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domingo, 28 noviembre, 2021

¿Qué vas a hacer ahora universitario?

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Por: Jorge Adán Hernández •

En esta ocasión no pasó en Estados Unidos, no fue en la secundaria de Columbine, no fue en Minnesota; no fue el asesino de Lancaster; tampoco fue un grupo terrorista, ni sucedió en un país en guerra. El lamentable suceso al que me refiero, pasó en la Unidad Académica de Derecho, de la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas, que se ubica en la Ciudad de Zacatecas; esa misma ciudad que hace unos días era nombrada como mejor ciudad colonial; esa misma ciudad que es destino preferido de bodas por su bella catedral. Una vez más, nuestro Zacatecas se tiñe de sangre, como todos los días y a cualquier hora; pasa rápidamente de ser la mejor ciudad colonial, a la ciudad colonial más violenta; su catedral, su cantera y su plata, se cubren de sangre de nueva cuenta, como si fuese ya casi una maldición para los zacatecanos y zacatecanas; ahora, de la sangre de la estudiante que el día de ayer fue asesinada a plena luz del día, dentro de su propia Universidad, justo al lado de sus compañeros, cerca de su salón de clases y a unos metros del propio Fiscal del Estado de Zacatecas.

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Pareciera un hecho extraordinario, como si fuera de una película sobre terrorismo; este tipo de acontecimientos, los zacatecanos solo los habíamos conocido por medio de las noticias de la televisión, estoy seguro que muchos veíamos distantes a una realidad local, las alarmantes matanzas estudiantiles del vecino país del norte. Pues ahora, Zacatecas lo ha vivido en carne propia. Es inconcebible pensar, que un sicario, haya entrado a la Unidad Académica de Derecho de la BUAZ, a ejecutar a una estudiante de 22 años. El pánico, la impotencia, el miedo y la incertidumbre están apoderados no solo de los estudiantes de Derecho, sino de toda la comunidad universitaria y toda la sociedad zacatecana. Lo lamentable, es que en esta ocasión, lo único que cambió, fue que el cobarde hecho se registró dentro de la institución educativa, pero si usted se pone a pensar, concluirá que eso, es el pan de todos los días en Zacatecas y en muchas partes del país.

Ya no se puede ni siquiera estudiar y sentirse tranquilo y seguro dentro de las aulas. Antes, solo ciertos barrios o zonas eran peligrosos, ya sabía la ciudadanía a donde ir y a donde no ir, se podían tomar ciertas precauciones; después, todas las calles se convirtieron inseguras, ya no había distinción entre una zona u otra, podíamos ser víctimas de la delincuencia en cualquier calle y a todas horas; y ahora, lamentablemente hasta en las universidades te pueden quitar la vida, no importa si la debes o no la debes, no importa si se está involucrado en algo turbio o no, cualquiera puede ser blanco de la violencia que nos azota con fuerza desde hace ya varios años en Zacatecas. No hay garantía de seguridad en ningún lado. La delincuencia superó por mucho a las fuerzas de seguridad. El sistema de impartición de justicia, pareciera obsoleto y lento ante los ojos de la impotente ciudadanía. Los gobernantes, de igual forma parecieren inútiles ante las exigencias de la población de terminar con la violencia.

Ante este hecho violento, habrá quien politice el asunto, y diga que es culpa del Gobierno Federal, habrá quien culpe únicamente al gobernador Tello; esté hecho tan lamentable puede ser bandera de los movimientos feministas; habrá quien culpe a las autoridades educativas, habrá insensibles incluso, que se atrevan a mencionar el típico “seguro estaba involucrada”. Por supuesto considero que se deben buscar responsables; claro que se le debe exigir con determinación a las autoridades de todos los niveles; claro que deben dejar sus puestos quienes sean incompetentes; pero aparte de todo eso, antes de utilizar el tan lamentable hecho como bandera de alguna causa o movimiento, debemos entender que es una problemática que nos hace daño a todas y todos, por lo que debemos exigir justicia todos juntos. Considero también que debe haber una reflexión como sociedad, como universitarios, como ciudadanos. Debemos preguntarnos ¿Qué hicimos como individuos para tener la sociedad que tenemos? ¿Qué debemos cambiar? ¿Cómo podemos ayudar?

Ante tan lamentable suceso, será importante la actitud que tome la comunidad universitaria; las y los jóvenes hemos sido en muchas ocasiones quienes marcamos la diferencia, quienes iniciamos y motivamos los cambios, quienes impulsamos las transformaciones. No nos podemos quedar con los brazos cruzados, siendo simples espectadores de cómo se va resolviendo el asunto. Te parece justo universitario, ¿llegar al día siguiente a clases como si nada pasara? Si hubieras sido tú, una hermana o hermano, un hijo ¿aceptarías el silencio y la indiferencia de tus compañeros? Considero que es momento de demostrar unidad, compañerismo, solidaridad y sobre todo fuerza, esa fuerza característica de la juventud. Entonces les preguntaría a ustedes universitarios ¿Qué van a hacer ahora? ¿Qué vamos a hacer? ¿Cuándo? ¿Dónde? Muchos estamos dispuestos cambiar la realidad. ■

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