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miércoles, 12 junio, 2024
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Una lectura diferente del asalto a la embajada mexicana en Ecuador

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

El 5 de abril del presente año, pasa a la historia de la diplomacia y del Derecho Internacional como una fecha en la que se pone en riesgo las reglas básicas de la convivencia entre las naciones, al ser asaltada la embajada de México en Ecuador por las fuerzas armadas de esa nación sudamericana para secuestrar, a la vista del mundo, al exvicepresidente Jorge Glas, quien ya se encontraba en calidad de asilado político con la protección de las leyes mexicanas y las normas internacionales.

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Para la mayoría de los analistas de la política y de la diplomacia internacional el hecho es resultado de la presencia de un presidente autoritario, como Daniel Noboa, hijo del hombre más rico de esa nación, acostumbrado a vivir como ser superior a los demás, desconocedor de leyes, diplomacia y costumbres de la nación que gobierna. Ni siquiera nació en ese país, aunque tiene la doble nacionalidad que comparte con Estados Unidos, donde se formó y sólo llegó a Ecuador a asumir la presidencia en medio de una contienda de resultados electorales dudosos y la persecución a importantes dirigentes de izquierda. Eso, y muchas otras cosas, son ciertas. Esa percepción sólo es la parte visible de una renovada política intervencionista de Estados Unidos y Canadá.

El asalto, allanamiento, invasión y sustracción forzada del asilado político Jorge glas aparece como un hecho aislado, producto de la locura de un mal político, urgido de los reflectores para ganar credibilidad. Pero la apariencia es fachada, solo parte de realidad, esconde las relaciones políticas y económicas con una derecha internacional intervencionista con claras intenciones neocolonizadoras, la parte más recalcitrante de la política neoliberal, urgida de controlar políticamente a las naciones subdesarrolladas de América para succionar su riqueza natural y la que resulta de los procesos productivos.

Daniel Noboa es un auténtico trasplante político, criado en cuna de oro, formado en las escuelas extranjeras, con una visión clasista, con ínfulas de superioridad, desconocedor del pueblo que gobierna, de sus tradiciones, incluso de sus leyes. Es la versión aumentada y corregida de ese tipo llamado Juan Guaidó que se graduó en las escuelas de Estados Unidos, se autoproclamó presidente de Venezuela, sin que nadie votara por él. Aun así, fue reconocido por gobiernos de la derecha de América. El mismo secretario general de la OEA, Luis Almagro, se atrevió a recibirlo y Marko Cortés del PAN en México también lo reconoció, como parte de una cruzada internacional de la derecha por retomar el poder en Venezuela. Fracasaron, igual que inició la caída de Daniel Noboa a quien ahora el mundo se le va encima.

Una vez que la embajada de México fue ultrajada, el presidente Andrés Manuel López Obrador denunció que “… eso sólo lo hace un gobierno que siente que tiene el respaldo de otros gobiernos…”. Sin duda, AMLO tuvo muy claro que el actual gobierno derechista de Ecuador recibe respaldo, asesoría y dirección de una parte del gobierno norteamericano. Seguro que también de Canadá. Por eso, sentenció muy categórico que “… a México se le respeta…”. E hizo la observación muy diplomática de que los pronunciamientos de Estados Unidos y Canadá eran tan débiles, indefinidos y ambiguos que ni siquiera se lograba notar una firme condena. Canadá, se atrevió a poner en duda el hecho al hablar de una “… presunta violación al derecho internacional…”.

Puede verse con claridad que la persecución de los líderes sociales, políticos e intelectuales de izquierda en América, y en todo el mundo, es una acción permanente de la derecha internacional. En consecuencia, que la actuación de personajes como Daniel Noboa sólo son la manera peculiar del personero que geográfica e históricamente representa esos intereses.

Sin embargo, ¿Por qué hasta Milei de Argentina, que es de los más fascistas de los derechistas de América se atrevió a condenar la invasión a la embajada de México por Ecuador? Seguro dos motivos centrales: porque invadir a una embajada es un riesgo para todos los gobiernos y; segundo, porque son acciones planeadas con secrecía que no se socializan a los demás. No los invitaron al baile. Sólo naciones muy poderosas como Estados Unidos podrían estar con menor riesgo.

Hacia el fututo, puede vislumbrarse el interés de una parte de la derecha internacional, en confabulación con sus pares en países subdesarrollados, en ir eliminando partes del Estado de Derecho Internacional porque constituyen obstáculos a su patrón de crecimiento económico, a la acumulación y concentración de riqueza con costo a las naciones más débiles, lo que no es otra cosa que extender su proyecto neocolonizador. Por eso, la reacción tan activa de México, y el respaldo internacional, constituyen el quebranto de una estrategia intervencionista con fines neocolonizadores.

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