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miércoles, 25 mayo, 2022
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Feminismo de ocasión

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Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

Parecen tiempos de corrección política y actuación pública impoluta, particularmente cuando se trata de, o sobre las mujeres. Pero visto está que no lo son tanto.

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Hace unos meses, escandalizaba la descuidada expresión del presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Zacatecas, al justificar el recorte presupuestal que sufrió el poder Judicial, mismo que atribuía al error de una mecanógrafa imaginaria, con tal de no responsabilizar al poder ejecutivo de tal decisión.

Sin importar sus reiteradas disculpas públicas, el magistrado presidente recibió los embates de la titular de la Secretaría de la Mujer y de algunas legisladoras quienes incluso lo denunciaron por violencia política de género.

Las denunciantes nada dijeron de la reducción presupuestal de la propia Secretaría de la Mujer.

Apenas unos cuántos meses después, en el Poder Judicial se retira una magistrada dejando vacante su espacio, por lo cual se esperaba una terna conformada por mujeres.

La terna presentada estaba integrada por un varón y dos mujeres. La inclusión de éstas últimas fue leída desde el principio como mero trámite burocrático para poder dar por cumplido la igualdad de género exigido por la ley.

No parece ser algo muy distinto a lo que sucedía antes con las llamadas “juanitas” cuando se postulaba mujeres como titulares de fórmulas, que se acompañaban por varones. Al final ellas renunciaban y eran ellos, los suplentes, los que ejercían el cargo.

Ha costado años de madurez política evitarlo, aunque las cuotas de mujeres siguen siendo con frecuencia espacios ocupados por aquellas cuyo principal y a veces único mérito político es tener una relación directa con un hombre de poder, ya sea como pareja formal o informal, hija, hermana, o simple equipo político.

Curiosamente es más condenado como violencia política de género el que se evidencie estas relaciones a todas luces patriarcales, que sacar provecho de ellas.

Cabe destacar, como lo hemos hecho en este espacio cada vez que se toca el tema, que no son todas las que están, ni están todas las que son, y que se puede sí, hacer carrera política aún con parentesco. Como ahora nadie podría cuestionarles a varias mujeres de la política muchas de ellas con añeja participación como Amalia García o Margarita Zavala.

También es preciso decir que la presencia de mujeres en los espacios de poder no se traduce directa y necesariamente en la defensa de sus derechos.

Así quedó evidenciado la semana anterior cuando aquellas a las que les había parecido suficientemente escandalizante el desliz verbal del magistrado, no vieron problema en la elección de un varón para sustituir a una mujer en el tribunal, a pesar de lo que dice la ley.

Puede comprenderse las dudas que suscita tan radical mandato por buscar el equilibrio entre los géneros, porque a veces en ello puede sacrificarse a alguien de más capacidad y a veces más honestidad y congruencia.

Lo cierto es que ese ha sido el principio utilizado en la integración del poder legislativo, en el que no puede saberse quién llegará al congreso vía plurinominal hasta no saber el género de quién gane por el principio de mayoría.

Por equivalencia eso significaría que habiendo siete varones y cinco mujeres como magistrados en el poder judicial tendría que ser una mujer más, quien completara el número, para estar cuando menos siete a seis, y no ocho a cinco en la representación por género.

Asumir que el principio de paridad que debió estar presente en la elección está cumplido únicamente con la integración de dos mujeres en la terna aunque no llegaran, sería tanto como decir que basta postular mujeres en las listas plurinominales aunque en realidad ingresen varones al momento de hacer el reparto.

El asunto sería menor si hubiera un cambio de criterio jurídico y político para determinar la paridad. Pero no lo es. No solo por la gravedad misma de la circunstancia, sino porque este actuar da la razón a quienes asumen que la lucha por la equidad y la igualdad es un arma hipócrita que se usa a conveniencia contra el adversario político.

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