Desde su origen, un sistema de jubilaciones consiste en una serie de variables que evolucionan en el tiempo de acuerdo a leyes. Por un lado, se tiene la variable de “número de personas jubiladas cada año”, que se puede escribir n(t), lo que se lee “al año t hay n(t) jubilados”, y esta cifra comienza a elevarse a partir de la fecha en que se jubilan los primeros.
Tienen una jubilación cuyo monto es j(t), medida en pesos mexicanos, y que crece cada año de acuerdo a la fórmula del interés compuesto con capitalización anual de 4% aproximadamente. Entonces, por año, lo que cuestan las jubilaciones es: c(t) = n(t) j(t), porque si el monto de la jubilación es j(t) y hay n(t) jubilados, entonces el costo es la multiplicación de estos números.
El costo total por todos los años que dura el gasto es la suma de esto desde t = 0 hasta el año en que fallezca el último. Sea esta suma C(t) o “costo total de las jubilaciones al año t”. Dado que no hay fuentes de financiamiento, es una deuda creciente en el tiempo hasta el punto del declive de la vida de los derechohabientes.
Este, como mencionó el rector, Dr. Ángel Román Gutiérrez en su informe anual (el sábado 5 de septiembre de 2026), es un problema que debe ser atendido. Si se tiene un proceso creciente, se deben diseñar los medios para aminorar ese crecimiento. La idea contenida en el Contrato Colectivo de Trabajo UAZ-SPAUAZ es la creación de un fideicomiso, pero sin especificar en qué cantidades y durante cuánto tiempo se va a cotizar para formar ese instrumento.
Es claro que, si es una cantidad fija, digamos f, se agotará en un tiempo finito, pero si crece con el tiempo, porque hay aportaciones que lo hagan crecer, es natural que dure más. Si hay aportaciones, entonces el monto anual del fideicomiso es f(t) y debe funcionar para, cada año, pagar las jubilaciones.
Si se quiere que no haya deuda, entonces, por año, al fideicomiso se le quita una fracción k del total, de modo que kF(t), donde F(t) es el acumulado del fideicomiso hasta el año t, que es la suma de f(t) por todos los años hasta t, sea tal que kF(t) = c(t).
¿Es esto posible para todos los años? Con toda certeza no, pues es un hecho que, para retirarse con un 100 % de salario y prestaciones, la cotización debía llegar a ser un 85% del salario anual de cada persona con derecho a la jubilación. De modo que eso ya no tiene remedio. Lo que sí tiene solución es aminorar el costo, a través de la propuesta de un mecanismo que disminuya los costos anuales, para darle un respiro a las finanzas universitarias.
Una regla que se puede proponer para hacer crecer el fideicomiso se tiene ya a la mano. Por un lado, están los ahorros de los jubilados en la mal llamada Fundación, cuyo monto es A. Por supuesto, esto no duraría mucho, pues, supongamos, si A es 700 millones y el crecimiento del adeudo es a partir de 300 millones con crecimiento al 4 % anual, no duraría más de dos años. Pero como los jubilados siguen ahorrando y la rectoría iguala ese ahorro, se tiene una fracción, b, del coste total de jubilaciones por año, es decir, un valor bc(t). Este b es 2% o 0.02. Por ende, se tiene f(t) = A + bc(t) como regla de crecimiento del fideicomiso.
Así puede durar más, y si se varían los parámetros, se puede lograr un óptimo. Es aquí donde la política se entremezcla con la cuestión financiera. No es posible parar en seco el crecimiento de la deuda, pero sí encontrar un estado en el que los jubilados no pierdan tanto y la universidad deje de perder siempre.
Una propuesta que ya se hizo es reducir el monto del crecimiento anual a 2%; otra propuesta que circula por ahí sin autor es retirar la prima de jubilación, lo que equivale a reducir la base del crecimiento del adeudo en casi un 50%. Esa parece una medida muy agresiva y políticamente inviable. Pero no solo basta detener un poco el crecimiento del adeudo; hay que formar el fideicomiso. Para eso están los ahorros en la mal llamada fundación. Sea cual sea su monto, la propuesta es gestionar ante el Gobierno federal que doble ese valor, y que si ya se aporta un 2% que se doble a 4% y que los gobiernos federal y estatal lo eleven a 8 %. Y con esto que se pague la mitad de los adeudos anuales.
Como se ve, es una cuestión de política y gestión ante las instancias federales. Por supuesto, también se pueden reducir los montos de gasto en otros rubros y meter la mitad al fideicomiso. Si esto funciona, la administración de los dineros no debe quedar en quienes gastan sin consultar y tienen debilidad por hacer campañas con dinero ajeno. La solución es posible y hay propuestas. Se debe debatir sin satanizar.



