Cristela Trejo Ortiz, activista y docente de la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas (BUAZ), opinó que la creación de un protocolo para atender y sancionar la violencia de género en la máxima casa de estudios de la entidad no será suficiente para erradicarla, pues prevalecen pactos patriarcales y de impunidad.
Sin embargo, consideró que a mediano plazo será viable una transformación cultural al interior de la institución gracias a que cada vez es más la participación activa de las universitarias en la defensa de su integridad.
“El protocolo es una herramienta de apoyo que ayuda, pero, mientras no cambiemos esas narrativas patriarcales de naturalizar las violencias en las aulas en torno a esta relación asimétrica que se da entre profesores y alumnos, entonces va a seguir siendo invisibilizado”, expresó.
Además, cuestionó que la Defensoría Universitaria, en lugar de defender los derechos al interior de la BUAZ, continúe con prácticas de revictimización a las alumnas que presentan denuncias por alguna forma de violencia de parte de docentes.
Trejo Ortiz reiteró que el protocolo de atención a las violencias no es suficiente porque, a pesar de que se han formalizado reglas y normas, en la práctica las universitarias son revictimizadas.
“Las compañeras hicieron buen trabajo con este protocolo, pero no es suficiente. Necesitamos un plan integral, institucional, de prevención, atención y sanción a las violencias de todos los tipos, no solamente contra el acoso sexual, sino que necesitamos ser libres de todas las violencias”, dijo.
Además, afirmó que hay una práctica muy visible que consiste en proteger a todos aquellos que incurren en algún tipo de violencia, de no romper esos pactos que existen a favor de beneficios y privilegios y de condicionar los apoyos, de manera que esto prevalece en la universidad.
Trejo Ortiz afirmó que esta situación ha provocado que muchas alumnas deserten de la universidad por represalias y hostigamiento y prefieren dejar de estudiar o, en el mejor de los casos, cambiar de carrera, que seguir en esos espacios tan violentos.
No obstante, consideró que esta cultura al interior de la BUAZ podrá transformarse en un mediano plazo, ya que cada vez hay más universitarias comprometidas que trabajan desde una didáctica con perspectiva de género y de respeto a los derechos humanos.
“También hacemos acompañamientos, llevamos a los alumnos y alumnas a la reflexión, a la desnaturalización de las violencias, y es un trabajo de todos los días desde las aulas, además de generar procesos de difusión como talleres, seminarios, para que permeen otras narrativas de dignidad”, concluyó.



