, una de las universidades jesuitas más caras del país, así lo indica. Allí estudio Ciencias Políticas y Gestión Pública. De los jesuitas debió aprender el valor de la justicia y el compromiso por una sociedad más humana.  

Su expediente político registra que después de haber militado en el PRI se brincó a las filas de Morena, partido del que fue diputado federal en las elecciones de 2021. Quiso ser presidente municipal de Uruapan por este mismo partido. Al negarle el registro, se lanzó por la libre y ganó como candidato independiente y ganó con casi dos tercios de la votación. Con su triunfo confirmó lo popular que era y de que vale más el candidato que la franquicia política sin importar de qué color sea. Yéndose por la ganó y ya en el cargo también gobernó por la libre.

En el escaso año y fracción que duró su administración se distinguió por sus señalamientos críticos en contra de la inseguridad y sus llamados a combatir a la delincuencia. Lo hacía con todo y miedo, según confesó, armado de valor. Conminaba a los tutores y madres de familia a denunciar la incursión de sus vástagos que incurrieran en actividades delictivas. Depuro un cuerpo de policial a los que encomendó su seguridad personal, mismos que fallaron el día que lo abatieron. Les llegó a ordenar que, sin miramientos, de manera extrajudicial a todo delincuente armado lo mataran en el acto. Estos gestos y sus arengas que hacía públicas, lo mismo sus vuelos en helicóptero y acompañamiento de sus policías enfundado en un chaleco antibalas lo hicieron todavía más popular. Dueño de un gran ego y protagonismo algunos de estos pasajes inusuales entre los ediles, los filmaba in situ y en tiempo real para su divulgación.

Voceros de la derecha lo tomaron como el ejemplo a seguir al grado de llegar a llamarlo el Bukele mexicano. Quizá se la creyó, la derecha le llenó de humo la cabeza y en el surgió la ambición de ser el próximo gobernador de Michoacan en el 27 y de ahí saltar a la candidatura por la presidencia en el 30. Su ambición y sus sueños terminaron en el encendido de velas, ritual con el que los uruapanenses celebran el día de muertos.

Su muerte queda como el ejemplo de un político osado y valiente, atrarvezado, que con sus declaraciones buscó llamar la atención de sus gobernados para combatir a la delincuencia. Los móviles, sobre todo quienes dieron la orden, de su asesinato siguen sin aclararse.

Carlos Manzo debió de haber leído cuando cursó su licenciatura a Maquiavelo. Del florentino debió saber el significado que tiene la fortuna en la política. Fiel a su pensamiento buscó ser además de valiente, un gobernante virtuoso. Enfrentó en su demarcación a una delincuencia incontrolada a la que buscó derrotar recurriendo a la audacia dejando de lado la pasividad como ocurre con casi todos sus pares, los que incluso, muchos se le someten. 

Tras su muerte, la reacción de la presidenta fue inmediata, tras denunciar a los conservadores y a la derecha de cebarse y medrar con la muerte del político michoacano, los acusó de buitres y carroñeros. A marchas forzadas anunció la presentación del Plan Michoacán. Este consistió en reunir una bolsa con los presupuestos de varios programas para el estado incluidos los programas sociales y un mayor despliegue de militares. Fue una respuesta reactiva cundo se pudo actuar desde antes.  

Sobre Michoacán hemos visto planes que llegan y así se van sin conseguir la pacificación del estado. Los 57 mil millones que se gastarán estarán justificados si ahora si el trabajo de inteligencia empezando por detectar la complicidad entre autoridades y políticos con los delincuentes resulta efectivo señalando y enjuiciando culpables. Crear y capacitar a los cuerpos policiales, depurar a lo que ya existen, asegurarse de contar con una fiscalía capaz y abatir la impunidad podrían contribuir al éxito del citado Plan.

Para pacificar Michoacán no basta con mandar más soldados si las acertadas labores de inteligencia para detectar las estructuras de las redes crimnales y los territorios en que operan no se hacen.

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