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martes, 29 noviembre, 2022
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Zacatecas: corazones compartidos y la fiesta debe continuar

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR •

  • Historia y Poder

Al acudir a las fuentes de la historia de Zacatecas uno encuentra noticias por todos lados, si el incendio de sus mercados o teatros, si las momias encontradas en los subterráneos de la iglesia jesuita de Santo Domingo, si los amoríos de López Velarde encontrando motivos para estudiar en otras ciudades o si bien una inmensa cartelera donde hubo de todo, crímenes de políticos, revoluciones traicionadas, tomas sangrientas, los guías ciegos de poder y de lujuria y uno que otro corazón compartido en la aventura de dar sin mirar a quien, empedrando los caminos de plata pura y dando a la verbena un toque de absoluta libertad para el desmañe.

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Zacatecas ha tenido, obviamente, como toda ciudad del mundo, mucho qué contar, demasiado qué enorgullecerse, mas nunca nada que ocultar, más tratándose del esfuerzo colectivo para sobreponerse a sus tragedias y sobre todo, de sus logros fecundos en las artes, la ingeniería y la arquitectura y de lo educado de su gente y su afán de ayudarse mutuamente.

En el famoso y estruendoso incendio de su mercado principal el 8 de diciembre de 1901 y a las 12 del mediodía en que la concurrencia a la misa mayor de Catedral se percató de las grandes humaredas que entraban a la santa misa, salieron despavoridos los feligreses para ver las llamas que en cuestión de horas destruyó un emblemático y oportuno mercado que fue fruto del sacrificio y la ayuda fraterna de comerciantes y vecinos, además de gobernadores y presidentes comunales que junto a las asambleas municipales edificaron para bien de la ciudad y su consumo.

Rápidamente la solidaridad de la población fue inmediata para apuntar a su reconstrucción mediante corridas de toros, tertulias, apoyos de mineros y otras fraternidades.

Así ha sido nuestro entorno siempre.

Ayudarnos sin cortapisas, sin mezquindades y sin miramientos.

Por eso el corazón compartido del zacatecano en pos de ser mejor que nadie y con una fe en que su penar por el mundo cese un día efectivo y sin ningún cobro extra.

En lo particular me fascina la época de 1834 a 1901, y es que su ambientación fue de las más genuinas de que se tenga memoria, ya por su diversión y entusiasmo, su crecimiento espiritual, el valor para enfrentar la crisis de la Reforma, la gran restauración de la República, el embate de las invasiones extranjeras y su acoso real y fatídico en contra de la población zacatecana, en especial contra su juventud valerosa , también el asombro por las escenas donde el Porfiriato en nuestra ciudad extremó en el ridículo, lo malsano, lo inverosímil y lo fantástico.

¡Cuesta mucho querer la alegría! Decía el poeta caído entre las piedras y eso es precisamente la búsqueda de todo pueblo, estar en paz y alegres, alertas y compartidos, aunque ello, –se insiste, cueste mucho, demasiado, la vida entera.

El ejemplo del incendio del famoso mercado Jesús González Ortega, del incendio del Teatro Calderón y de cuantas veces estuvimos derruidos o fatigados, con miedo atroz por fantasmas y leyendas de terror, por la naturaleza cruenta e inesperada y por los cambios nacionales que nos afectaron, nos deja siempre la hermosa costumbre de saludar, ayudar y enorgullecernos y seguir en el trabajo fecundo y la fiesta y el desfile interminable. ■

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