Santiago. El presidente ultraderechista de Chile, José Antonio Kast, ignoró el aniversario 53 del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, cuando el general Augusto Pinochet (1915-2006) derrocó al gobierno de Salvador Allende (1970-1973); ayer, por vez primera desde el retorno de la democracia, no hubo un acto oficial de conmemoración por las decenas de miles de víctimas que causó la dictadura. Por el contrario, las organizaciones de familiares de detenidos, desaparecidos y ejecutados políticos, universidades, sitios de memoria y la centroizquierda, sí concretaron varias ceremonias.
Kast, admirador confeso de Pinochet y defensor del régimen, salió de gira en el sur del país, con la excusa de que la no realización de la ceremonia tenía como objetivo que las diferencias políticas no induzcan “a los extremos del pasado”.
La decisión fue cuestionada desde la oposición centroizquierdista; el presidente del Partido por la Democracia (PPD), Raúl Soto, señaló que “guardar silencio en sí mismo ya es un acto de negacionismo”.
“No le pedimos al gobierno que piense como nosotros, pero sí que hay hijos, hermanas y nietos que siguen buscando a sus desaparecidos”, manifestó Gael Yeomans, presidenta del Frente Amplio.
La Red Nacional de Sitios de Memoria señaló que “esta conmemoración está fuertemente marcada por la lucha de las organizaciones contra los discursos negacionistas que relativizan los crímenes de lesa humanidad y que realizan una apología del terrorismo de Estado y las violaciones a los derechos humanos en nuestro país”.
Dar la espalda a la fecha es una medida que sigue al descabezamiento del Programa de Derechos Humanos del ministerio de Justicia, creado en 1997 para dar asistencia social, legal y judicial a los familiares de las víctimas de desaparición forzada y ejecución política; lo cual se traduce en un abandono de facto de las causas.
La diputada Lorena Fries pidió a Kast “tramitar con suma urgencia el Plan Nacional de Búsqueda, que busca establecerse como ley en el Senado”.
La sociedad civil chilena, en cambio, realizó una romería en el Cementerio General, donde está la tumba de Allende; luego hubo un acto y colocación de ofrendas a los pies de la estatua del líder socialista, en la Plaza de la Constitución, a unos pasos del palacio de La Moneda y cerca de la puerta de calle Morandé 80, por donde fue sacado aquel día de 1973, el cadáver del mandatario sobre una camilla de lona y cubierto con un chamanto, tras honrar su promesa de que “pagaré con mi vida la lealtad del pueblo”.
También el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, donde se recopilan testimonios de lo que para muchos significaron esos 17 años, fue escenario de recogimiento.
En la tarde noche santiaguina y de otras ciudades tuvieron lugar las romerías de todos los años a sitios de tortura y exterminio, entre ellos, el Estadio Nacional, la Villa Grimaldi, el estadio Víctor Jara y los cuarteles de los siniestros órganos de persecución política ideados para exterminar.
La policía militarizada de Chile intervino una marcha en el centro de la capital, utilizando carros lanzagua y gases lacrimógenos para despejar las vías.
Los manifestantes portaban carteles con el mensaje: “No a los indultos”, en referencia a la solicitud de sectores de ultraderecha al gobierno para flexibilizar las condenas de ex agentes de la dictadura.
A 40 mil 175 asciende la cifra oficialmente reconocida de víctimas de prisión política, tortura, ejecuciones y desaparición forzada durante la dictadura, de las cuales 3 mil 216 corresponden a ejecutados políticos y detenidos desaparecidos.
En desaparición forzada, la cifra oficial es mil 469 víctimas: mil 92 detenidos desaparecidos y 377 ejecutados políticos cuyos cuerpos no fueron entregados.
De acuerdo con el Plan Nacional de Búsqueda hay 307 cuerpos encontrados, identificados y entregados a sus familiares. Otros mil 162 continúan desaparecidos.



