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domingo, 4 diciembre, 2022
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Al futbol hay que pensarlo como una caja de resonancia de la sociedad misma: historiador

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Por: ALEJANDRO ORTEGA NERI •

Al futbol hay que pensarlo como una caja de resonancia de la sociedad misma, pues muchas dinámicas sociales se manifiestan ahí: desde algunas muy nobles como el compañerismo, la sana competencia, la lealtad e identidad, hasta las más extremas que, de no contenerse, se convierten en expresiones tremendas como la xenofobia, racismo y el nacionalismo mal entendido que, mientras los encargados de instrumentar mecanismos de contención no los lleven a cabo y se privilegie el negocio sobre los valores deportivos, se continuarán viendo episodios lamentables como los del partido entre Atlas y Querétaro.

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Así lo consideró en entrevista para La Jornada Zacatecas, el historiador zacatecano y estudioso de los rasgos socioculturales del futbol, Veremundo Carrillo-Reveles, quien enfatizó además, que la violencia simbólica y real asociada al futbol, es “tristemente” una constante en la práctica tanto profesional como amateur del deporte más popular del mundo, y que no es algo exclusivo de México ni de este momento, porque de igual forma, el pasado fin de semana hubo incidentes violentos en el balompié de Brasil y Uruguay, donde hubo un muerto y amenazas de muerte a árbitros, respectivamente.

A decir de Carrillo-Reveles, autor del ensayo académico «Futbol y clases medias en México: en busca del aficionado ideal», tampoco se debe recalcar que la violencia en el futbol es un fenómeno latinoamericano, ya que no hay que olvidar otros acontecimientos como los acaecidos en Egipto en 2012, que cobraron la vida de más de 70 personas; el terror que generaban los Hooligans ingleses en todo el mundo, o la “tenebrosa” presencia de los ultras neonazis en ligas como la alemana.

Evidentemente, señaló el investigador, en México hay condiciones que particularizan las expresiones violentas simbólicas y reales, pero la violencia, reiteró, es un fantasma que asola permanentemente las canchas de futbol, desde esas profesionales de “céspedes inmaculados con jugadores que ganan millones de dólares”, hasta las amateur, las de futbol llanero, donde también se presenta o está ahí latente dicho fantasma.

“En ese sentido, yo creo que hay que ir más allá para entender este fenómeno, y si bien hay condiciones particulares que lo exacerban, no es un fenómeno único e inédito. En ese sentido, episodios como el del Atlas-Querétaro que a todos nos duelen y que son lamentables, aberrantes y condenables en todo sentido, la violencia no se puede tampoco considerar reciente, ni focalizado exclusivamente a las llamadas barras. México se enfrenta al espejo de su propia historia, que es una que si bien ha tenido episodios luminosos, en tanto que pondera valores cívicos y morales importantes para la sociedad, que están asociados al deporte como la lealtad, el compañerismo, la pasión, la entrega, también ha estado salpicada por el machismo, la xenofobia, el racismo y la homofobia: los cuatro jinetes del apocalipsis del futbol mexicano”.

La época dorada del futbol para México, de “cordialidad y cero violencia”, según el investigador del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), es “un mito absoluto”, porque en sus orígenes hubo episodios sumamente violentos como la quema del Parque Asturias en los años 30 en la Ciudad de México, que los investigadores han asociado a una expresión de xenofobia. Pero también hay otros mucho más recientes, como la violencia que padecen las jugadoras del futbol profesional al recibir salarios injustos, en una plena manifestación de discriminación laboral hacia ellas; y expresiones racistas u homofóbicas que se presentan en los estadios. “Entre la violencia simbólica y la real sólo hay un pequeño paso”, recalcó.

Carrillo-Reveles consideró también que no se puede minimizar el problema sólo enfocándolo a las barras, a las cuales se les achaca que es un fenómeno importado, para tratar de canalizar o trasladar la culpa hacia el exterior y hacia otros. Lo de las barras, precisó, sí es una manifestación muy clara de grupos violentos, pero el hecho de que en un estadio de futbol de 100 mil personas se lance un grito homofóbico cada que el portero rival despeja el balón también es un acto claro de violencia, así como los cantos racistas hacia jugadores con un color de piel distinto.

Por ello, reiteró, hay que pensar el futbol como una “caja de resonancia” de la sociedad, por lo que es importante que existan mecanismos de contención que eviten que la violencia se desborde, pues lo que ha pasado en México y en otras partes del mundo seguirá pasando mientras los responsables de instrumentar dichos mecanismos no los lleven a cabo, y por el contrario, se privilegie el negocio sobre los valores deportivos. De ser así, advirtió el coordinador de las jornadas «Hacia una nueva historia del fútbol en México», continuarán los episodios lamentables de violencia.

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