El equilibrio desde el punto de vista filosófico busca la armonía, la moderación y el “justo medio” entre extremos opuestos, condiciones esenciales para una vida virtuosa, para la toma de decisiones adecuadas y lograr un orden mundial; también representa un balance mental, físico y emocional. El equilibrio se aleja de los excesos y los defectos con la finalidad de lograr la paz interior y la estabilidad. De acuerdo con Aristóteles, la virtud se encuentra en el punto medio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto, por ejemplo, la valentía es el punto medio entre la cobardía y la temeridad. Dentro de la antigua filosofía China, el Yin y el Yang representan el equilibrio en la búsqueda de la armonía entre fuerzas opuestas como la luz y la oscuridad. La Real Academia Española ha determinado que el equilibrio es un estado de armonía interior de una persona que se manifiesta en la sensatez de sus juicios y actos. Para Alejandro Tonnelier, el universo tiende al equilibrio ya que si él mismo fuera un caos, la vida no podría sostenerse eternamente. De acuerdo con Guillermo Westreicher, el equilibrio es un estado en el que se ha logrado un balance entre dos o más fuerzas o situaciones; es un término muy amplio que se puede aplicar, dice Westreicher, a la física, la economía, la política e incluso en nuestra vida cotidiana. En este contexto, quise fijar distintos criterios relacionados con el equilibrio porque me mueve mucho el tema de no poder consolidarnos como una sociedad armónica que luche por aspiraciones más elevadas. Estoy convencido de que el Derecho y la Justicia no están logrando su propósito de lograr una convivencia equilibrada ni tampoco se promueve la conciliación de los distintos intereses que convergen entre los distintos estratos y organizaciones sociales. Concretamente me refiero a los excesos generados por los movimientos feministas que precisamente son muestra de ese desequilibrio de fuerzas en dónde cada vez que el Estado pretende aplicar su coercibilidad, sale perdiendo. Quiero aclarar que no estoy coartando el Derecho a la manifestación ante algunas de sus muchas demandas, me refiero a los excesos que desvirtúan ese Derecho Humano Fundamental que de conformidad con el Artículo 6° de la Constitución Política de los Estado Unidos Mexicanos, se traduce en que: la manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público. Así pues, considero fundamental retomar el equilibrio social que debe existir entre la libre manifestación de las justas demandas y los resultados negativos que las opacan. El fin de mi consideración es llamar a la civilidad por lo que me pregunto: ¿El resultado de la manifestación es positivo para satisfacer las demandas que la propiciaron? O solamente es un ejercicio de poder desbordado que se extingue en 24 horas y que poco a poco merma la empatía de la sociedad (incluyendo mujeres) respecto a dicha manifestación. Quiero advertir que los adultos somos el ejemplo de presentes y futuras generaciones y no me gustaría contribuir a formar una sociedad que da la espalda al Derecho para tomar la justicia por propia mano violando el contenido de lo que consagra el Artículo 17 del ordenamiento arriba citado: ninguna persona podrá hacerse justicia por sí misma, ni ejercer violencia para reclamar su derecho. Entonces qué nos queda por hacer, o todas y todos nos aplicamos a la Norma Constitucional o, todos y todas nos evadimos del marco jurídico, situación que amerita un análisis profundo pues debemos orientar el rumbo de la Nación y realizar una estrategia muy objetiva en dónde fijemos una postura colectiva en la que sin duda reconozcamos por un lado ausencias legislativas, corrupción, impunidad y graves omisiones institucionales ante las múltiples desapariciones, secuestros, feminicidios, agresiones sexuales y demás eventos que sin duda, existen y generan múltiples agravios a la sociedad y, por el otro, aplicar la norma, proponer reformas y adiciones a la Constitución Política Federal o desbordarnos sin medida durante unas horas ante el sistema. Estoy convencido de que debemos retomar el equilibrio, ser muy coherentes y actuar más inteligentemente pues nuestras adversidades así nos lo exigen. Finalmente considero que falta mucho todavía por reflexionar y actuar para alcanzar una vida social virtuosa, por lo pronto, hoy ejerzo mi Derecho Humano a la manifestación de mis ideas.
Dr. Álvaro García Hernández
Director general de la Asociación Nacional
de Procuradoras, Procuradores,
ex Procuradoras y ex Procuradores de
Protección de Niñas, Niños y Adolescentes
HYPERLINK «mailto:[email protected]» [email protected]



