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sábado, 22 enero, 2022
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El sentido de los hechos

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Por: ALBERTO VÉLEZ RODRÍGUEZ • ROLANDO ALVARADO FLORES •

En todos los niveles de desarrollo de la sociedad humana se despliega una lucha por el sentido de los acontecimientos. Cuando se derrocan gobiernos, se convoca a masacres, se instigan represiones, se incautan bienes o se crucifican líderes está en juego la correcta interpretación de lo acaecido. Comenta Carl Schmitt, en su “Interpretación europea de Donoso Cortés”, lo mucho que cimbró a la Europa decimonónica la “comuna de París” de 1848. Ese acontecimiento, según la interpretación de Karl Marx y Friedrich Engels contenida en “El manifiesto del partido comunista” de 1847, condensaba y era la manifestación de las fuerzas del espíritu hegeliano, aunque bajo el nombre de “lucha de clases”. Así se trató de ganar el significado y consecuencias de las batallas de 1848 para el naciente socialismo: se le ubica en una historia filosófica que interpreta el pasado, explica el presente y prevé el futuro. Pero no eran ellos los únicos visionarios. Schmitt encuentra el sentido del “Discurso de la dictadura” de Donoso en la manera como determina el futuro. Para el diplomático español los hechos de 1848, la entronización del ser humano como medida de todas las cosas, es el camino a la masacre. Mucho antes del celebrado Cioran afirmó la proclividad al fanatismo de los seres humanos. Contrario al rumano, porque era un político serio no un charlatán, propuso una salvación: abrazar la Iglesia Católica. Concluye Schmitt: “Pocos años después de 1848, Donoso Cortés estaba olvidado en Europa y su nombre había pasado a engrosar la lista de los solitarios, ignorados y silenciados del siglo XIX”. ¿A qué viene todo esto? El 10 de enero de 1977 un grupo de personas, custodiado por la policía, tomó la rectoría de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Desde el punto de vista de los perpetradores, ese acto era un intento de rescatar la universidad. Así lo escribió el Dr. Rubén Acevedo: “Con el decidido apoyo de los padres de familia que tenían o no alumnos en la UAZ, maestros, alumnos de secundaria y carreras profesionales, el apoyo manifestado por la sociedad civil de Zacatecas y de varios municipios, se integró el conjunto de la lucha por el rescate de la UAZ” (“Mi libro”, p. 211 edición privada, 2010.). ¿De qué debía ser rescatada? Del deterioro del nivel académico, la pérdida del patrimonio universitario, el mal uso del subsidio público, de “simulados demagogos”. Que lo diga el Dr. Acevedo: “Ya no exigían puntualidad para las clases, ni lista de asistencia, se eliminaron los libros de texto y se reemplazo a la mayoría de los maestros; se cambió la metodología de la enseñanza. La nueva forma era la investigación de algún tema que el maestro asignara. El nuevo plan declinó la preparación y el nivel académico de los alumnos…”, “…se perdió gran parte del instrumental y aparatos de los salones de física y química…, En general los museos sufrieron la pérdida en todas sus colecciones” (“Mi libro” p. 185-186.). Todo lo dicho tiene un origen: las reformas académicas de 1971. Unas que, según comenta el autor citado, fueron implementadas en muy pocas escuelas, entre ellas, la Escuela de Economía y la Preparatoria. Como se aprecia, hay un diagnóstico del presente: por causa de factores determinados, se están deteriorando la situación educativa y la universidad. De no hacerse algo la situación puede tornarse irreversible, he ahí la visión del futuro. Por eso lanzan una acción: la toma de la rectoría. Desde ahí se podría establecer una negociación en la que varios, o todos, los elementos que promueven el desorden pueden ser anulados. De ese modo se retornaría al placido edén del pasado. Por supuesto, el pasado no es calibrado de la misma manera por todos. Abel García Guízar los dice así: “Me atrevo a decir que la victoria hipotética de la llamada Alianza Universitaria hubiera permitido construir a partir de entonces una maquinaría de corazón fascista-nopalero con su cauda de represión y desapariciones selectivas” (“1977: autonomía y sociedad en Zacatecas” Abel García Guízar (editor) Taberna Lubraria/UAZ, (2011), p. 35). De una reforma a los planes de estudio se deriva una visión de la sociedad zacatecana de la mano de la vieja doctrina marxista, lo que a su vez suscita la acción de apoyar a los sectores sociales. Guízar sostiene que la reforma de 1971 tuvo como doctrina intelectual el marxismo que Sergio Corichi, Noé Beltrán y Jesús Pérez Cuevas enseñaban en la Escuela de economía, y opone esto a la vetusta doctrina positivista heredada del Instituto de Ciencias de Zacatecas. En tanto que aquellos agrupados en Alianza Universitaria asumían que: “Gritan sus gastadas frases marxistas que ni ellos mismos entienden” y exigían “Que termine el envenenamiento de las mentes de los alumnos para que su estudio se abra a una probada investigación científica”. ¿Quién ganó? Nadie, el conflicto continúa, como lo demuestra la publicación del libro de Guízar en 2011 como respuesta al libro de Rubén Acevedo, al que califica de “desigual, contradictorio y editorialmente descuidado manojo de alegatos”. Ahora, sin embargo, es un conflicto por el sentido de los hechos. Alianza Universitaria fue derrotada porque, como dijo Raymundo Cárdenas, fueron “incapaces de entender que había iniciado la transición política en México”.

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