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miércoles, 12 junio, 2024
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La escalera eléctrica

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Por: ÓSCAR GARDUÑO NÁJERA •

Lo primero es la edición. Ahora que hay tantas editoriales hay que reconocer cuando se hacen buenos trabajos. Cuando se hagan de “La escalera eléctrica” (attica libros, UANL, 2023) y la tengan entre sus manos sorpréndanse. Admírenla un rato. Vale la pena cuando se trata de ediciones en las que sabes que han puesto todo el empeño para que lleguen a tus manos. Les aseguro que no exagero. Es una edición muy bien cuidada: el color que tiene es raramente hermoso y el recuadro de la portada y la geometría dentro del recuadro, entremezclada en cuadros que parecen sobrepuestos como un rompecabezas en las manos de un niño, es una atinada propuesta por parte de una nueva editorial, attica libros, a quienes hay que seguirle la pista desde ahora mismo (@atticalibros), y la editorial de la Universidad Autónoma de Nuevo León, a cuyas propuestas atractivas ya estamos acostumbrados y mucho tiene que ver el empeño que en ello pone Antonio Ramos Revillas, director de publicaciones. 

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Claro que se trata de una bella edición porque estamos hablando de una de nuestras mejores escritoras: Ana García Bergua. Y si ustedes no han leído nada de ella, aún están a tiempo de hacerlo, y este libro puede ser un buen comienzo para adentrarse en el universo narrativo de una autora que seguramente dejará huella, ya lo hace, en la historia de la literatura mexicana del siglo XX, XXI. 

Antes de entrar de lleno a la propuesta de attica libros y la UANL me gustaría hacer un apunte que considero necesario: no se ha hecho justicia literaria con Ana García Bergua. Sí, sé de los reconocimientos, de las menciones, y eso, pero no todo se queda ahí: el reconocimiento en la literatura no queda ahí, o no debería quedar ahí. 

Me parece que Ana García Bergua es una autora importante que merece mucho más. Y lo digo en todos los aspectos que ustedes se puedan imaginar, hasta llegar, por supuesto, a los homenajes. La obra de Ana García Bergua tiene que ser revalorada en nuevas ediciones y quizás, si me apuran, ya es necesario editar una antología (que seguramente ya ha de tener una) con lo mejor de su propuesta narrativa y con textos de especialistas en literatura mexicana que señalen las tantas virtudes narrativas de su obra, de lo tanto que nos ha aportado desde los distintos géneros que maneja y de lo importante que será para un futuro donde seguramente abundarán propuestas sin brazos y sin pies, como ya lo estamos viendo ahora en tantos jóvenes que se creen el juego de ser narradores. Ana García Bergua bien lo vale. 

Una de las tantas propuestas narrativas por las que se puede llegar a Ana es este libro: “La escalera eléctrica” (attica libros, UANL, 2023). Se trata de breves textos que a simple vista nos pueden parecer sencillos. No obstante, cuando ponemos atención en su estructura, en su desenvolvimiento narrativo, nos admiramos porque con algunos autores pasa que justo ahí donde pensamos encontrar sencillez, encontramos una complejidad narrativa, y les aseguro que Ana García Bergua, en su experiencia como narradora, lo sabe. 

Son breves piezas narrativas donde Ana comienza por exponer algún tema que le resulta interesante, alguna problemática, una situación, o simplemente una no tan detallada anécdota para luego pasar a su desarrollo y jugar con los tiempos narrativos según le acomoden al narrador, todos ellos en primera persona, pues suponemos es ella, la propia Ana García Bergua, la que nos está contando, y esto es lo que le da al libro un toque de intimidad entre la autora y el lector: desde el comienzo se establece un pacto, una cierta complicidad que va más allá del chisme, del “te voy a contar algo”, es ese pacto entre el autor y el lector que tanto reclaman los críticos debe ocurrir con los buenos narradores cuando cuentan una historia. 

Ana García Bergua es una juguetona de los tiempos: va, viene, vuelve a ir, regresa, y con ella hay momentos, instantes, donde todo es una fotografía blanco y negro sacada de un cajón igual de viejo, Ana la toma, nos explica a donde la conduce esa fotografía, a la manera de la memoria olfativa de Proust, Ana es de una memoria meramente visual, nos describe ese recuerdo, o quizás es que lo vuelve a construir, nos cuenta algo de su historia, la del recuerdo, aquí ocurre la magia de la narrativa, de su narrativa, la tierna melancolía de sus palabras, porque se le da con insistencia, cuando se han acomodado perfectamente, regresa, es Ana García la que nos ha hablado, y señalado, de esa fotografía, pero lo ha hecho con tal maestría narrativa, que nosotros conseguimos viajar con ella, con sus palabras, aunque breves, pues todos los textos de “La escalera eléctrica” lo son, textos que te lees en una sentada, que disfrutas en una sentada, que terminas y suspiras de lo bien que están hechos, porque ya lo sabemos: la escritura de Ana García Bergua goza de la perfección, es una de sus mejores características. 

Puede tratarse de una parte del cuerpo o de un par de palabras que le llaman la atención, pero Ana siempre encuentra el pretexto ideal para escribir y desarrollar un tema en lo que yo nombro una nueva manera de descubrir ciertos elementos que te interesan del mundo, de nombrarlos nuevamente, de escribir acerca de ellos para llegar a una nueva conclusión, si es que la hay, o de darte otra oportunidad para conocer a estos elementos desde otro punto de vista, que es el que tienes cuando eres la autora y dejas de ser la persona que se enfrentó por primera vez a ese elemento del mundo. De esta forma, lo que hace Ana García Bergua en “La escalera eléctrica” es demostrarnos cómo se puede volver a configurar los temas o los objetos que le interesen a uno del mundo mediante el uso aplicado de la literatura, de la palabra escrita, exponerlos desde un exterior para observarlos como en la mesa de experimentación y desde ahí volver a analizarlos para pasarlos a la hoja de papel de una manera tan sencilla que parezca, como lo señalé al principio, que no hay tanto trabajo, sin embargo, sí lo hay, porque en ocasiones con los textos breves o “sencillos” es con los que más se trabaja, porque ocurren como relámpagos y duran unos cuantos segundos, los suficientes para deslumbrar u oscurecer al lector, y afortunadamente todavía nos queda mucha luz de Ana García Bergua, y es un muy buen motivo para hacerse de “La escalera eléctrica”, leerlo con toda la calma del mundo y luego escribirme para que me digan qué les pareció: [email protected] 

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