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sábado, 28 mayo, 2022
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Políticos y funcionarios muy organizados para delinquir como Benjamín Medrano

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

Ya en otra de mis colaboraciones hice alusión a la “hermandad” existente entre los delincuentes de cuello blanco y el crimen organizado. Con lo avanzado, hoy puedo arriesgar la afirmación de que el crecimiento y desarrollo de los primeros casi parieron a los segundos o, por lo menos, los empujaron a manifestarse en la máxima expresión hoy conocida en nuestro país. Lo es así porque, en la condición mexicana, tienen como motor el patrón de crecimiento económico implantado desde el exterior.

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Precisando afirmaciones: ambos males han existido en México desde décadas, pero no hay duda de que la llegada de la política neoliberal representó una nueva forma (subrepticia) injerencista con fines de explotación y adjudicación de las riquezas nacionales por parte de capitales imperiales. Eso forma parte del proceso económico de acumulación y concentración de capitales.

Esa injerencia externa se dejó ver en las recetas de políticas públicas que organismos económicos internacionales aplicaron, casi sin oposición, por conducto de una generación de gobernantes y políticos formados en Universidades de naciones imperiales y, asimismo, por aquellos que tradicionalmente estuvieron vinculados con la tendencia empresarial no nacionalista.

Pero además, echaron mano de las formas de organización institucionales para conseguir sus propósitos, tales como jerarquías de los tres poderes y niveles de gobierno y hasta de los mismos partidos políticos, bancadas legislativas o todo el aparato de legisladores. El caso Odebrecht, en el que se corrompió al aparato de creación de leyes, es un claro ejemplo.

Eso no fue todo, también ocuparon quien encubriera y justificara esa política de subordinación. Intelectuales reconocidos, los monopolios de la comunicación, sus conductores y analistas “estrellas” han jugado ese triste rol. En suma: el patrón de crecimiento económico (para favorecer la acumulación y concentración de capitales imperiales) incluyó todos los accesorios de gobierno, políticos, ideológicos y culturales.

En consecuencia, se gestó, casi de forma sistematizada, una política corruptora y de corruptos que permeó distintas esferas sociales, incluyendo aquellas dedicadas a la ética y a la moralización, como la academia y las religiones. Así se fue mezclando la corrupción institucionalizada con la dinámica del crimen organizado, el cual también forma parte de las formas económicas, políticas, culturales e ideológicas injerencistas.

El funcionar de ese tejido de corrupción y complicidades ha creado grandes y pequeños monstruos, que van desde los excesos y excentricidades de regidores, presidentes municipales, diputados locales, diputados federales, senadores de la República, gobernadores, funcionarios públicos de los 3 poderes y 3 niveles de gobierno. Y, de ese entramado al crimen organizado no existe frontera.

Veamos por qué: los delincuentes de cuello blanco, con excepciones muy aisladas, actúan en asociación, tráfico de influencias, protección institucionalizada, complicidades, corrupción e impunidad. Igual que el crimen organizado. Y también tienen en común la lucha por el dinero, a costa de lo que sea. El poder que adquieren es consustancial y necesario para la continuidad de ese propósito. Por eso, aún no se ha podido doblegar.

Se diferencian en que los delincuentes de cuello blanco se nos presentan con hipocresía, como personas honorables y de respeto y, los del crimen organizado son francos y sin mentiras.

En ambos casos, crimen organizado y delincuentes de cuello blanco, actúan fuera de la ley. Los primeros usan el soborno, la extorsión, el secuestro, la amenaza, el robo, el miedo y el asesinato; los segundos condicionan, realizan “moches”, extorsionan, sobornan, dan “mordidas” e inventan y “normalizan” ingresos directos, o crean figuras jurídicas que les permitan, con suavidad, “legalizar” sus atracos.

Pero no son los únicos que tienen como objetivo acrecentar riqueza. Igual lo hacen los hombres de negocios, aumentan sus haberes por los métodos propiamente económicos, aunque un puñado de ellos opera con mecanismos extraeconómicos succionando recursos del erario a sus negocios. Obvio, con la complicidad de políticos y gobernantes.

Un claro ejemplo de ORGANIZACIÓN DELICTIVA impune, que continúa causando estragos, es el de Benjamín Medrano y compinches, de quien he documentado que tan sólo en la edición del 2014 de la Feria Nacional de la Plata de Fresnillo causó daño al erario por alrededor de 10 millones de pesos (datos en https://www.facebook.com/100000713083768/posts/1070891222944637/), ese atraco no podría entenderse sin toda una organización de corruptores y corruptos en el Gobierno Municipal, el Gobierno del Estado, la Legislatura del Estado, partidos y políticos quienes no hicieron nada por fincarle responsabilidades y, en cambio, han hecho mucho por “premiarlo” y mantenerlo en la impunidad.

Se notará que han estado muy ORGANIZADOS para permitir la delincuencia. Y el clima de seguridad no mejorará sustancialmente si no se desmonta ese enorme y complejo aparato. No resulta curioso que muchos que critican la falta de seguridad son un obstáculo para conquistarla, porque forman parte de esas redes delincuenciales. Y por eso pretenden retrogradar. Ustedes póngales nombres.

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